Cultura Impopular

El blog de Espop Ediciones

Domingo 19 de abril de 2009

Paisajes de la mente

«Todo se está volviendo ciencia ficción. De los márgenes de una literatura casi invisible ha surgido la realidad intacta del siglo XX». J. G. Ballard

Esta mañana ha fallecido el escritor británico J. G. Ballard, una noticia no por esperada menos lamentable. Ya en su último libro, las memorias Milagros de vida, publicado el año pasado, el autor poco menos que se despedía de sus lectores con las siguientes palabras:

En junio de 2006, tras un año de molestias y dolores que yo había atribuido a la artritis, un especialista me confirmó que sufría de cáncer de próstata avanzado que se había extendido por mi columna y costillas. Curiosamente, la única parte de mi anatomía que no parecía afectada era mi próstata, un rasgo común de la enfermedad. Pero una imagen por resonancia magnética, desagradable procedimiento consistente en yacer en una especie de ataúd electrónico, despejó todas las dudas. Tras haberse originado en mi próstata, el cáncer había invadido mis huesos.
Me puse bajo los cuidados del profesor Jonathan Waxman, del departamento de cáncer del Hammersmith Hospital en Londres. El profesor Waxman es uno de los principales especialistas en cáncer de próstata de este país y me rescató en un momento en el que me sentía agotado por los dolores intermitentes y el temor a la muerte que oscurecía cualquier otro pensamiento en mi cabeza. Fue Jonathan quien me convenció de que en un par de semanas a partir del tratamiento inicial el dolor me abandonaría y empezaría a estar más cerca de sentirme como de costumbre. Esto demostró ser cierto y durante el pasado año, excepto por una o dos recaídas menores, me he sentido notablemente bien, he sido capaz de trabajar y he podido disfrutar de mis visitas a restaurantes y de la compañía de mis amigos y familia.
Jonathan siempre ha sido completamente franco conmigo y no deja que me haga ilusiones acerca del inevitable desenlace. Pero me ha animado a llevar una vida todo lo normal que pueda, y me alentó cuando le dije, a primeros de 2007, que me gustaría escribir mi autobiografía. Ha sido gracias a Jonathan Waxman que encontré la voluntad para escribir este libro
Jonathan es muy inteligente, considerado y siempre amable, y tiene la rara habilidad de ver el tratamiento médico desde el punto de vista del paciente. Me siento muy agradecido de poder pasar mis últimos días bajo el cuidado de este médico sabio, decidido y amable.
Shepperton, septiembre de 2007

Dos portadas que me encantan, diseñadas por Henry Sene Yee para la reedición
norteamericana de Super Cannes y La isla de cemento.

Semejante cierre no daba cancha para muchas esperanzas, pero aun así algunos seguíamos confiando egoístamente en que, quizá, Ballard sacara fuerzas de flaqueza para darnos una última novela, una última alegría. Lógicamente, tenía cosas más importantes que atender, y ese remoto capricho de lector antojadizo deberá quedar ya para siempre insatisfecho. Ahí quedan, en cualquier caso, novelas de referencia como El mundo sumergido, Rascacielos, La isla de cemento, Crash, Noches de cocaína, El imperio del sol o la todavía inédita en España Kingdom Come Bienvenidos a Metro-Centre, su última obra de ficción, publicada en Gran Bretaña en septiembre de 2006, punzante y visionaria como las otras en su sangrante radiografía de una realidad dislocada en la que, espeluznados, nos podemos reconocer sin apenas disfraces. Y es que, como afirmaba el propio Ballard, «Teniendo en cuenta que nuestra realidad externa es una ficción, el papel del escritor es casi superfluo. No tiene necesidad de inventar la ficción porque ésta ya está aquí».
De hecho, a pesar de que se le suele clasificar como un autor de ciencia ficción, él solía resistirse a dicha categorización. Como explicaba en esta excelente entrevista de hace dos años, «Yo no considero que novelas como Crash, Rascacielos o La isla de cemento sean de ciencia ficción. Y creo que mucha gente sólo las describe como ciencia ficción porque de ese modo pueden neutralizar la incómoda sensación que desprenden. Ciertamente no forman parte del Realismo que domina la ficción moderna; en realidad sólo he escrito una novela “realista”: El Imperio del sol. No, creo que pertenecen más bien a otra tradición literaria, una que se remonta a Sade y que fue continuada por autores como Genet o Celine. Los chicos malos de la literatura, si quieres. Una tradición extraordinariamente poderosa que maneja las verdades que la gente no quiere oír. Yo siempre me he visto como una especie de moralista, de pie junto a la carretera con un cartel en el que se puede leer: ¡Cuidado, curvas peligrosas, conduzcan con cuidado!».

Otras dos brillantes portadas de Henry Sene Yee, en este caso las de
La bondad de las mujeres y El día de la creación.

Sobre el origen de su inconfundible y particularísimo estilo, añadía: «Si me preguntas quiénes fueron realmente mis influencias, debo decir que no fueron tanto ningún escritor como pintores como Max Ernst, Salvador Dalí, Giorgio di Chirico, René Magritte. Los surrealistas. Quería crear con palabras lo que ellos creaban sobre sus lienzos. Esos paisajes oníricos, esa manera fascinante de plasmar artísticamente estados psicológicos. De adolescente, viví la situación más surrealista que puede vivirse en este planeta: la guerra. Sales a la calle y la mitad de las casas están en ruinas. La guerra está llena de sorpresas surrealistas, de imágenes surrealistas. En aquel entonces me resultó evidente que algo en la cultura humana estaba dando un giro espantosamente retorcido. Y como artista, como escritor, quería comprenderlo. Me interesa mucho la patología social, lo que realmente nos impulsa en nuestras vidas cotidianas. En mis novelas describo paisajes mentales, como los pintados por los surrealistas en sus cuadros».

A través de esos paisajes mentales, Ballard retrató como pocos autores las psicopatologías del hombre moderno y la quebradiza naturaleza de los esquemas sociales que a menudo damos por estables y seguros. Nacido en Shanghai e internado en un campo de concentración japonés durante la Segunda Guerra Mundial, Ballard llegó desde muy temprana edad a la conclusión de que «lo que consideramos la realidad convencional, esta tranquila calle suburbana en la que vivo ahora, por ejemplo, no es más que un escenario que puede ser barrido en cualquier momento». En su gran mayoría, su obra representa una exploración sin igual en la literatura contemporánea de esa naturaleza caótica: la sociedad de consumo, las autopistas gigantescas e interminables, los complejos vacacionales y urbanísticos aislados en sí mismos, los espacios de tránsito permanente como los aeropuertos y los hoteles, los centros comerciales como aglutinantes de una masa embrutecida por el aburrimiento, todo lo que, en fin, caracteriza la vida moderna en Occidente, aparece retratado, tipificado y diseccionado en obras escritas hace diez, veinte, treinta años.

J. G. Ballard se nos ha marchado hoy, justo en un momento en el que sus novelas son más relevantes que nunca. Aquellos a los que ha dejado atrás seguiremos viviendo en su mundo. ¿Cómo no hacerlo? Basta salir a la calle para encontrarse de bruces con él.

Tres páginas web sobre J. G. Ballard que merece la pena visitar:

Libros , 3 comentarios

Viernes 17 de abril de 2009

Lo mejor del libro es la foto

Siempre hace ilusión que alguien te diga que le ha gustado el libro que has editado, porque, leches, para eso lo haces (entre otras cosas). Pero si que te lo digan hace ilusión, más ilusión hace aún que lo dibujen. Y eso es lo que ha hecho esta mañana Manel Fontdevila en su blog del diario Público:

¿Qué más puedo decir aparte de “Muchas gracias, Manel”? Si acaso, que la foto a la que se refiere es a ésta y que, efectivamente, es lo mejor del libro. Y bueno, ya que estoy, después de la alegría que me ha dado Manel, aprovecho para enlazar un par de artículos más que han ido apareciendo en la web sobre los libros de Es Pop:

Una reseña de El otro Hollywood que hicieron en febrero en Banda Deseñada y que se me pasó enlazar la última vez.
Una reseña de Los trapos sucios en Llegir en cas d’incendi.
Otra reseña de Los trapos sucios en Metal Trip.
Y por último una entrevista que me ha hecho Javier Patón para Metronome en la que tampoco es que diga nada demasiado nuevo, porque me repito más que el ajo, pero que ahí está.

En la prensa , Sin comentarios

Miércoles 15 de abril de 2009

Mis rincones oscuros

«Esto es lo que es el cine negro para mí: un movimiento fílmico genéricamente norteamericano que va de 1945 a 1958 y que expuso un gran tema. Y ese tema es: estás bien jodido» James Ellroy

Comentaba Stephen King en la introducción a su libro de relatos El umbral de la noche que todos nacemos equipados con una especie de filtro o cedazo en el cerebro que atrapa según qué cosas y deja escapar otras, dependiendo de la persona. «Es posible que Louis L’Amour, el autor de novelas del oeste, y yo, nos detengamos a orillas de una laguna de Colorado», decía, «y que ambos concibamos una idea en el mismo instante. Es posible también que los dos sintamos la necesidad apremiante de sentamos a verterla en palabras. Quizá el tema de su relato serán los derechos de riego en época de sequía, y es más probable que el mío se ocupe de algo espantoso y desorbitado que emerge de las aguas mansas para llevarse ovejas… y caballos… y finalmente seres humanos. La “obsesión” de Louis L’Amour gira alrededor de la historia del oeste americano. Yo prefiero lo que se arrastra a la luz de las estrellas. Él escribe novelas del Oeste; yo escribo relatos de terror».
Me parece una manera bastante apropiada de describir la manera en la que tendemos hacia ciertos intereses a la vez que descartamos otros. En mi caso, y centrándonos en el consumo de cultura popular, los dos géneros que siempre me han atraído por encima de cualquier otro, aquellos que invariablemente han quedado atascados en mi cedazo, han sido el negro y el de terror. Nunca he terminado de tener muy claro por qué. A estas alturas ignoro hasta qué punto puede haber influido mi querencia por dichos géneros en mi visión del mundo y hasta qué punto ha sido mi visión del mundo la que me ha atraído hacia dichos géneros. Pero de una cosa estoy convencido: ambas cosas se solapan. Y aunque es posible que nunca llegue a tener claro qué mecanismos mentales provocaron que a los seis años me fascinara mucho más La mujer y el monstruo que La Guerra de las Galaxias o que a los diez me lo pasara pipa con Gremlins mientras me aburría soberanamente con Los Goonies, a día de hoy sí que tengo bastante claro por qué esos intereses primigenios siguen cautivándome cinco lustros más tarde.

Robert Mitchum en Retorno al Pasado. Foto: Doctor Macro.

Decía hace unos días que, para mí, toda obra de ficción tiene básicamente dos niveles: el puro relato (la trama) y el peso simbólico (voluntario o involuntario; tanto da que Godzilla fuera un símbolo premeditado o accidental del horror atómico, el caso es que lo era y tal era la función que desempeñaba para el inconsciente colectivo). En el caso del terror y del noir, no resulta difícil detectar varias corrientes metafóricas comunes a ambos géneros: desconfianza hacia la autoridad, creencia en la generalización de la corrupción y en la inevitable aparición de fuerzas ocultas que van a turbar tu existencia (quítese el monstruo de turno o el maletín atómico de El beso mortal y póngase en su lugar una enfermedad o una carta inesperada de Hacienda para entender mejor a lo que me refiero), presencia constante de una corriente turbia y malsana por debajo de una superficie de aparente “normalidad” y, en última instancia, triunfo ineludible del mal (la muerte). Un mal al cual es imposible vencer pero (y ésta es la parte más importante) contra el que no se renuncia a luchar a pesar de que la batalla esté perdida de antemano. Cualquier tipo de victoria en estos géneros suele ser tirando a pírrica: el alien siempre vuelve en una nueva secuela y el cocodrilo gigante siempre deja en las alcantarillas un huevo oculto que empezará a abrirse en el último fotograma (recordándonos que, vale, te salvaste esta vez, pero ya veremos qué pasa la próxima). De igual manera, el destino más habitual de Sterling Hayden y Robert Mitchum suele ser el de morir desangrados o empotrando el coche, pero su fatalismo y su aparente cinismo nunca es una excusa para dejar de luchar, más bien al contrario. Ese entendimiento del mundo como un lugar esencialmente corrupto que te depara un destino inevitable, acompañado de esa negativa a desfallecer a pesar de todo, es lo que, ahora sí, me conquista intelectualmente del mismo modo que antes lo hacía visceralmente (lo sigue haciendo, que conste; una cosa no quita la otra, sólo la complementa).

Izquierda: Sterling Hayden en La jungla de asfalto, 1916/17. Derecha: Veronica Lake
y Alan Ladd en El cuervo. Fotos: Doctor Macro.

Como en lo del terror como metáfora pienso seguir ahondando próximamente, el resto de esta entrada estará dedicada en exclusiva al género negro. Para ello, he recuperado una serie de declaraciones extraídas del documental Film Noir: Bringing Darkness To Light, de Gary Leva (responsable también de los excelentes extras incluidos en la última edición de las películas de Harry el Sucio). Dicho documental se grabó expresamente para acompañar en Estados Unidos el volumen 3 de la Film Noir Classic Collection, una serie de cajas en las que Warner ha ido recuperando algunas de las películas más emblemáticas del género. En España se han publicado algunas de ellas, pero no todas, y el documental permanece inédito (las tres primeras cajas de la edición americana, por si alguien tiene un reproductor multizona y está interesado, están subtituladas en castellano, incluido el documental; la cuarta y más reciente, por desgracia, no). Cabe añadir, como última consideración, que el género negro, al menos tal y como yo y otros lo consideramos, no es lo mismo que el policiaco (cuyos preceptos suelen ser mucho más sencillos y, sí, conservadores: el detective investiga, el policía detiene, el criminal paga y el status quo, la ley y la justicia, permanecen inalterables), aunque a veces ambos géneros se superpongan. Para aclararnos: Agatha Christie no es ni mucho menos género negro. Zodiac, por irnos al otro extremo del policiaco, tampoco. Ahora sí, sin más dilación, os dejo con estos extractos de Bringing Darkness to Light.

La diferencia entre las películas de gangsters de los treinta y primeros cuarenta —los clásicos de Jimmy Cagney— y el cine negro es realmente generacional. Si analizas las películas de los años treinta, verás que, por ejemplo, Edward G. Robinson en Hampa dorada no tomaba decisiones, no había ninguna gran cuestión moral en juego. Su dilema era o bien matar a aquel tipo para hacerse con el control del hampa o bien morir en el intento. Sé que mucha gente puede que no piense esto, pero el cine negro es mucho más sutil. En el cine negro hay que elegir. Y la clave está en que va a ser esa elección la que te conduzca a tu destino. Fue decisión tuya montar en el coche. Fuiste tú quien decidiste quedarte o no con Barbara Stanwyck y ayudarla a asesinar a su marido. Tu destino no está dictado de antemano tal y como lo estaba en las películas de gangsters de los treinta y primeros cuarenta. Tu destino está en tus manos y eres tú quien toma las decisiones. Eso es lo que lo hace negro.
Nicholas Pileggi, guionista de Casino y Uno de los nuestros.

La gente confunde los relatos criminales con el género negro, cuando la mayor diferencia que yo veo entre ambos es que la ficción criminal tiende a ser realista. Tiende a depender del aquí y el ahora y generalmente pretende sobrecogerte con lo cruda y realista que es. A mí las historias criminales suelen resultarme demasiado literales, a menudo bastante aburridas y por lo general feas de ver. El noir sin embargo es visualmente espléndido, es puro estilo, y lo que persigue es el realismo emocional. No es que te estés divorciando de la realidad, sino que más bien dices: “La realidad es mi arcilla”.
Frank Miller, autor de Sin City.

Cuando el cine negro aparece en el sentir popular, siempre lo hace asociado a una sociedad un poco más cínica, un poco más paranoica y suspicaz. Si ahora vuelve a tener relevancia bien podría ser porque la propia situación hace que la gente se abra más al cinismo y que quienes hacen las películas estén más interesados en explorar esa parte de sí mismos.
Brian Helgeland, guionista de Los Ángeles Confidencial y Payback.

John Dall y Peggy Cummins en El demonio de las armas.

El género negro tenía mucho que ver con cierta desazón arrastrada desde la época de la Depresión, ya que muchas de las historias estaban basadas en los trabajos de escritores que encontraron su mejor momento creativo durante la Gran Depresión: Hammet y James M. Cain y W. R. Burnett empezaron a escribir guiones para películas de crímenes. También Raymond Chandler y Cornell Woolrich. Y esto dio pie a toda una oleada de este tipo de películas. Yo la llamo “la marea negra” que inundó Hollywood en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Y daba buena muestra, creo yo, de la pérdide de la inocencia de Norteamérica. Los guionistas estaban decididos a pintar prácticamente un antimito. Si durante la Depresión Hollywood había estado vendiendo ideas como el “No te preocupes, ya saldremos de ésta” y el “Somos eternamente optimistas”, ahora que había pasado la Segunda Guerra Mundial y que habíamos visto lo mal que podían llegar a estar las cosas los guionistas pasaron a decir: “Eh, ¿sabes qué? Ya es hora de madurar, y eso del felices para siempre es en cierto modo una aberración”. Y así crearon lo que esencialmente era un antimito mediante estos dramas criminales que venían a decir que en realidad el mundo es un lugar desagradable, feo y oscuro. Y supongo que por fin el público norteamericano estaba listo para aceptarlo.
Eddie Muller, autor del ensayo Dark City, The Lost World of Film Noir.

Parafraseando a Alfred Hitchcock cuando decía que el melodrama era como la realidad pero prescindiendo de las partes aburridas, el cine negro somos nosotros: nuestra naturaleza más básica, sexual, ambiciosa, honorable y malvada. Pero culturalmente, en la cultura pop, siempre buscamos una metáfora. Del mismo modo que la amenaza soviética fue convertida en alienígenas y naves espaciales y platillos volantes, la frustración de los soldados que regresaban de la guerra pensando que habían creado una utopia para descubrir que seguía siendo el mismo mundo de mierda de siempre quedó traducida en todo este género en el que un mundo caótico debe ser reparado por estos hombres solitarios decididos a arreglar la situación.
Frank Miller

Acabas de conocer a una mujer con la que estás a punto de echar el mejor polvo de tu vida, pero a las seis semanas de conocerla te condenarán por un crimen que no has cometido y acabarás en la cámara de gas. Y mientras te atan y te dispones a respirar los vapores de ácido cianhídrico, te sentirás agraciado por las pocas semanas que tuviste junto a ella y agradecido por tu propia muerte. Son los grandes temas del cine negro: corrupción institucional, obsesión sexual y vidas sometidas a una gran tension psicológica. Coges esos tres elementos y, tío, ya puedes montarte una buena historia criminal.
James Ellroy, autor de La Dalia Negra y Los Ángeles Confidencial.

Glenn Ford y Gloria Grahame en Deseos humanos. Foto: Doctor Macro.

Durante la Segunda Guerra Mundia, el país se mostró muy reacio a entrar en la contienda, y eso mismo es lo que les pasa a la mayoría de los héroes del cine negro. Saben que se están enredando en algo malo, pero aun así tienen que hacerlo por un motivo u otro. Se ven impulsados a ello. Y una vez en el meollo, descubren que por mucho que pensaran que tenían controlada la situación, la realidad dista mucho de ser así. Y saben que todo va acabar mal, incluso aunque ganen.
Christopher McQuarry, guionista de Sospechosos habituales.

Lo que de verdad necesitas para que una película sea de cine negro es, en primer lugar, el personaje, y el personaje del cine negro es un personaje gris. Eso es lo divertido del cine negro, que tienes personajes imperfectos, a veces profundamente imperfectos, pero mientras tengan un código y se mantengan fieles a sí mismos, realmente pueden salirse con la suya con un comportamiento que en una película normal inmediatamente les identificarían como el villano.
Brian Helgeland

Chandler fue el que mejor lo definió cuando describió al héroe del cine negro como “un caballero de sucia armadura”. A lo largo de mi carrera yo he intentado redefinirlo como un caballero con la armadura cubierta de sangre reseca, pero sigue siendo un caballero, lo que pasa es que sencillamente no tiene aspecto de serlo y nunca es recompensado por sus actos. Es un personaje solitario que está ahí fuera y al que sencillamente hay cosas que le soliviantan.
Frank Miller

Sin City: Ese cobarde bastardo, de Frank Miller.

(Si te quieres gastar los cuartos) Cultura Impopular recomienda:
·  Film Noir Classic Collection, Vol. 1
·  Film Noir Classic Collection, Vol. 2
·  Film Noir Classic Collection, Vol. 3
·  Dark City: The Lost World of Film Noir
·  Crime Scenes: Movie Poster Art of the Film Noir : 1941-1959

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Martes 14 de abril de 2009

Muere Marilyn Chambers

Según informaba AP hace unas escasas horas, la actriz Marilyn Chambers ha fallecido a los 56 años de edad por causas hasta el momento desconocidas. Chambers fue en 1972 la protagonista de Tras la puerta verde, una de las primeras grandes producciones del cine porno (responsable, junto a Garganta profunda, de lanzar el fenómeno conocido como “porno chic”, que dio cierta legitimidad al género y lo sacó de los sórdidos cines para adultos de la época para convertirlo en un producto de consumo mucho más mayoritario).

Previamente, Chambers había sido modelo y actriz convencional (tuvo un pequeño papel en la comedia de Barbra Streisand El búho y la gatita) y accedió a participar en Tras la puerta verde porque pensaba que, teniendo en cuenta el clima de liberación sexual y los cambios sociales vividos a finales de los sesenta y primeros de los setenta, sería beneficioso para su carrera, pero no fue así:«Cuando pasó a presentar The Tonight Show, Sammy Davis Jr. quiso llevarme de invitada. Pero The Tonight Show no estaba preparado para mí. La pornografía tenía connotaciones negativas y ahora empezaba a ver las consecuencias. Yo había creído que iba a ser un trampolín hacia cosas más importantes y mejores. Pensé que me ganaría la atención del público y que luego me tomarían en serio como artista. En realidad quería ser como Ann-Margret. Pero eso nunca pasó. En vez de eso, me decían: “Básicamente, no eres más que una puta que ha follado en pantalla”. Me quedé hecha polvo, porque no era así como me veía a mí misma ni como veía las películas. Pero también era un punto de vista muy hipócrita, porque luego todo el mundo quería conocerme y hablar conmigo».
Durante el resto de su carrera, Marilyn Chambers seguiría combinando el cine porno (en películas como La resurrección de Eva, Insaciable y Up’n'Coming) con trabajos ocasionales al margen de la industria del sexo, de los cuales el más memorable sea posiblemente su intervención en Rabia, la película de David Cronenberg de 1977. En 1999, Chambers volvió a salir en las noticias gracias a su publicitado “regreso” al cine porno (en realidad nunca lo había dejado, aunque para el gran público hacía tiempo que había desaparecido del radar) con Todavía insaciable, película que rodó a los 47 años y que cuenta con la peculiaridad de estar escrita por Legs McNeil, autor de Por favor mátame y de El otro Hollywood.
Aquí os dejo precisamente un extracto en PDF de El otro Hollywood en el que Marilyn Chambers recuerda el rodaje de su película más famosa junto a otros compañeros de reparto y junto a los hermanos Mitchell (directores del film). Pincha aquí para leerlo.

Cine , , Un comentario

Lunes 13 de abril de 2009

Mad Mix Monday # 5: Tupac vs. Thom Yorke

Para empezar bien la semana, nada mejor que acercarse a lo familiar desde una nueva perspectiva. ¡Sacúdete las neuronas, porque los lunes nada es lo que parece!

No sé si lo de hoy es un mashup o una remezcla oficial del “Fuck All Y’all” de Tupac. Tal y como está presentado, parece más bien lo segundo, pero la estructura y el modo en el que está utilizado el tema “Black Swan” de Thom Yorke, no sólo como base sino como contrapunto, sugiere más bien lo primero. He estado buscando por ahí pero no he conseguido encontrar mucha más información. Lo único que sé es que, si después del puente, hoy te toca volver a trabajar, es muy probable que compartas el sentimiento expresado tanto por Tupac como por Thom.

Si te gusta, te lo puedes bajar de aquí:
“Fucked Up (Hurricane Mix featuring Thom Yorke)”.

Mad Mix MondayMúsica , , Sin comentarios

Viernes 10 de abril de 2009

Las picardías de don Gustavo

Estos últimos días me han coincidido en el tiempo varios encargos que me están manteniendo alejado del blog (y es que, por si alguien se lo preguntaba: no, lo de la editorial no da ni mucho menos para comer, sigo realizando bastantes trabajos por cuenta ajena; espero poder comentar alguno de ellos aquí en breve). En lo que voy despejando un poco la carpeta de pendientes, aquí os dejo una recomendación rapidita y más visual que otra cosa.

Hace un par de años, estando de vacaciones, encontré en la tienda de un museo (ahora mismo no recuerdo cuál) una colección de libritos publicada por la editorial alemana Prestel, dedicada a los dibujos eróticos de varios artistas. Hasta la fecha llevan publicados, que yo sepa, nueve de estos “Erotic Sketchbooks”, centrados en la obra de Schiele, Modigliani, Rodin, Degas, Matisse, Kokoschka, Rembrandt, Picasso y Klimt. Todos tienen 64 páginas, un diseño de lo más coqueto y un (breve) texto en inglés y alemán redactado por Norbert Wolf. Aún no los he visto a la venta en ninguna tienda en España, pero supongo que habrá más de una que los tenga, ya que sí he encontrado otros títulos de Prestel distribuidos por aquí. Lógicamente, no son ni por asomo los libros más completos del mundo, pero como curiosidad bien merece la pena echarles un vistazo. Los siguientes son seis ejemplos del buen hacer de Gustav Klimt, artista acusado en su día por los guardianes de la moralidad de, según Wolf, «ofender a la vista con “la insolencia artística más inicua que jamás se haya visto en Viena” y de dar rienda suelta a sus obsesiones sexuales bajo la guisa de arte». A mí, como me pasó con Joe Shuster, del cual me gustan más sus dibujos guarros que sus tebeos, me han servido para darme cuenta de que, en el caso de Klimt, me atrae más la directa simpleza de estos bocetos que sus ornamentados lienzos. ¿A vosotros qué os parece?

Sin título, 1912/13. Pincha para ver en grande.


Izquierda: Desnuda en pie con las manos en las caderas, 1916/17. Derecha: Desnuda en pie con el pelo largo y la pierna izquierda levantada, 1906/07. Pincha para ver en grande.

Izquierda: Sin título, 1912. Derecha: Sin título, 1912/13. Pincha para ver en grande.


Estudio para La novia, 1911/12. Pincha para ver en grande.

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Sábado 4 de abril de 2009

Bajo la piel

Con la excusa del inminente estreno de Terminator Salvation, los chicos de Wired se han montado un pequeño especial bastante simpático celebrando la vigencia del personaje creado por James Cameron hace 25 años. Me ha gustado particularmente el modo en el que dos individuos de diferentes generaciones, el propio Cameron y Josh Friedman, productor y guionista de la serie de televisión Terminator: The Sarah Connor Chronicles, explican sus razones para abordar el mismo proyecto desde planteamientos metafóricos relacionados entre sí, pero a la postre distintos.
Me interesa bastante el modo en el que la ficción moderna crea nuevos mitos y los motivos por los cuales unos arraigan en el inconsciente colectivo mejor que otros. Además de eso, creo que toda obra de ficción tiene básicamente dos niveles, como el propio Terminator. Está la epidermis, que es lo que se ve a simple vista, y luego está lo que se oculta por debajo: el exoesqueleto metálico en el caso del Terminator y el peso simbólico en el caso de las películas, tebeos y novelas. Un peso simbólico que está ahí para darles su razón de ser al margen de que se haya plantado consciente o inconscientemente. Sospecho que gran parte del éxito de filmes como Terminator reside precisamente en su capacidad para conectar con el público a través de una metáfora premeditada y perfectamente estudiada, pero oculta tras la narración de tal modo que los espectadores puedan reconocer su verdad de una manera inconsciente, no obstructiva. Por eso siempre me resulta interesante leer o escuchar declaraciones de artistas que afrontan sus procesos creativos asimilando que existen varios niveles de lectura e intentando aprovecharlos al máximo, y por eso también he traducido un par de párrafos de cada una de sus respectivas entrevistas. Seguid los links si os apetecee leer el resto.

James Cameron entrevistado por Steve Daly
Recuerdo haber sido consciente por primera vez de lo que es la geopolítica durante la crisis de los misiles cubanos. Cuando tenía siete u ocho años, encontré un panfleto de refugios atómicos sobre la mesa del salón en casa de mis padres, en Ontario, y recuerdo haber pensado: “¿De qué va esto?”. Tuve la sensación repentina de que mi protegida infancia no era más que una fachada. Algo oscuro y aterrador acechaba más allá. Desde entonces me siento fascinado por la propensión humana a bailar justo al borde del apocalipsis. Así que cuando escribí el primer tratamiento de Terminator, allá por 1982, lo que hice fue explotar aquellas sensaciones de mi infancia. También surgió de todas las películas y literatura de ciencia ficción con las que crecí, en su mayor parte advertencias sobre la ciencia, la tecnología, el ejército y el gobierno. Uno no podía escapar ni de aquellos temas ni del temor a un holocausto nuclear.

La belleza de las películas es que no tienen por qué ser lógicas. Sólo han de resultar plausibles. Si en pantalla acontece algo visceral y cinematográfico que enganche al público, les dará igual que parezca poco probable. Yo no creo que lo que pasa en Terminator pueda suceder en el mundo real, no creo que vayamos a ver una guerra genocida entre los hombres y las máquinas de aquí a un par de generaciones. Las historias funcionan más a un nivel simbólico y por eso la gente conecta con ellas. Hablan de nosotros mismos y de la lucha contra nuestra tendencia hacia la deshumanización. Cuando un policía no muestra compasión, cuando un psiquiatra no tiene empatía, han pasado a ser máquinas en forma humana. La tecnología está cambiando todo el tejido de la interacción social. Estamos absorbiendo nuestras máquinas de manera simbiótica, evolucionando hacia una unidad entre nosotros y nuestros aparatos, y eso va a continuar indefinidamente. Leer el resto.

Josh Friedman entrevistado por Alan Rogers
Cuando empecé a trabajar en Terminator: The Sarah Connor Chronicles, el estudio me dio una idea general: querían una serie centrada en John y Sarah Connor y ambientada en un momento en el tiempo posterior a Terminator 2. Mientras le daba vueltas al concepto, intentando encontrar un modo de abordarlo, me di cuenta de que lo que da sentido a Terminator son las relaciones. Necesitábamos una relación central que anclara la serie. La primera Terminator, en realidad, iba del romance entre Kyle y Sarah. La segunda película es la relación paternofilial entre John y el Terminator. De modo que se me ocurrió que mi serie, en el fondo, sería un drama familiar en torno a una madre cuyo hijo está entrando en la edad adulta. Pero si queríamos centrarlo en Sarah y John, necesitábamos también a una chica, porque eso es lo que normalmente suele acabar con las relaciones edípicas. Y decidí que la chica en cuestión debía ser un Terminator.

Antes de que pudiera sentarme a escribir el piloto, me diagnosticaron un cáncer de riñón. Tuvieron que operarme para extraerme el tumor, lo que significó no poder escribirlo para aquella temporada. Pasé un par de meses sin poder hacer nada, consumido por el dolor. Sufrí una crisis. Fui a una psiquiatra y le dije: “¿Pero qué estoy haciendo? ¿Escribir una puta serie sobre un robot cabrón? ¿A quién le importa eso?”. Pero cuando ella me hubo calmado, empecé a reflexionar y me di cuenta de que en realidad la serie hablaba de mi vida; de la mortalidad. La primera voz en off que escribí para la serie decir: “Voy a morir. Voy a morir y tú también vas morir. La muerte no deja escapar a nadie”. Y eso son los Terminators, son la muerte que viene a buscarnos. Para mí, la serie habla de lo que haces con tu vida frente a la presencia de la muerte. O sea, vamos a ver, es una serie de género. Es Terminator, tiene un rollo pulp y habrá incluso quien piense que su momento ya ha pasado. Pero cualquiera puede encontrarse a sí mismo en esta serie. Yo lo hice. Leer el resto.

CineEntrevistas , Un comentario

Lucy can’t dance to the noise, but she knows what the noise can do.
“Lucy Can’t Dance”. David Bowie
Popsy