En poco menos de un mes saldrá a la venta el tercer título de la colección Es Pop Narrativa, editado al alimón entre Valdemar y Es Pop Ediciones. Se trata de Capturado, del británico Neil Cross. Neil es, además de guionista de televisión (Spooks, Luther), un novelista excepcionalmente dotado para el thriller psicológico caracterizado por un estilo engañosamente simple, fruto de una gran depuración formal y capaz de transmitir el máximo con el mínimo. A mí me gusta decir que es como una Patricia Highsmith para el siglo XXI, porque comparte con la creadora de Ripley un aguzado interés por los dilemas morales, lo éticamente cuestionable y el horror nacido de situaciones en apariencia banales; un horror a pleno sol en vez de agazapado entre las sombras, podríamos decir. En el siguiente vídeo podréis ver al propio Neil comentando un poco por encima el argumento de Capturado y los orígenes de la novela.
Acero, de Todd Grimson, está considerada en el mundo anglosajón una de las mejores y más injustamente ignoradas novelas de vampiros jamás escritas; un clásico de culto que, al igual que su novela Brand New Cherry Flavor, sigue reapareciendo con regularidad en blogs y foros especializados cada vez que un lector consigue hacerse con un ejemplar y se queda arrebatado por su intensidad y su romanticismo crudo y sanguinolento. Teniendo en cuenta la asombrosa escasez de información que existe sobre Todd en Internet, decidí aprovechar el lanzamiento de nuestra edición en español de su novela para mantener con él la siguiente charla.
Han pasado trece años desde la primera publicación de Acero. ¿Cómo crees que destaca tu novela frente a esta nueva corriente de vampiros castos, adolescentes y asexuados que triunfa hoy en día?
No he seguido para nada toda esta última moda de narrativa vampírica, por lo que puede que en realidad sea mucho mejor de lo que parece a primera vista, aunque no es eso lo que me han contado. El caso es que, mientras la estaba escribiendo, estaba convencido de que Acero sería la novela que básicamente acabaría con el género, que sería la última y mejor novela de vampiros de la historia. Sé que era una pretensión absurda, pero no me importa parecer absurdo.
En Acero salen vampiros y en Brand New Cherry Flavor zombis. ¿Qué cosas te aportan como escritor estos iconos del horror?
Empecé intentando sistematizar una cosa que en ocasiones me parecía haber logrado en algunos de mis cuentos, que era ser capaz de transmitir una sensación como de estar soñando despierto, pero en una narración más larga. Quería desarrollar una idea que entrara de lleno en lo que entonces consideraba un “realismo cinematográfico”, un concepto evidentemente emparentado con el “realismo mágico”, que podríamos describir de manera básica como La vida + Efectos especiales. Teniendo en cuenta que la imaginación de los lectores modernos está completamente infectada por el lenguaje y el vocabulario del cine, y que mis propios sueños suelen ser muy vívidos y cinematográficos, todo esto parecía tener cierto sentido. Acero tuvo su origen en un sueño. A medida que iba escribiendo la novela, la visión original se vio reforzada por otros sueños marcados por las imágenes que en aquel momento me obsesionaban.
Diario de un cura rural, de Robert Bresson.
¿Había un intento deliberado por tu parte de redefinir el género con Acero o lo de los vampiros era sólo un buen modo de aportar un elemento de intensidad a lo que de otro modo podría haber sido una historia de amor bastante sencilla?
Quería escribir la última y definitiva novela de vampiros. Me leí todo lo que había en aquel momento y me tiré un mes rumiándolo. En Entrevista con el vampiro, Anne Rice tiene a tres vampiros que viven en Nueva Orleans a primeros del siglo XIX, cada uno de los cuales mata supuestamente a una persona cada noche. Eso son más de mil cadáveres al año en un momento en el que la población de aquella ciudad era mucho menor que la actual. ¿Y quieres decirme que nadie se da cuenta? Me pareció ridículo y, peor aún, nada interesante. ¿Cuánta sangre necesitarían consumir cada día? Yo había trabajado en una unidad de cuidados intensivos y estaba íntimamente familiarizado con la sangre y la muerte, por lo que empecé a pensar: ¿y si el vampiro evitara las reveladoras mordeduras en el cuello, poseyera un ligero poder hipnótico, no fuera igual de fuerte que un superhéroe y sólo extrajera la sangre justa para vivir? ¿Digamos la cantidad equivalente a un plato de sopa? La víctima sobreviviría la mayor parte de las veces. Comenté distintas posibilidades con un médico amigo mío. Existe una condición médica que requiere de frecuentes transfusiones de sangre, otra en la que el paciente puede padecer hipersensibilidad ante los rayos ultravioleta del sol. Se ha postulado que la acumulación de “agua pesada” en el cuerpo es lo que provoca el envejecimiento y finalmente la muerte. ¿Podría ser que una enfermedad tuviera un efecto secundario positivo, quizá relacionado con el bazo o con la glándula tiroides, que regulara el organismo? No es del todo imposible. Puede que no sea probable, pero al menos para lo que yo pretendía nos acercaba a un terreno de mayor realidad. En el libro apenas se hace referencia a ningún tipo de poderes sobrenaturales. Justine puede morir. Y si te muerde en el cuello, no mueres de inmediato. Ni siquiera el veneno de la serpiente de cascabel es tan rápido.
La pasión de Beatriz, de Bertrand Tavernier, con Julie Delpy.
Para tratarse de una novela corta, utilizas muchos personajes y situaciones, creando un mosaico de narrativas, algunas de las cuales, como el episodio ambientado en los años cincuenta o el rodaje de la película en 1969, parecen casi cuentos cortos. ¿Te resultó difícil manejar todos los elementos sin perder de vista la historia principal?
No quería que Justine tuviera 400 años de sabiduría acumulada, ya que de ese modo no habría mostrado vulnerabilidad alguna, habría resultado imposible que la niña que lleva dentro sobreviviera. Justine es, en algunos aspectos, una criatura frágil, lo cual a su vez la hace sexy. Sufre de amnesia parcial. Para ella el pasado es como un sueño. También me parecía importante que creyera en Dios. Si crees en Dios, experimentas con mucha más intensidad la angustia en el momento en el que te convences de que te has condenado. Las escenas de flashback nos muestran hasta cierto punto a una Justine diferente. Primero imité el lenguaje y la atmósfera de Poe. Para la escena de Los Ángeles en los años cincuenta, adopté esa realidad intensificada propia del James Ellroy de La dalia negra. El episodio de los años sesenta es el Pynchon de V y mis propios recuerdos de películas como The Trip, pero en plan cruel.
Tu estilo narrativo es muy directo, pero extrañamente poético.
Mi único objetivo era ser preciso. No creo que mi prosa suela tender a ser florida. No me gustan demasiado, por lo general, los autores que gustan de exhibirse. Ese tipo de prosa acaba interponiéndose entre el lector y la desnudez de lo que se le está mostrando.
¿Cómo de importante era para ti que Keith fuera músico, y por qué?
Yo mismo he tocado mucho. Tocaba el piano. Recitales de piano, de hecho. Y también estuve en un grupo. Hasta que me dañé los nervios de la mano izquierda. De modo que todo aquello surgió de mi propia experiencia. Las manos heridas de Keith… sabia cómo se sentía. Y por otra parte, normalmente suelo escribir con los auriculares puestos mientras escucho algo preferiblemente ruidoso y a todo volumen… Luego ni siquiera me acuerdo de qué era lo que estaba escuchando.
Lance Henriksen y Jennette Goldstein en Los viajeros de la noche.
Me da la impresión de que Acero podría leerse hoy en día casi como un tratado antropológico, ya que retrata a la perfección un momento y un lugar, Los Ángeles en los años 90. No sé si estarás de acuerdo con esa lectura, pero me gustaría saber qué era lo que observabas a tu alrededor en el momento de escribir la novela que te llevó a creer ese ambiente tan bien descrito.
Escribí Acero justo después de Brand New Cherry Flavor, que es más satírica, menos emocional. En cierto modo me pareció como si estuviera haciendo una continuación de esa novela. Algunos de mis amigos se engancharon a la heroína, así que supongo que eso debió influirme aunque sólo fuera porque era algo de lo que estaba rodeado. Recuerdo haber ido a comprar caballo en compañía de yonquis más experimentados. Tan pronto como decidí escribir la novela y ambientarla en ese tipo de entorno, los demás elementos, como el grupo de chavales góticos, empezaron a encajar por sí solos. Pero desde luego mi intención no era escribir un gran comentario sobre el momento. Lo único que me preguntaba continuamente, una y otra vez, era: “¿Estoy consiguiendo que tenga sentido?”. Y me preocupaba mucho llegar a entender de verdad a Justine, que no es una joven moderna. Para ello, me empapé de la novela de Georges Bernanos Diario de un cura rural y también de la adaptación al cine que de ella hizo Robert Bresson. También vi La pasión de Beatriz, de Bertrand Tavernier, más de cien veces. Los últimos dieciséis minutos de esa película retratan un ritual misterioso y perfecto que no dejó de conmoverme ni una sola vez, a menudo hasta el borde de las lágrimas. Y a continuación me ponía a escribir, justo después de ver el primer plano de su rostro, cuando está perdida y se da cuenta de que ha quedado condenada para siempre.
Si no me equivoco, llegaste a vender los derechos cinematográficos de Acero, pero al final nadie hizo nada con ellos. ¿Qué ha pasado con eso?
Lise Raven, que es una cineasta independiente, escribió un tratamiento e intentó ponerlo en marcha durante años, pero todos los grandes estudios no hacían más que decirle que ya tenían otra película de vampiros en marcha. Tanto Lise como mi agente, Lisa Callamaro, les decían: “¡Pero vamos a ver, si tenéis aquí todo los elementos posibles para hacer la película definitiva de vampiros!”. Pero hasta ahora no ha servido nada. Yo todavía tengo esperanzas de que algún día hagan la película, no sólo porque me parece que podría ser una buena película sino porque eso podría llevar a más gente a leer el libro. Sigourney Weaver y 20th Century Fox compraron los derechos de Brand New Cherry Flavor a cambio de bastante más dinero, pero en mi opinión sería una película más complicada de rodar. Acero sin embargo podría rodarse tal cual. Bastaría usar los diálogos del libro. No haría falta ni un solo plano de efectos digitales. Sólo un par de actores desconocidos y ser capaz de contar la historia de una manera sencilla y directa.
Pues ya que hablamos de cine, ¿cuáles son tus tres películas de vampiros favoritas? Los viajeros de la noche, Conde Yorga, vampiro y Drácula de Bram Stoker (la de Gary Oldman).
Todd Grimson’s Stainless, one of the best and more unjustly ignored vampire novels ever written, is something of a cult classic that still pops up regularly in blogs and message boards whenever a new reader gets ahold of a copy and gets blown away by its sheer intensity and its raw and bloody romanticism. I recently interviewed Todd à propos of the Spanish release of his novel; finding an interview with him it’s almost impossible even on the Web, so I thought I should post it here in English. Hope somebody enjoys it.
Left: English Cover. Right: Spanish Cover.
Oscar Palmer: It’s been thirteen years since Stainless was originally published. How do you perceive the changes experimented by American pop culture since then, and how do you think Stainless stands against this last wave of defanged and desexed vampires? Todd Grimson: I haven’t watched any of the new vampire fare. So maybe it’s better than I think. Though not from what I hear. I thought to myself at the time that Stainless basically ended the genre, that it was the last and the greatest vampire novel ever. It sounds absurd, but I don’t mind sounding absurd. OP: There’s vampires in Stainless and zombies in Brand New Cherry Flavor. What did using both of these pop horror icons allowed you as a writer? TG: I started out (BNCF was written first) trying to organize what I accomplished sometimes in my short fiction… trying to work the “waking dream” quality I thought I occasionally achieved… into the longer form. I developed the idea of what I then saw as “cinematic realism.” This has an obvious relation to “magical realism” – at its most basic, you might call it Life + Special Effects. Given that our modern imaginations have been so infected by the language and vocabulary of film, and that my own dreams are vivid and cinematic, this all seemed to make sense. Stainless originated in a dream; as I worked on the novel the original vision was reinforced by other dreams making use of the images obsessing me by then.
Robert Bresson’s Diary of a Country Priest.
OP: Were you deliberately attempting to redefine or deepen vampire lore, or was this just a mean to an end, a good way of giving an edge to what could have otherwise been a simple love story? TG: I wanted to write the Final, Ultimate Vampire Novel. I read all that was out there, brooded for a month. Anne Rice in Interview With a Vampire has three vampires living in early 19th century New Orleans, each supposedly killing one person each – every night. That’s over a thousand corpses a year when the population of that city was much less than today. And no one notices?! I thought this was ridiculous, and, worse than ridiculous, uninteresting. How much blood would one need per day? I have worked in a surgical intensive care unit, I was and am intimately familiar with blood and death. What if the vampire avoided the obvious bitemark on the throat, possessed some mild hypnotic power, was not as strong as a superhero, and only took enough blood to live? Say a bowl of soup’s worth? The bitten would most often survive. I discussed the possible issues with a physician I knew. There is a medical condition which requires frequent transfusions, another in which a patient may be hypersensitive to the ultraviolet light of the sun. It’s been postulated that the accumulation of “heavy water” in the body is what causes aging and eventual death, Maybe a disease might have a side-effect which is positive, perhaps something offbeat in the spleen or the thyroid reregulating the organism? It’s not completely impossible. It may not be likely, but for my purposes such hypotheses at least moved us closer to something real. There is minimal if any invocation of supernatural power in this book. Justine can be killed. And you do not instantaneously die when her teeth touch your neck. Rattlesnake venom is not even so fast as that. OP: You use quite a lot of characters and situations for such a short novel, creating almost a mosaic of narratives. Some of them, like the fifties episode with the police detective or the shooting of the vampire movie in 1969 almost seem like complete short stories. Was this hard to manage without losing sight of the main storyline? And was this fragmentation always part of your original plan or did it grow as you went along? TG: I didn’t want Justine to have 400 year old eyes. There’s no vulnerability in that, no capacity for some survival of the child within. Justine is fragile in some ways, and this also makes her more sexy. She suffers from some amnesia. The past is like a dream. It’s also important that she believes in God. When you believe in God you experience it much more acutely if you come to believe you are damned. The flashback scenes showed us to some extent a different Justine. I mimicked the language and mood of Poe, then for 1950s Los Angeles I used some heightened notion of the James Ellroy one finds in The Black Dahlia. The 1960s scene is the Pynchon of V. and my memories of such films as The Trip — gone cruel.
Bertrand Tavernier’s The Passion of Beatrice, starring Julie Delpy.
OP: Your writing in Stainless is very sparse but oddly poetic. Did you have to labour a lot to get this balance? TG: I only sought to be precise. I don’t think my prose tends in general to be “purple” – I’m not a big fan of the author showing off. That sort of prose comes between the reader and the nudity of what is being shown. OP: How important was to you that Keith should be a musician? And why? I love that he thinks a lot about sounds, and the way he wishes to play just one infinite note stroke me as very genuine. TG: I have played a lot of music myself. I played the piano. I once gave piano recitals, and also was in a band. Then I suffered nerve damage to my left hand. So this all came from experience. Keith’s injured hands… I felt I knew what that was like. And meanwhile, I usually write with headphones on, listening to something very loud…and then I have no memory of what it is I have heard. OP: It seems to me as if Stainless is now like a time capsule of the nineties, not because is dated in any way but because it encapsulates perfectly a time and a place. I don’t know whether you’ll agree with that perception at all, but I’d like to know what were you seeing around you at the moment of writing, that led you or inspired you to create the ambiance that permeates the novel. TG: I wrote it right after Brand New Cherry Flavor, which is more satirical, less emotional. It seemed like a continuation of that novel in some ways. Some of my friends became heroin addicts, so I suppose that influenced me, just because it was all around. I’ve scored drugs with more experienced junkies. Once I committed myself to the project and saw this as a milieu that I could live in, the goth kids and so on just fell into place out of all those I saw or knew. But I wasn’t trying to make a grand statement about the times. I was always, always, asking myself “Does this make sense?” And I was trying to really understand Justine, who is not a modern young woman. To that end I immersed myself in Georges Bernanos’ novel Diary of a Country Priest (and the film made of this by Robert Bresson), and I watched Bertrand Tavernier’s The Passion of Beatrice easily more than one hundred times. The last sixteen minutes of that film portrays a mysterious, perfect ritual that moved me every time, often to actual tears. And then I would write, after the close-up of her face when she is lost, she realizes she is forever damned.
Lance Henriksen and Jennette Goldstein in Near Dark.
OP: If I’m not mistaken, you did sell the film rights for Stainless, but as far as I know, nothing came of that. Did Hollywood screw you as anybody else? TG: Lise Raven, an independent filmmaker, wrote a treatment, and kept trying for several years. The big studios all kept saying they each had their own vampire film in development. Lise Raven – and my Hollywood agent, Lisa Callamaro, would say “But wait, this would be the ultimate, this gives you everything and anything you’ve ever thought you might get from the vampire mythos!” I still hope there might be a film, both because I hope such a film might be great – and because a film might bring more people to read the book. Sigourney Weaver and 20th Century Fox took an option on Brand New Cherry Flavor, which gave me more money – but would probably be a much more difficult film to make. Stainless is right there. Just use the dialog in the book. There’s no need for expensive CGI. Use unknowns and keep it simple and direct. OP: Since we’re talking about film, name your three favorite vampire movies TG:Near Dark; Count Yorga, Vampire; Bram Stoker’s Dracula (w/Gary Oldman).
If you live in a country where Spotify is licensed, be sure to check this selection of tunes handpicked by Todd as the perfect soundtrack for Stainless.
Aunque ya le hice una entrevista a Christa Faust para el dossier de prensa de A la cara (podéis descargarlo aquí si aún no la habéis leído) quería colgar algo más sobre ella en el blog. Así que para no repetirme he preferido traducir algunos fragmentos de otra entrevista bastante más extensa que le hizo Rob Hart para The Cult, la página web de Chuck Palahniuk. Espero que os gusten y, como siempre, si os quedáis con ganas de más, os invito a que leáis la entrevista íntegra en su versión original.
Rob Hart:A la cara está protagonizada por una estrella del porno y tú has trabajado como dominatrix y como chica de cabina en un peepshow de Times Square. ¿Hasta qué punto te has inspirado en tu pasado y cómo te has documentado para el libro? Christa Faust: Yo nunca he hecho porno, pero sí que he grabado muchos vídeos de fetichismo, y bastantes de las mujeres y de los hombres con los que trabajé en aquellos vídeos han hecho cosas más fuertes. Mientras me documentaba para A la cara me pasé por varios estudios y hablé con gente situada en todos los niveles del cine para adultos, de productores a directores, pasando, cómo no, por los actores. Bueno, más que hablar les escuché. Olvídate de la puñetera Internet; para un escritor, la mejor manera de documentarse es sencillamente escuchando. Si eres respetuoso y estás dispuesto a prestar atención, puedes conseguir que prácticamente cualquiera te cuente básicamente cualquier cosa. RH: El negocio del sexo en A la cara está lleno de ángeles y demonios. ¿Cuál es tu visión de la industria del porno? ¿Esperabas poder contar algo en particular con este libro?
CF: Lo que más me interesaba era transmitir que la industria del cine para adultos es un negocio como cualquier otro, donde hay tipos buenos y malos y un montón de gente entre medias. Hay muchos libros y películas que retratan el porno como lo más bajo en lo que puede caer una mujer, y que presentan a todas las actrices como víctimas patéticas y drogadictas a las que hay que rescatar de su mugriento y atroz destino. De ahí que quisiera escribir sobre una mujer que ha alcanzado cierto nivel de éxito y de satisfacción dentro de la profesión que ha escogido. Por otra parte, tampoco quería que pareciese que endulzaba las partes feas. Sólo quería contar las cosas como son. Quería crear una protagonista compleja y creíble y rodearla de personajes que fuesen tan reales como ella, personajes que me recordasen a la gente real que he conocido en la industria. RH: ¿Cómo crees que ha cambiado el género negro desde los tiempos de Chandler y Hammett y cómo te mantienes fiel a los cánones al tiempo que lo pones al día para el público moderno? CF: Bueno, superficialmente podría parecer que la gran diferencia está en los niveles de violencia y en el sexo explícito, pero no creo que eso sea del todo correcto. En su momento, los escritores que publicaban en Black Mask fueron considerados extremadamente groseros y vulgares, indecentemente violentos y desvergonzadamente obscenos. Sus historias contenían escenas realistas protagonizadas por delincuentes y miembros del hampa que se expresaban con el lenguaje crudo de la calle. A menudo los héroes eran prácticamente indistinguibles de los villanos y los autores defendían sus historias diciendo que eran mucho más sinceras y realistas que los relatos policíacos tradicionales, más suaves y amables. Aunque los criterios de la sociedad sobre lo que es “escandalosamente violento” han cambiado mucho desde entonces, por lo general el noir contemporáneo sigue estando más o menos por encima de la norma aceptable, y los autores de género negro actuales emplean el mismo argumento: que la violencia, el sexo y el lenguaje vulgar de sus libros es simplemente un retrato realista del mundo que nos rodea. Creo que tienen tanta razón como la tuvieron sus predecesores.
En cuanto a lo de poner al día el género para los lectores modernos, creo que una debe partir del cariño y de un respeto genuinos hacia lo que hubo antes. No me gustan las novelas escritas en tono irónico que utilizan los tópicos del género con vocación camp a la vez que pretenden alzarse por encima de ellos con una actitud conscientemente distanciada, metalinguística y de listillo. Prefiero que me cuenten una historia clásica de traición y desesperación en un entorno moderno, poblada por personajes complejos y fallidos con los que los lectores de ahora puedan identificarse.
RH: ¿Hay alguna “regla del género” que hayas intentado conservar al escribir el libro? CF: No conscientemente. Sin embargo, te diría que A la cara es más hardboiled que género negro. Y eso fue una decisión consciente. No quería lanzar a mis personajes por el desagüe emocional de la tradicional caída en desgracia propia del género negro. Por mi parte veo a Angel Dare como una versión femenina y más compleja del típico protagonista de hardboiled: un tipo solitario y duro que no se ve limitado por la moral tradicional a la hora de caminar por el sucio mundo del hampa, clavando allí su bandera y venciendo al final. Más como Mike Hammer o Sam Spade que como, por ejemplo, Walter Huff, el protagonista del clásico del género negro Perdición, de James M. Cain, o que como cualquiera de los personajes ignorantes y sexualmente frustrados de Day Keene. Desde luego, nunca pensé en Angel como en una mujer fatal. Creo que muchos críticos modernos usan ese término para referirse a cualquier mujer dura y sexy en una novela o una película del género, pero una mujer fatal tradicional es una villana, una tentadora amoral que utiliza su sexualidad para esclavizar y manipular a hombres incautos. La mujer fatal es el miedo masculino a la sexualidad femenina y eso no tiene nada que ver con mi libro. Angel no es una villana intrigante, es una heroína. RH: ¿Qué te atrae del género negro? ¿Puedes decirnos tus autores o libros favoritos del género? CF: No me dediqué a leer género negro en serio hasta los treinta y tantos. Cuando era joven me gustaba más el splatterpunk. Y el terror erótico. Pero cuando crucé esa barrera en la que pasas a ser demasiado mayor como para que los chavales se fíen de ti, empecé a interesarme por libros protagonizados por personajes de más edad y con temas más maduros. Historias realistas, crudas, que exploran la parte más oscura, sombría y fea de la naturaleza humana sin esconderse tras la metáfora de los monstruos. No me malinterpretes, sigo leyendo terror de vez en cuando y también me gustan las cosas divertidas, escritores más ligeros, pulp y enérgicos, como Richard S. Prather. Algunos de mis autores favoritos de la vieja escuela, además de Prather, son Richard Stark, Day Keene y Chester Himes. Entre los actuales, mis favoritos son Megan Abbott y Ray Banks.
Rob Hart: Háblanos un poco de ti misma… Cómo y dónde creciste y si has tenido alguna educación formal o experiencia como escritora. Christa Faust: Crecí en Nueva York, de padres divorciados, divididos entre la Cocina del Infierno y el Bronx, y llevo inventándome historias desde que tengo memoria. Di un par de asignaturas de escritura en la universidad, pero sinceramente no creo que me dejaran ningún poso. Para mí, la auténtica escuela de escritura fueron las novelizaciones. Eso sí que es aprender a nadar directamente donde cubre. Te puedes pasar a vida asistiendo a clases y talleres de escritura, retocando y puliendo tu gran novela americana que nadie leerá nunca… o puedes machacar 95.000 palabras durante seis semanas sin dormir y curtirte como profesional. Fue la mejor educación que he recibido. RH: ¿Cómo entraste en la industria? ¿Puedes hablarnos un poco del camino que seguiste? CF: No fue tanto un camino como que caí de culo sin ni siquiera pensarlo. Un amigo me sugirió que presentase una de mis historias para una antología de terror que buscaba cosas atrevidas. Lo hice y la aceptaron. Después de aquello empezaron a invitarme para otras antologías. Vendí mi primera novela sin demasiadas complicaciones y acabé colaborando con Poppy Z. Brite en una novela basada en nuestra historia Triads. Me invitaron a trabajar para Black Flame escribiendo novelizaciones y continuaciones. Me invitaron a que presentase algo para Hard Case Crime. Tras intercambiar varias cartas [con el autor y también agente Allan Guthrie] acerca de una de sus novelas, pulp de época y otros intereses comunes, me preguntó si quería que me representase. Prácticamente cada paso que he dado me lo han pedido otros en lugar de iniciarlos yo, pero no lo hice a propósito. Así que cuando la gente me pregunta cómo conseguí que me publicasen, nunca sé qué decir. La verdad es que no lo sé. Supongo que lo mejor es escribir a todas horas y mejorar todo lo que puedas, mejorar para estar preparada cuando te llegue la oportunidad.
RH: Has escrito varias novelas basadas en películas. ¿Cómo te las planteas comparadas con un libro propio? ¿Te dejan ver la película y luego la escribes? ¿Te dejan tomarte libertades? ¿Vas a los rodajes? CF: El libro y la película tienen que aparecer al mismo tiempo, así que normalmente entrego mi manuscrito antes de que hayan empezado siquiera a rodar o a veces incluso antes de que hayan escogido al reparto. Lo único que tengo es un borrador de un guión, a menudo ni siquiera el borrador final. Si lees mi novelización de Destino Final 3, verás que tiene un desenlace muy distinto al de la película, porque el director cambió la escena final en el último momento, mucho después de que el libro estuviese entregado. Por otra parte, a los escritores no se nos permite hacer ningún cambio propio. Podemos añadir más material de fondo y elaborar los personajes (de hecho, tenemos que hacerlo porque cuando hinchas un guión de apenas 120 páginas para convertirlo en un manuscrito de 400, necesitas todas las palabras extras que se te ocurran), pero no podemos cambiar la historia ni las características básicas de los personajes. Por ejemplo, no podía convertir al personaje de Sam Jackson en Serpientes en el avión en una abuela judía, pero puedo darle al personaje de un agente negro del F.B.I. malhablado un poco más de profundidad e historia. RH: Háblanos de tu entorno de trabajo. ¿Sigues algún ritual? ¿Tienes un proceso fijo para escribir y corregir? ¿Puedes hablarnos del proceso de escribir A la cara? CF: Mi entorno de trabajo no es precisamente el ideal, dado que vivo en una casita diminuta y no tengo un estudio aparte donde trabajar, solo una mesa en un rincón del salón. Sin embargo vivo sola, así que tampoco está tan mal. Yo diría que desde luego no soy una escritora de cafetería y nunca entenderé cómo puede trabajar la gente en un lugar público, rodeada de conversaciones irritantes e inanes y distracciones constantes. Me gusta la intimidad. Cuando era más joven solía ponerme a escribir de cualquier manera, pero desde que empecé a escribir las novelizaciones, el proceso se ha vuelto mucho más estructurado. Los encargos incluyen una serie de sinopsis, diseños de personajes y estructuras de capítulos y aunque luego no soy tan detallista en mis proyectos personales, sí me gusta escribir escenas en post-its y jugar con ellas, cambiando las cosas. Siempre empiezo por la escena inicial. En A la cara era Angel en el maletero y luego tuve que imaginarme cómo había llegado hasta allí y cómo sacarla de allí. Normalmente tengo una idea bastante concreta del argumento completo antes de empezar a escribir nada, pero casi siempre las cosas van cambiando por el camino.
RH: ¿Qué más haces aparte de escribir? ¿O eres de las pocas afortunadas que pueden vivir sólo de ello? CF: Vivo (a duras penas) de escribir, pero no sé la suerte que tengo. Creo que preferiría ser rica con un trabajo aburrido, lo que pasa es que no sé hacer ninguna otra cosa. Aún hago de vez en cuando alguna sesión de dominatrix, sobre todo para fetichistas de los pies. Cuando tengo tiempo para aficiones, colecciono zapatos y novelas vintage. Me encanta la buena comida. Me gusta cocinar y comer fuera cuando puedo permitírmelo. Me encanta el cine negro e intento ver mis películas favoritas en cine tan a menudo como sea posible. Sobre todo me gusta quedarme en casa con mis bestias negras y blancas (dos Boston terriers y dos gatos persas). En realidad, mi vida no es nada glamurosa. RH: ¿Qué consejos darías a los aspirantes a escritores? ¿Hay algo que hayas aprendido o algún error que le dirías a la gente que no cometiese? CF: No puedo decirte cómo conseguir que te publiquen, pero sí puedo decirte cómo conseguir que no te publiquen. Nunca pagues a nadie para que te represente o publique tu libro. Un agente literario honrado se llevará un pequeño porcentaje de lo que ganes (normalmente un 15%) después de haberte conseguido un trato, nunca antes. Un editor legítimo te pagará por tener el derecho a publicar tu trabajo, no al revés. Y punto. Internet está llena de trileros que se aprovechan de los desesperados y los ingenuos, así que ojo avizor y nunca temáis hacer preguntas y comprobar referencias. Ningún agente ni editor auténticos se sentirán ofendidos si comprobáis sus credenciales, porque no deberían tener nada que ocultar. Sed listos y que no os timen. Mi otro único consejo sería éste: No insistas a la hora de vender un libro que nadie quiere, sin importar lo genial que tú creas que es. Si no lo compran, déjalo y escribe otra cosa. Y después otra más. No digo que te rindas después de uno o dos rechazos, pero si, digamos, diez agentes y/o editores (cuya reputación has comprobado cuidadosamente y que además sepas que tienen interés en el tipo de libros que tú estás vendiendo) han pasado olímpicamente de tu proyecto, es hora de pasar a otra cosa. Creo que demasiados aspirantes a escritores se quedan colgados de una única y preciosa obra maestra durante años y años. Mi consejo es: si no se vende, olvídala y escribe otra cosa.
El próximo martes 20 de abril a las 19:30 horas, en La Casa del Libro de Madrid (Gran Vía 29, en la tercera planta), el guionista y director de cine Carlos Molinero (La niebla en las palmeras, Salvajes), el crítico y divulgador Jesús Palacios (Satán en Hollywood, Desde el Infierno), Rafael Díaz Santander (editor de Valdemar) y yo mismo estaremos presentando la nueva colección de narrativa contemporánea de género que coeditamos Valdemar y Es Pop Ediciones. Hablaremos, por supuesto, de nuestros primeros títulos, Acero y A la cara, pero también de literatura y cultura popular en general, del nuevo pulp en particular y de todo lo que se nos ocurra en el momento. Conociendo como conozco a mis compañeros de presentación, estoy seguro de que por lo menos será divertida y de que no volveré a casa sin haber aprendido algo nuevo. Si os apetece pasar, estaremos encantados de veros por allí.
A la izquierda, el primer libro de bolsillo publicado por Penguin, editorial pioneraen el uso de códigos de colores para diferenciar los contenidos de sus títulos.
La semana pasada leí un artículo bastante interesante en la página Web de The Smithsonian, escrito por Anne Trubek y titulado «Cómo el libro de bolsillo cambió la literatura popular». Hoy en día damos por hecha la existencia de dos grandes mercados complementarios dentro de la industria del libro: el de la edición en tapa dura y el de la edición barata y en rústica (y raro es el título que no convive en ambos). Pero esto no siempre fue así. Hasta mediados de los años treinta, la única manera que tenía uno de leer literatura «seria» era comprando libros en tapa dura a un precio habitualmente bastante elevado en relación a los artículos de primera necesidad. La edición en rústica existía, pero en términos generales estaba restringida a las formas más bajas de entretenimiento, principalmente a los penny dreadfuls (noveluchas de crímenes y horror) y similares. Lógicamente, aquello no servía sino para perpetuar una suerte de elitismo cultural unido inextricablemente al poderío económico que, en definitiva, convertía la lectura en una forma más de clasismo. Todo esto cambió con la llegada de un tipo empeñado en acercar la literatura a las masas. De eso precisamente es de lo que habla el artículo de Trubek, que podréis encontrar completo aquí y del cual he extraído este par de fragmentos:
Dos ejemplos de la colección de ensayos de «interés público»que caracterizaron durante años a la editorial.
Cómo el libro de bolsillo cambió la literatura popular
Puede que la historia sobre los primeros libros de bolsillo de Penguin sea apócrifa, pero es buena. En 1935, Allen Lane, director de la eminente editorial británica Bodley Head, pasó un fin de semana en el campo con Agatha Christie. Como muchas otras editoriales, Bodley Head estaba teniendo problemas económicos debido a la Depresión, y la principal preocupación de Lane era cómo mantener la empresa a flote. Mientras estaba en la estación de Exeter esperando su tren de regreso a Londres, curioseó por varias tiendas en busca de algo bueno que leer. No consiguió encontrar nada. Lo único que vio fueron revistas de moda y noveluchas de baratillo. Fue entonces cuando tuvo su momento «¡Eureka!»: ¿y si hubiera títulos de calidad disponibles en lugares como las estaciones de tren a un precio razonable, como por ejemplo el de un paquete de cigarrillos?
Lane le propuso a Bodley Head crear un nuevo sello para hacer precisamente eso. La editorial no quiso financiar la empresa, por lo que Lane decidió usar su propio capital. Siguiendo al parecer la sugerencia de una secretaria, llamó a su nueva editorial Penguin, y envió a un joven colega al zoológico para que le trajera un dibujo de dicho pájaro. A continuación adquirió los derechos de reimpresión de diez títulos de literatura seria y se dedicó a llamar a las puertas de negocios que no fueran librerías. Cuando los grandes almacenes Woolworth’s le hicieron un pedido de 63.500 ejemplares, Lane comprobó que tenia un modelo de negocio viable.
Los libros de bolsillo de Lane eran baratos. Costaban seis peniques, lo mismo que diez cigarrillos, insistía el editor. El volumen de la tirada era clave para la rentabilidad; Penguin tenía que vender 17.000 ejemplares de cada título sólo para cubrir los costes.
Dos buenas muestras de la revolución estilística capitaneada por Penguin en los sesenta.
Los diez primeros títulos de Penguin, entre ellos El misterioso caso de Styles, de Agatha Christie, Adiós a las armas, de Ernest Hemingway y El misterio del Bellona Club, de Dorothy Sayers, tuvieron un éxito arrollador, y en tan solo un año de existencia la editorial ya había vendido más de tres millones de libros. […] En 1937, Penguin se expandió, añadiendo un sello dedicado a la no ficción llamado Pelican y empezando a publicar material original. El primer titulo escrito expresamente para Pelican fue la Guía del socialismo, el capitalismo, el sovietismo y el fascismo para la mujer inteligente, de George Bernard Shaw. También publicó Especiales Penguin de tendencia progresista como Por qué estamos en guerra y Lo que quiere Hitler, que se vendieron como rosquillas. De esta manera, Penguin jugó un papel no sólo en la literatura y el diseño sino también en la política, y su postura izquierdista marcó la guerra y la postguerra de Gran Bretaña. Después de que el partido laborista obtuviera el poder en 1945, uno de sus líderes declaró que la posibilidad de que el pueblo hubiera podido acceder a textos progresistas durante la guerra había contribuido enormemente a la victoria de su partido.
[…] Estados Unidos adoptó el modelo Penguin en 1938 con la creación de Pocket Books, cuyo primer título fue La buena tierra de Pearl S. Buck, y se vendió en los grandes almacenes Macy’s. Otras empresas norteamericanas siguieron el ejemplo de Pocket. Avon, Dell, Ace y Harlequin publicaron novelas de género y nuevas obras literarias de autores como Henry Miller y John Steinbeck.
Penguin también recopilaba la obra de humoristas gráficos como Peter Arnoy fue una de las primeras editoriales en utilizar fotografías en sus portadas.
En España, la primera editorial en seguir los pasos de Penguin fue Espasa Calpe, con su celebérrima colección Austral, inaugurada en 1939 por La rebelión de las masas de Ortega y Gasset, que imitaba incluso el característico diseño de portada minimalista de Penguin y la adopción de un esquema de colores para indicar el tipo de contenido de cada libro. Posteriormente, a partir de finales de los cincuenta, Penguin abandonaría dicho diseño unitario para crear nuevamente escuela con sus portadas realizadas a partir de fotomontajes, collages y arte pop (en España el alumno más aventajado de esta nueva tendencia en la manera de difundir la literatura popular sería, qué duda cabe, Daniel Gil con su trabajo para la colección El Libro de Bolsillo de Alianza). Hoy en día las revoluciones en el formato han cambiado de plano y pasan inevitablemente por el mundo digital, pero afortunadamente eso no ha impedido que Penguin (al contrario que muchas otras de aquellas editoriales que siguieron en otros tiempos sus pasos y que hoy en día parecen anquilosadas en las mismas fórmulas) siga innovando, al menos desde lo gráfico, con aportaciones tan jugosas como la serie Great Ideas o como Graphic Classics, su colección de clásicos con cubiertas de dibujantes de cómic (una innegable influencia en Valdemar/Es Pop). A pesar de que este 2010 va a cumplir setenta y cinco años, no parece que el pingüino de Allen Lane haya perdido un ápice de entusiasmo juvenil.
Dos estilos de portada para un mismo autor dentro de la misma colección.
Todas las imágenes que acompañan a esta entrada están extraídas del grupo de flickr Penguin Paperback Spotters.
Como Kirby en los superhéroes, Hergé en la historieta europea o Tezuka en la asiática, Schulz es el líder supremo de los autores de tiras cómicas. Cualquier profesional que se dedique a dibujar tiras de humor gráfico hoy en día está influido por Schulz incluso si no lo ha leído. Ya que si no está influido directamente, lo estará por otros autores y series que sí lo están. Mauro Entrialgo
Con unos elementos mínimos, Peanuts desarrolla un universo coherente en el que, como en toda gran obra, encontramos concentrados los grandes temas de la humanidad, o por lo menos algunos de ellos. Es una de esas obras que marcan un antes y un después. Albert Monteys
Fue una de las primeras tiras de cómic que ponía atención en la vida interior de los personajes. Logra una profundidad psicológica que muy pocos tebeos de su época tenían. Fue una tira muy audaz. A veces, incluso, experimental. Pepo Pérez
Schulz es el penúltimo de los grandes dibujantes de prensa y el primero de los grandes historietistas modernos. Recoge la tradición de las tiras diarias de la primera mitad del siglo y levanta el puente que la une con la novela gráfica moderna de Chris Ware, Seth y otros. Santiago García
Declaraciones extraídas del artículo «El papá de Snoopy», firmado por Borja Crespo y aparecido hoy mismo en el suplemento Territorios del periódico El Correo. Como no encuentro el artículo por ninguna parte en la web del periódico, aquí os dejo un PDF casero por si queréis leerlo entero. En él, Crespo dice cosas como: «Schulz, Carlitos y Snoopy, de David Michaelis, editado por Es Pop, es una biografía detallada, plagada de datos y anécdotas, dedicada a uno de los artistas más admirados e importantes de la segunda mitad del siglo XX, sobre todo si hablamos de cultura popular. El libro explora concienzudamente el ambiente en el que creció Schulz, sus influencias y su paso por la Segunda Guerra Mundial, reflejando el modo en el cual su obra tuvo un peso específico no sólo sobre la industria del tebeo, sino sobre la de la cultura en general, la televisión, el cine, la música… incluso la política o la exploración espacial».
Kenny escribió la lista porque se estaba muriendo.
Aquella misma mañana, una resonancia magnética había revelado que un tumor cerebral maligno había germinado en los húmedos rincones de su cráneo igual que un champiñón entre el abono.
Le quedaban seis semanas de vida, quizá menos. Una quimioterapia agresiva, complementada por otro procedimiento brutal e invasivo llamado resección parcial, podría ampliar aquel periodo en un mes más. Pero Kenny no le veía el sentido.
De modo que le dio las gracias a sus médicos, salió del hospital y se fue a dar un paseo.
Así de fuerte empieza el tercer título de la colección Es Pop Narrativa, editada a medias por Valdemar y Es Pop Ediciones, que llegará a las tiendas a finales de mayo, coincidiendo con la Feria del Libro de Madrid. Por ahora no puedo contar muchas más cosas, al margen de que ya he terminado de traducirlo y de que, si todo va bien, a finales de mes podré ofreceros también algunas imágenes de la portada más el habitual adelanto en PDF.
Mientras tanto, ¿qué pasa con Slash? Pues que sigue avanzando, a pesar de los retrasos. Mis más sinceras disculpas a todos aquellos que lo estáis esperando desde hace meses. El lanzamiento de la nueva colección me ha robado más tiempo del que esperaba y no he podido seguir traduciendo al ritmo que a mí me habría gustado. ¡Pero de verdad que ya queda menos! Mientras tanto, para endulzar la espera, aquí os dejo un fragmento de las memorias de nuestro peludo con sombrero de copa favorito:
Slash, dándole al frasco con Iggy Pop.
«Durante la gira con The Cult, nos alojamos en hoteles de menor categoría que los suyos, pero eso no nos impedía ir hasta allí para destrozarlos igualmente. A menudo la noche terminaba conmigo y con Duff siendo expulsados de allí, bien por los empleados del hotel, bien por los propios miembros del grupo. Se nos planteaba entonces el dilema de tener que encontrar el camino de vuelta hasta donde coño fuera que estuviera nuestro hotel. Una noche acabé tan pedo que perdí el conocimiento en el sofá del vestíbulo del hotel de The Cult y Duff me dejó allí tirado. Me desperté a eso de las cinco de la madrugada para descubrir que me había meado encima mientras dormía. Por si eso fuera poco, no sólo no llevaba encima la llave de mi habitación sino que ni siquiera tenía ni idea de dónde nos alojábamos. Los recepcionistas del hotel no hicieron nada por ayudarme, probablemente porque estaba empapado en pis y olía como una taberna. Salí a la fría noche canadiense, a vagar sin rumbo por las calles heladas, con la esperanza de encontrar el camino. Una vez fuera, sólo vi un hotel, situado a bastante distancia de allí, pero tuve suerte y resultó ser el nuestro. Más suerte aún tuve de llevar puestos unos pantalones de cuero, ya que de otro modo se me habrían helado los cojones. Es una de las grandes ventajas que tienen los pantalones de cuero: si te meas con ellos puestos retienen el calor mucho mejor que los vaqueros».
Cultura Impopular es el blog de Es Pop Ediciones, una editorial independiente especializada en temas relacionados con la cultura pop. Nuestra intención es convencerte de que compres los libros que editamos, pero intentaremos que no se note demasiado hablando también de otras cosas. Si quieres saber más sobre Es Pop, visita nuestra página web.
Cultura Impopular está escrito por Óscar Palmer. Puedes contactar con él por correo electrónico.