Cultura Impopular

Viernes 31 de diciembre de 2010

Será por listas

Andrew Garfield se pregunta cuáles son los mejores libros del año (fotograma de Boy A).

Como todos los años por estas fechas, los quioscos y la blogosfera se llenan de listas; listas con lo mejor del año, listas con lo peor, listas de la compra, listas de listados. Es un ritual que no deja de ser divertido, particularmente para esos locos que, como yo, nos pasamos el año apuntando en cuadernos, por ejemplo, todos los libros leídos, o calificando en la IMDB todas las películas vistas. Por otra parte, acaba resultando también un poco cansino, sobre todo a la que has leído dos o tres listas prácticamente idénticas en medios supuestamente distintos. ¿De verdad necesitamos otro “best of” de los libros del año para hablar de Coetzee y Llosa, entre los publicados en España, o de McCarthy y Franzen en el caso del mundo anglosajón? Bueno, es posible que sí, si lo que queremos establecer es una suerte de calificación pretendidamente impepinable, que es uno de los posibles propósitos de cualquier tipo de lista. A mí, en cualquier caso, me atrae mucho más otra función derivada de este frenesí numerador, que es la de aprovechar para descubrir qué cosas se te han escapado, aquellas a las que a lo mejor no has prestado demasiada atención no por falta de interés, sino de tiempo o por despiste. Es por eso que este año he decidido preparar mi propia lista, no con lo mejor de, ni con lo peor de, sino con una serie de obras que, por hache o por be, no han tenido la repercusión que en mi opinión se merecían. Una lista, si queréis, de marginados en las listas. Me encantaría, además, que si os apetece utilizarais los comentarios para añadir otros libros, películas o discos escasamente promocionados, vuestras recomendaciones personales, vuestros ninguneados favoritos de este 2010 que acaba esta noche Después de todo, se trata de descubrir.

De mis dos novelas favoritas entre las publicadas este año en España ya he hablado largo y tendido. Una es 1974, de David Peace (editada por Alba), la cual comenté en este medio repaso que hice a la obra de su autor (la segunda parte, por cierto, ya está al caer). La otra, The Turnaround, de George Pelecanos, ha sido publicada por Ediciones B con una portada horrenda y el incongruente título de Sin retorno, pero aun así no puedo menos que recomendarla fervientemente. Hablé de ella en su día aquí. Para no repetirme, he preferido obviarlas, pero tampoco quería dejar de mencionarlas. Y ahora sí, tras este preámbulo, ahí van mis (otros) diez libros del año.

DOS HISTORIAS TREMEBUNDAS
1. Niño A, de Jonathan Trigell (Sajalín Editores). Me da la impresión de que, de un tiempo a esta parte, tanto centrarnos en literaturas como la nórdica, la sudafricana o incluso la japonesa nos está haciendo perder un poco de vista el relevo generacional que se está dando en una “escuela” tan próxima y tradicionalmente tan bien representada en España como es la británica. En cierto modo, tampoco está mal, ya que eso nos da a las editoriales pequeñas la oportunidad de acceder a autores que de otro modo estarían permanentemente en manos de las grandes. Es lo que hicimos nosotros con Neil Cross y eso es lo que han hecho los chicos de Sajalín con la primera novela de Jonathan Trigell, Niño A, la historia de Jack, un joven de 24 años que, tras haber pasado 14 en la cárcel por haber participado en un asesinato muy del estilo del célebre caso James Bulger, queda en libertad bajo la tutela de un trabajador social para reincorporarse al mundo enmascarado tras una nueva identidad. Trigell plantea la obra mediante una serie de fogonazos, de escenas más o menos cerradas (ordenadas siguiendo un orden de títulos alfabéticos, como si fuera uno de los diccionarios de Edward Gorey) que van pintando alternativamente y a modo de mosaico el pasado de Jack junto a sus intentos por construirse una cotidianidad mientras intenta escapar del agujero negro creado por su crimen, en su vida y en la de los demás. Es una novela directa, seca y tierna a partes iguales, que además dio pie a una película excepcional, Boy A, dirigida por John Crowley y con un Andrew Garfield en estado de gracia, que por desgracia, si no me equivoco, ni siquiera llegó a estrenarse aquí (afortunadamente el DVD americano tiene subtítulos en español).

2. La guerra es bella, de James Neugass (papel de liar). Personalmente, no comparto ese hartazgo que parece manifestar cantidad de gente con todo aquello que tenga que ver con la guerra civil. Para mí se trata, al igual que la Segunda Guerra Mundial para los norteamericanos, de un momento fundacional y decisivo no sólo para la historiografía sino, precisamente, para la creación de un terreno mitológico dentro de lo narrativo. Vamos, que no me cansa. Y me alegra ver que hay otros editores que tampoco se cansan y que se lanzan a editar libros como este. Aunque el subtítulo, “diario de un brigadista americano en la guerra civil española”, ya indica bien claro de qué va el tema, también se queda corto. La guerra es bella es la peripecia, contada día a día, de un conductor de ambulancias de la Brigada Lincoln. Como tal, no tiene ninguna voluntad de ser objetiva ni de analizar el conflicto desde un punto de vista distanciado. Y eso es precisamente lo interesante y absorbente de este libro, que es profundamente personal. Si algo le preocupa a Neugass no es desde luego registrar históricamente los hechos de tal o cual batalla, sino dejar constancia de sensaciones, de experiencias: el frío, la expectación ante el ataque, el ingenio a la hora de preparar las comidas, el comercio con cigarrillos, los chascarrillos en las literas, el día que se aprende el modo correcto de cavar trincheras. Y el modo en el que uno se va implicando en un conflicto, al margen de ideologías, sólo por inevitable compañerismo hacia la gente que esquiva balas a tu lado, algo que llevará a este en principio tímido conductor de ambulancias a acabar exclamando: “Sé que la idea de llevarte por delante unos cuantos enemigos cuando la palmas es infantil y propia de mahometanos, pero si la palmo, y también si no, confío en que pronto podré decir que todo el dinero que los antifascistas americanos invirtieron para enviarme aquí les ha sido devuelto con todo su peso en sangre”. Si eres de los que disfruta con series como Hermanos de sangre o The Pacific, no lo dudes. Hazte con él.

DOS RECUPERACIONES PERTINENTES
3. Dog Soldiers, de Robert Stone (Libros del Silencio). Aunque contábamos ya con traducciones de otras novelas suyas, como Banderas al amanecer, Una galería de espejos y La puerta de Damasco, resultaba increíble que todavía nadie hubiera editado aquí precisamente su título más mítico, el que le convirtió en un autor de referencia para varias generaciones de escritores (desde DeLillo y Ellroy hasta otros a priori alejados de su universo como Franzen y Stephen King) y en un verdadero punto de inflexión entre la “generación perdida”, el movimiento beat y la novela norteamericana contemporánea, con tintes de nuevo periodismo. Ahí es nada. Pero si semejante pedigrí puede llegar a echar un poco para atrás (por aquello de que parece imposible estar a la altura de tanta “titulitis”), basta enfrascarse en las primeras páginas de la novela para olvidarse de todo y dejarse absorber por las desquiciadas desventuras de Ray Hicks, un ex-marine recién regresado de Vietnam que, metido a traficante de heroína, recorre una California de pesadilla, convertida en poco menos que un nuevo Infierno de Dante (ilustrado por Crumb en vez de por Doré) en el que el verano del amor y la contracultura ha dado paso a un permanente invierno del mal rollo. Espeluznante por momentos, más divertida de lo que uno podría imaginar en un principio y tan adictiva como la heroína de Hicks, Dog Soldiers es una de esas novelas que no desmerecen su fama.

4. Plinio. Todos los cuentos, de Francisco García Pavón (Rey Lear). Recuerdo las novelas de García Pavón como una constante de siempre en casa de mis padres, motivo por el cual nunca me arrimé a ellas, no porque no me resultaran atractivas (de hecho siempre me molaron bastante las portadas) sino porque pensaba que ya habría momentos de sobra para leerlas. Vamos, que prefería, mientras pudiera, seguir comprando libros nuevos de autores nuevos, suponiendo que ya acabaría hincándoles el diente a las de Pavón en algún que otro momento de hambruna literaria. Al final me fui de casa sin haberlas leído nunca y sin saber lo que me estaba perdiendo. Afortunadamente, en este último par de años parece que se está dando una recuperación constante de todos los casos detectivescos del sin par Plinio, Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso, siempre tan presto a seguir una nueva pista como a compartir unos vinos y unos pitos en la bodega que se tercie. Y a mí, ahora sí, me tienen completamente enganchado. Al interés intrínseco que puedan tener cada uno de los misterios a los que se tiene que enfrentar Plinio, se le une siempre un retrato magistral de la vida y las costumbres de una pequeña ciudad de provincias y un dominio del castellano absolutamente abrumador, brillante, juguetón y por momentos hasta hipnótico. Más allá de un simple trasvase de modelos literarios propios de otras latitudes, lo que hizo Pavón con estas novelas fue crear poco menos que un género propio: el de la investigación rural en un entorno puramente chanante. Si todavía no conoces a Plinio, tanto la recopilación de Casos celebres reunidos en un solo libro hace un par de años por Destino como este volumen de cuentos rescatados hace unos meses por Rey Lear son buenos puntos de partida.

DOS LIBROS QUE ME HUBIERA GUSTADO EDITAR
5. Homicidio, de David Simon (Principal de los libros). Antes de The Wire estuvo The Corner. Y antes de The Corner estuvo Homicidio, vida en las calles, otra magnífica serie a medio camino entre la televisión tradicional (pongamos Canción triste de Hill Street o Policías de Nueva York) y lo que estaba por venir. Producida por Barry Levinson, filmada en plan semidocumental en las calles de Baltimore y protagonizada por un reparto estelar que incluía a Ned Beatty, John Polito, Yaphet Kotto, Andre Braugher y Melissa Leo, la serie estaba basada, efectivamente, en este libro, y le sirvió a Simon para dar el salto del mundo del periodismo al de la producción televisiva: es decir, que gracias a Homicidio tenemos hoy en día The Wire, Generation Kill y Treme, lo cual ya de por sí sería motivo suficiente para comprarlo. Pero es que al margen de eso se trata de una lectura fascinante. David Simon aprovechó los contactos ganados durante una década como periodista de sucesos para acompañar, durante todo un año, a los detectives de homicidios del turno de noche de Baltimore. Ese año es el que recoge en este texto, una mirada inusualmente clara y directa a la labor policial, con todas sus glorias y miserias. Cuando digo que me hubiera gustado editar este libro, lo digo completamente en serio. Y de no habérsenos adelantado los chicos de Principal de los libros lo habríamos hecho no tardando mucho. Y no se me ocurre mejor recomendación que esa, no tanto porque crea que somos una editorial con un buen gusto acojonante sino porque demuestra que estábamos dispuestos a gastarnos una pasta para traer este libro a España. A ti te va a salir mucho más barato disfrutarlo, así que yo que tú no desaprovecharía la oportunidad.

6. Éramos unos niños, de Patti Smith (Lumen). Éste, sin embargo, digo que me hubiera gustado editarlo, pero realmente no sé si me hubiera atrevido, así que me parece afortunado que lo haya hecho otro para al menos poder disfrutarlo. También es el que más reparo me da recomendar alegremente, porque igual que a mí me ha resultado tierno y por momentos lírico, entiendo perfectamente que a otro pueda resultarle ingenuo e incluso ñoño por los mismos motivos. En cualquier caso, estas historias de sufridos aspirantes a artista que, guiados por una concepción juvenil y casi etérea de lo que es el arte, acaban dándose de bruces con la triste realidad pero no por ello se dejan derrotar por ella (o no del todo, al menos) me pueden. Y estas memorias de Patti Smith centradas principalmente en su relación con Robert Mapplethorpe, cuando ambos intentaban ganarse malamente la vida en el Nueva York de finales de los sesenta y primeros de los setenta, cuentan precisamente eso. Por supuesto, ayuda que en el reparto de “secundarios de lujo” aparezcan figuras como Hendrix, Warhol, Lou Reed, Cohen y un largo etcétera.

DOS TEBEOS DE CONFIRMACIÓN
7. Smart Monkey, de Winshluss (La Cúpula). Este ha acabado siendo otro muy buen año para el cómic. Yo, al menos, he leído no menos de una docena de títulos que no dudaría en calificar de excelentes. Además, ciertas obras concretas, como el indispensable Notas al pie de Gaza de Joe Sacco o El invierno del dibujante de Paco Roca han recibido una inusitada y muy merecida atención mediática. En cualquier caso, algunas cosas nunca cambian, y en el cómic, como en cualquier otro medio, a la hora de los grandes elogios siempre suele haber un gran olvidado: el humor. Motivo por el cual tenemos aquí en la lista al francés Winshluss, que el año pasado ya destacó con su maravilloso Pinocchio y que en esta obra, de factura anterior, vuelve a demostrar que: a) es un dibujante formidable capaz de oscilar entre el feísmo más underground y una exquisitez propia de los más finos estilistas de la nueva novela gráfica; y b) tiene una mala leche supina y un humor negro descoyuntante. En Smart Monkey, seguimos las peripecias del mono listo del título, tras haber sido expulsado de la manada por haber querido beneficiarse a la consorte del gorila jefe, a través de un fantástico paisaje selvático semi-antediluviano plagado de peligros. Si el desenlace te parece cruel, el epílogo no te lo parecerá menos y encima conseguirá que te sientas mal por no poder dejar de reír.

8. No moriré cazado, de Alfred (Astiberri). Uno de mis tebeos favoritos del año y, en mi opinión, uno de los peores tratados por la crítica. Sospecho (aunque sin ninguna base científica para ello) que en este aspecto le perjudicó bastante salir al mercado prácticamente al mismo tiempo que Amistad estrecha, de Bastien Vivés, sin lugar a dudas otro de los cómics del año y todo un despliegue de poderío narrativo basado en la ilustración pura y dura, en los detalles, en la gestualidad de los personajes. No fueron pocas las personas que, en su momento, me compararon uno con otro, argumentando que Amistad estrecha era “puro cómic” y que No moriré cazado era una “novela ilustrada”, porque usa abundantes textos de apoyo, como si ese no fuera un típico recurso de tebeo (algo que viene a ser como decir que El club de la lucha o Uno de los nuestros no son “puro cine” porque utilizan abundante voz en off). Lo realmente importante es que en este caso Alfred utiliza los textos de apoyo con mucho tino, por lo general para ofrecer una información que no necesariamente discurre en paralelo a la proporcionada por la imagen, y que cuando es necesario prescinde por completo de ellos con escalofriantes resultados (como en el violento desenlace de la historia). Si todavía eres de esos indecisos que tienen ganas de hincarle el diente a una novela gráfica pero no saben muy bien por dónde empezar, este asfixiante drama rural con tintes peckimpahnianos sobre cómo los ambientes cerrados ejercen de caldo de cultivo para la violencia bien podría abrirte el apetito.

DOS REGALOS PARA LA VISTA
9. Art of McSweeney’s, VV.AA. (Chronicle Books). Si hay un libro que cualquier fan del diseño o de la edición debería haberse comprado este año, es este (con permiso del también fenomenal Penguin 75). No sólo es un espectacular repaso al proceso de creación de todos los números de la revista literaria McSweeney’s (de la cual ya hablé aquí), sino que además incluye cantidad de información práctica y muchas, pero que muchas buenas ideas. Si no eras editor antes de leerlo, como poco te entrarán ganas de intentarlo nada más acabarlo. Y si lo que te interesa es única y exclusivamente la parte visual, la variedad y calidad de las ofertas propuestas por McSweeney’s también bastarán para saciarte durante una buena temporada. Está bien, he hecho trampa y he incluido en la lista un libro que no se ha editado ni creo que se vaya a editar nunca en España, pero no podía dejar de mencionarlo porque, de verdad, es una preciosidad. Al menos se puede pedir en Amazon

10. Breathless Homicidal Slime Mutants. The Art of the Paperback, de Steven Brower (Universe Publishing). Otro libro que llega de fuera, pero en este caso me escudo en la endeble excusa de que tampoco tiene demasiado que leer. Me hubiera gustado recomendar, para acabar, un producto algo más fino, tipo Born Modern, un repaso a la vida y la obra del gran diseñador Alvin Lustig, o Another Science Fiction: Advertising the Space Race 1957-1962, un maravilloso repaso a los anuncios con motivos espaciales de “la era atómica”, pero tengo que ser sincero conmigo mismo y reconocer que el libro que más ilusión me hizo recibir este año fue este tomo de casi 300 páginas que recopila otras tantas portadas de noveluchas de bolsillo norteamericanas (puedes ver un par de muestras aquí). No puedo evitarlo, estos modelos de edición ya caducos realmente me ponen y, teniendo en cuenta que prácticamente han desaparecido, siempre es una alegría encontrar algún loco maravilloso que deja constancia de que, al igual que los mohicanos, en otro tiempo estuvieron ahí. ¡Feliz año!

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Miércoles 15 de diciembre de 2010

Slash en Popular 1

Manido tema éste de las autobiografías, y diría incómodo cuando quien la protagoniza es alguien al que le queda más de media vida por vivir (teóricamente). Hay futbolistas que ya la tienen, es como si todo lo importante que les tendría que pasar en la vida ya hubiera tenido lugar. Luego tenemos a ilustres como Winston Churchill que requirió de seis volúmenes para completar un acercamiento en profundidad a su vida. También las agradables sorpresas como esta autobiografía de Slash junto al periodista del New York Times, Anthony Bozza. A diferencia de otras bios, aquí resulta interesante hasta la narración de los orígenes del músico, su experiencia como hijo de blanco y negra en Inglaterra, su adaptación a la vida en USA… Uno podría pensar que, bueno, hasta que no empiece a hablar de los que serían sus futuros colegas en Guns N’ Roses esto no vale mucho la pena. Craso error. A lo largo de estas 452 páginas se saborea con fruición cualquier capítulo de su vida por poco que tenga que ver con su actividad musical. Digno de destacar es el progresivo y, más tarde, meteórico ascenso a la categoría de rockstar de Axl Rose visto desde el enfoque de Slash. Cómo un chaval de pueblo llega a Los Angeles buscando fortuna entre el lumpen d la ciudad y en dos años está protagonizando un clip, “Welcome to the Jungle”, precisamente sobre esa experiencia. [...]
Las experiencias adictivas de Slash merecen destacarse aparte, puede que estemos ante la más gráfica descripción del síndrome de abstinencia en todas sus vertientes. [...] Pero el grueso del libro se vuelca en la experiencia mundial de más de dos años de las giras de los “Illusions”, de fiestas romanas sin mirar presupuesto a recortar gastos eliminando a músicos de viento y coristas. Espléndido viaje para ver desde dentro, bajo la óptica de Slash, eso sí, todo lo que era la banda en su momento álgido. La serie de fotos en color, también las hay en blanco y negro, que ocupa la zona central del libro no tiene desperdicio, buscad aquella en la que Perla le está comiendo el trasero a su marido. No hay reglas, sólo pasarlo bien y tocar la guitarra. [...]
Muchas anécdotas salvajes de un grupo que podría tener una carrera tan respetable como los Stones de haber seguido la formación original y de no haber pasado la mayor parte de las cosas que nos explica Saul Hudson en este libro. Altamente recomendable.

Un par de fragmentos de la reseña de Slash que ha escrito JMª Vidal Buchs para el número de diciembre de Popular 1 (el 446). Ojo que también lleva una entrevista con Lemmy. ¡A por ella!

En la prensaLibros , 2 comentarios

Viernes 10 de diciembre de 2010

Neil Cross y los orígenes de Luther

Idris Elba es John Luther.

El próximo lunes 13 de diciembre, AXN estrenará en España Luther, la serie creada y escrita por Neil Cross, el autor de Capturado (la referencia más reciente en nuestra colección de narrativa). Se trata de un intenso thriller policiaco protagonizado por Idris Elba (Stringer Bell en The Wire), que llega a nuestras pantallas tras haber cosechado un gran éxito de crítica y público en Gran Bretaña, donde consiguió reunir semanalmente a más de 4.000.000 de espectadores y un 18% de share para la primera cadena de la BBC. La segunda temporada de la serie ya está confirmada y en preparación y contará nuevamente con guiones de Cross, el cual también está preparando tres novelas del personaje para Simon & Schuster. Poco antes del estreno de la serie, a finales de abril, el propio Cross escribió una entrada en el blog de la BBC a modo de presentación, que me ha parecido pertinente recuperar justo ahora que por fin vamos a poder verla también en España. Si te gustó Capturado, lo más probable es que disfrutes de lo lindo también con Luther. Y si por el contrario ya has visto la serie pero aún no has leído la novela, aprovecha que estos días estamos redistribuyéndola para hacerte de una vez con un ejemplar. ¡Verás como no te arrepientes! Sin más preámbulos, Neil Cross.

Ruth Wilson es Alice Morgan, némesis o quizá alma gemela de Luther.

Presentando a Luther… con cariño para el detective Colombo.
El personaje que luego acabaría siendo el Inspector Jefe John Luther llevaba dando vueltas por mi cabeza desde mucho antes de tener nombre… o idea alguna de cómo iba a utilizarlo. Nació como un modo de conectar dos ideas de diferentes géneros dentro del amplio espectro de la ficción criminal. Luther tiene algo de Sherlock Holmes, parte de ese genio analítico indiferente. Pero también tiene la complejidad emocional y la ambigüedad moral que suele encontrarse de manera más común en el thriller psicológico. Me pareció que combinar ambas propiedades (brillantez deductiva y pasión moral) en un solo hombre, podía originar un personaje potente, herido y profundamente heroico.
En cuanto al formato de la serie, me crié siendo un fan de Colombo, y todavía me encanta. Pero el formato de Colombo (el “Cómo lo cogemos” o historia de detectives a la inversa) no estaba pensado para acentuar el dramatismo. El teniente Colombo raras veces corría un riesgo personal (porque no era eso lo que queríamos ver) y sabíamos que al final siempre detendría al asesino. Lo que no sabíamos era cómo… lo cual jugaba un gran papel a la hora de hacer de aquella serie algo tan satisfactorio.
El formato de la historia de detectives a la inversa apenas ha vuelto a utilizarse desde que terminó Colombo, al menos que yo sepa. De modo que me pareció que podría resultar emocionante recuperarla como una especie de duelo psicológico entre un policía entregado y medio loco y los criminales depravados a los que persigue. Por lo tanto sabemos a quién tiene que detener Luther. Lo que no sabemos es cómo porras va a hacerlo.

Luther, Mark (Paul McGann) y Zoe (Indira Varma), un triángulo
que dará de sí mucho más de lo esperado.

El proceso de realizar la serie, desde escribir los guiones hasta verlos llegar a la pantalla, ha sido emocionante y en ocasiones aterrador. Para como suelen ser estas cosas, Luther avanzó a un ritmo ciertamente muy rápido. En ocasiones me sentí como si me hubieran atado al morro de un cohete. En las semanas previas al despegue, pude sentir el rugido seísmico y constante de sus motores a duras penas contenidos. Una vez empezó a moverse, no pude hacer otra cosa que agarrarme fuerte y esperar que mis dientes aguantaran la vibración sin salir despedidos. En una situación como esa, no te afecta el bloqueo del escritor. Y tampoco duermes mucho. Pero pude trabajar con gente que me gusta, admiro y en la que confío. Éramos un verdadero equipo y teníamos una misión. Me encanta ese sentimiento de camaradería.
El reparto es tan bueno que me aterrorizaba conocerlos como individuos, y ya no digamos como conjunto. Pero eso es esencialmente lo que sucedió. A excepción de Indira Varma (que ese día no podía estar) los conocí a todos en la reunión de lectura del primer episodio, una especie de primer ensayo en el que no hice más que balbucear. Aquella noche salimos a tomar unas copas. Durante la primera hora, mientras hablaba con Saskia Reeves, lo único en lo que podía pensar era: “¡Estoy hablando con Saskia Reeves!”. A eso de las diez, ya me había tomado un par de gin tonics y Warren Brown, que interpreta al Sargento Ripley, hizo su imitación de Lily Savage, de modo que por fin fui capaz de relajarme un poco y sencillamente disfrutar del hecho de haber sido capaces de reunir un reparto tan alucinante.

Luther, dándole al tarro.

La gente a menudo me pregunta cuál fue el mejor momento, pero para ser sincero es difícil elegir sólo uno o dos. Durante la preparación y también durante la producción pasé cantidad de tiempo riendo con mis colegas. Echando la vista atrás, y teniendo en cuenta las presiones debido a la falta de tiempo, me parece sorprendente. Pero un momento particularmente feliz fue cuando contratamos a Idris Elba. Queríamos que fuera una serie especial, así que cuando empezamos a hablar de quién podría ser nuestro protagonista decidimos ser ambiciosos, poner alto el listón, pensando: si no lo intentas, nunca lo sabrás.
Idris estaba en la lista…. porque Idris está prácticamente en la lista de todo el mundo. Pero su nombre estaba arriiiiiiiiiiba del todo, muy por encima de la línea de cielo. Así que cuando recibí la llamada para anunciarme que había aceptado, fue un buen momento. Tan bueno como pueden llegarlo a ser este tipo de momentos, creo yo. Luego estuvo el de ver lo filmado durante el primer día de rodaje, en el exterior de la casa de los Morgan, la escena del crimen del primer episodio. Vi a Idris entrar en el plano, agacharse bajo la cinta policial y pensé: “Ahí está. Ése es Luther”.

Alice Morgan, maquinando alguna maldad.

Naturalmente, adoro a John Luther. Pero también siento un amor sin reservas por el personaje de Alice Morgan. De hecho, me parece recordar que durante aquella primera salida nocturna con el reparto le dije a Ruth Wilson (que es quien la interpreta) que en muchos sentidos me parecía que Alice era la mujer perfecta. Se me quedó mirando, debo decir, con cierto grado de horror.
Alice era un papel formidable; fría y coqueta, asesina y vulnerable, noble y corrosiva, a veces en la misma frase. Pero Ruth es quien la hace absolutamente real y completamente absorbente. Hay un momento en el episodio cuatro en el que de verdad consigue asustarme.
Estaba en el set el día que Idris y Ruth rodaron su primera escena juntos. Hicieron que se me pusiera piel de gallina, pero no me parece que sea bueno para mí pasar demasiado tiempo en el rodaje, porque simplemente no es el espacio natural para un escritor. De modo que tomé las de Villadiego y les dejé seguir con su trabajo. En cuanto a qué podéis esperar de Luther y adónde se encaminarán sus pasos… bueno, si os lo contara no sería una sorpresa. Digamos únicamente que la presión sobre él no va aflojar. Ni por un instante.

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Viernes 3 de diciembre de 2010

Caras de cartón

Ya sabéis que ocasionalmente, y sin abusar, me gusta dejar aquí constancia de algunos de los trabajos que voy traduciendo para otras editoriales, ya sean libros o tebeos. Después de todo, la traducción sigue siendo mi primera fuente de ingresos (si alguien pensaba que vivo exclusivamente de la editorial, lamento tener que desengañarle; ¡qué más quisiera yo!). De lo que no suelo hablar casi nunca, sin embargo, es de las traducciones que hago para la televisión. Principalmente porque, francamente, dan un poco de vergüenza ajena. De programas de caza y supervivencia a los realities más cutrongos del universo, la cantidad de basurillas con las que he tenido que vérmelas en los últimos años bastaría para quemarle el cerebro a cualquiera (estoy convencido de que a mí también me ha dejado secuelas). Muy de vez en cuando, sin embargo, me voy encontrando con proyectos que disfruto (como las ocho temporadas de That 70s Show o las tres primeras de Rockefeller Plaza). Y hoy precisamente quería hablaros de uno de ellos: Mary Shelley’s Frankenhole, una serie de animación para adultos producida por Adult Swim que acaba de empezar a emitirse en España a través de TNT.

Frankenhole es una creación de Dino Stamatopoulos, que también trabajó en The Drinky Crow Show, dando vida a los personajes del descacharrante Maakies, de Tony Millionaire. En esta ocasión, Stamatopoulos ha puesto su talento y su mala baba al servicio de los personajes clásicos de las películas de monstruos de la Universal, recuperando no sólo arquetipos como el Barón de Frankenstein, Igor, la criatura, el hombre lobo y Drácula, sino también toda una estética e incluso rasgos de actores en concreto (el profesor Polidori, secuaz de Frankenstein en estas aventuras, por ejemplo, tiene el rostro, los manierismos y hasta el acento de Ernest Thesiger, el actor que interpretaba al doctor Pretorius en La novia de Frankenstein de Whale). Partiendo de una premisa argumental totalmente comodín (Frankenstein ha creado una serie de “frankenagujeros” espaciotemporales que permiten que cualquiera pueda acudir a consultarle desde cualquier momento y lugar), Frankenhole se permite jugar con los géneros y con todo tipo de situaciones derivadas del “paciente estrella” de cada episodio. En el que emite TNT esta noche, por ejemplo, la incapacidad de Thomas Jefferson para satisfacer sexualmente a sus esclavas le lleva hasta Frankenstein para solicitar un transplante de pene “cuanto más africano mejor”, lo cual desemboca en varios viajes temporales en busca del negro perfecto hasta culminar en un divertido número musical encabezado por Ike Turner y Chuck Berry. Otros episodios destacados tienen como protagonistas a Hitler (que quiere que le hagan una operación para dejar de odiar a los judíos), a Ron Howard (que quiere volver a ser joven y bello como cuando era niño prodigio para poder masturbarse a gusto delante del espejo) y a Lyndon B. Johnson (que quiere que transplanten su cerebro al cuerpo del recién difunto JFK para poder trajinarse a todos sus ligues). Imagino que vais viendo el patrón: Frankenhole es una serie de humor brutote, sobrado y 100% irrespetuoso que se pasa la corrección política completamente por el forro, provocando no sólo la carcajada sino también, en ocasiones, incredulidad. Su mayor mérito, sin embargo, es que sabe ir más allá de la barrabasada para alcanzar cotas de auténtica brillantez formal, como por ejemplo el episodio 5, “El ataque del Hombre Lawrence” (probablemente mi favorito), una estupenda e ingeniosa historia de hombres lobo/viajes en el tiempo escrita por Scott Adsit.

Pero al margen de sus aciertos como serie de humor, Frankenhole brilla también como serie de animación gracias a una maravillosa técnica de stop-motion que da vida a un material tan poco habitual en el gremio como el papel. Una idea surgida de la necesidad, pero que otorga una personalidad muy propia y unas texturas muy poco habituales a los personajes, tal y como explica el propio Stamatopoulos en esta entrevista: «Al tener que reproducir los rasgos de tanta gente conocida, decidimos prácticamente desde el principio que no podíamos permitirnos esculpir tal cantidad de cabezas, de modo que fui al tipo que hace las marionetas y le dije: “Un buen recurso sería coger fotografías de gente famosa y envolver con ellas las marionetas”. Darles una cualidad un poco a lo South Park, sólo que más tridimensional. Fue él quien desarrolló estos extraños y hermosos origami con los que envolver a los personajes, y el resultado es realmente asombroso». Esta novedosa técnica, combinada con los cuidados diseños tanto de los personajes como de los decorados, son los que hacen de Frankenhole un apetitoso bocado para todos los fans de la animación. Y como muestra, un botón: los primeros cinco minutos del episodio 4. Aunque están en inglés, no os perdáis al menos los créditos a partir del minuto 1:40.

Si os ha gustado, ya sabéis: esta noche en TNT, a las 00:50 horas, más (también podéis consultar los horarios de los próximos episodios aquí). Yo sólo puedo decir que ojalá funcione bien y que haya más temporadas, porque realmente ha sido una de esas raras ocasiones en las que me lo he pasado pipa trabajando para la tele. Y por si algún productor está leyendo esto, añadir que sólo otra cosa podría hacerme más feliz: ¡que alguien me llamara para traducir Misfits!

AutobomboTelevisión , 4 comentarios

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