viernes 25 de marzo de 2011
La cubierta de Reina del crimen completamente desplegada. Pincha para ampliar.
A la hora de plantear la portada de Reina del crimen tuve desde el primer momento un único ilustrador en mente. Como ya he comentado otras veces, la novela de Megan Abbott es probablemente la más tradicional, formal y argumentalmente, de cuantas hemos publicado hasta ahora. No sólo está ambientada en los años cincuenta, sino que además entra de lleno en los parámetros de lo que consideraríamos los grandes clásicos del género negro; no en vano los nombres que más ha usado la crítica a la hora de contextualizarla han sido los de James M. Cain y Raymond Chandler. Por todo ello, mi primer impulso fue el de acudir a Fernando Vicente, el cual, además de ser un ilustrador excepcional, es un verdadero enamorado tanto del género como de los grandes portadistas a los que de inmediato asociamos con éste. Afortunadamente, a Fernando le entusiasmó la idea: «Hago muchas portadas de libros, es una de las partes importantes de mi trabajo, pero esta es la primera ocasión en la que he podido tirar por un genero que me encanta. Adoro a los clásicos, de los que atesoro una nutrida colección. Maguire, James Avati, Mitchell Hooks y, por supuesto, Robert McGinnis. Creo que, como muchas otras cosas de esa época, es un estilo que vuelve con fuerza, las pin-ups, el mobiliario y la moda retro… Mira si no la serie Mad Men. Es un estilo que el lector entiende perfectamente y que no hace falta tanto adaptarlo como actualizarlo. En este momento las librerías están demasiado llenas de portadas anodinas y de un exceso de fotografía, muchas veces sacadas directamente de bancos de imagen. Pienso que viendo mi portada no estas viendo una portada antigua sino algo perfectamente actual… o eso espero».
 |
|
 |
Las dos fotos que le envié a Fernando como referencia. Pincha para ampliar.
Al contrario que en otras ocasiones, mi implicación en el desarrollo fue mínima. Me limité a enviarle a Fernando una galerada de la novela y dos fotos, comentándole lo siguiente: «Las protagonistas de la novela son dos mujeres de carácter que utilizan la elegancia y la buena presencia como escudos protectores en un mundo en el que abundan las «mujerzuelas» y la mala gente. Su buen gusto es parte de lo que las hace intocables dentro de su ambiente. Vamos, que yo me las imagino un poco como en la primera foto. Luego está esta otra imagen que también me transmite bastante bien la idea de la novela, por ese contraste entre la elegancia del vestido y la modelo y ese mundo como grasiento que la rodea. Se diría que estuviera intentando escudarse de la mugre, que es un poco lo que tiene que hacer la protagonista de Reina del crimen cuando recorre los casinos y los garitos de apuestas cuya recaudación recoge todas las semanas; pasearse por los bajos fondos pero sin mancharse. Me gusta mucho que transmita esa sensación de elegancia/independencia y que a la vez utilice el color de una manera tan sencilla y llamativa, como dando a entender que detrás de esa imagen hay algo más. Que se trata de una elegancia «alterada» o un tanto peligrosa (salvando las distancias, como en tus ilustraciones de la serie Vanitas, o la portada que hiciste para Juez y parte; la imagen es bella, pero genera inquietud)».
 |
|
 |
A la izquierda el boceto original y a la derecha la portada pintada.
Aquí arriba podéis ver el primer boceto que me envió Fernando. El primero… y el único, porque de inmediato le dije que no le diera más vueltas. Al contrario que la portada norteamericana, que dejaba un poco al personaje de Gloria Denton en las sombras para potenciar la relación entre la anónima protagonista con un jugador de mala reputación, la imagen de Fernando se centraba en el que para mí es el aspecto más fundamental de la novela, que es la relación entre las dos «reinas del crimen», la veterana y la recién llegada. También me encantó el detalle de la ruleta integrada en el vestido y la idea de que la portada fuera a estar dominada primordialmente por un tono de color. Fernando desenfundó los pinceles y me envió la imagen acabada que veis a la derecha. Como podréis comprobar, es prácticamente idéntica a la portada publicada. Sólo le pedí que eliminara dentro de lo posible los blancos rizos del pelo de Gloria, ya que me parecía que le quitaban un poco de peso a esa mirada tan enigmática y maravillosamente captada que, en mi opinión, «vende» por sí sola el libro.

Aunque en principio había pensado usar una rotulación mecánica para el título, Fernando es tan fan de las rotulaciones manuales de las novelas de los cincuenta que me envió esta foto de aquí arriba con ejemplos sacados de su colección particular y me propuso hacer una él. Lógicamente, una oferta semejante no se rechaza así como así, y no podría sentirme más satisfecho con el resultado. Es evidente que la calidez y la textura que aporta una rotulación manual a cualquier tipo de portada ilustrada es muy difícil de imitar con una fuente mecánica. Más abajo podéis verla tal como la vi yo por primera vez, aplicada sobre las imágenes de portada y contraportada. Sobre el origen de dichas imágenes, por cierto, Fernando comenta lo siguiente: «La primera sensación que tuve al leer el texto es de que estaba ante un clásico de la novela negra, por lo que mi primera idea desde el principio era atacar el tema desde un punto de vista formal clásico del genero, el pulp o el paperback. Realmente la primera idea la tuve en la primera línea de texto: “¡Quiero esas piernas!”. Esa frase me mató, me pasé el resto del libro pensando si las haría andando, cruzadas, encima de una mesa o cómo, pero tenía que dibujar esas piernas. Sin embargo, la novela es algo más compleja y pensé que necesitaba una portada algo mas densa, por eso dejé esa primera idea para la contraportada. Viéndola ya hecha sí me da la sensación de que habría podido funcionar como portada, no así el dibujo que hice para la portada que es demasiado ambicioso para una contra. O sea que están bien tal como están». Qué duda cabe que así es.
 |
|
 |
Probando la rotulación manual sobre las versiones definitivas de la portada y de la contra.
Otras entradas sobre diseño de portadas
· Capturando una portada
· Un lavado de cara
· El hombre de las portadas de acero
· Schulz, Carlitos y Snoopy: una portada
· Cubriendo los trapos sucios
· Sexo implícito: cómo se hizo la portada de El otro Hollywood
· Creando escuela: Hard Case Crime
· James Bond Recovered
· En portada: John Gall
Diseño
Fernando Vicente, Megan Abbott, Reina del crimen 6 comentarios
lunes 7 de marzo de 2011
Megan Abbott. Foto: Joshua Gaylord.
Siempre que puedo, me gusta charlar un rato con nuestros autores y hacerles una pequeña entrevista con la excusa del dossier de prensa de su libro. Y en realidad no deja de ser eso, una excusa, porque lo que realmente me apetece es compartir unos minutos con ellos. Hasta ahora he tenido suerte y todos han resultado ser bastante majetes, pero con ninguno me había divertido tanto como con Megan Abbott, la autora de Reina del crimen, que publicamos este mes en nuestra colección Es Pop Narrativa (coeditada, como ya sabéis, junto a Valdemar). Su conocimiento casi enciclopédico de la historia del cine negro y nuestra compartida admiración por grandes mujeres de la pantalla como Gloria Grahame amenazaba con convertir la entrevista en una animada charla de bar que habrá que dejar para otro día. Mientras tanto, aquí tenéis la versión más seria y formal que aparecerá en el dossier de prensa.
Cultura Impopular: ¿Cuándo y cómo empezaste a interesarte por el género negro? He leído en tu blog que recuerdas haber visto Gilda con 9 o 10 años, así que supongo que es algo que empezó a muy temprana edad. ¿Eran aficionados tus padres? ¿Te animaron a ello?
Megan Abbott: Mis padres eran aficionados y me animaron mucho. Registraban las librerías de segunda mano en busca de viejos libros de cine para mí y me llevaban a ver cualquier tipo de reposición. El origen de todo lo que escribo puede rastrearse hasta las viejas películas que veía en la tele los sábados y los domingos por la mañana. Primero fueron las películas de gángsteres —particularmente Enemigo público— y luego Howard Hawks, Billy Wilder. De algún modo, aquellas películas, especialmente las de género negro, pasaron a ser un oscuro fundamento para mí; formaban un mundo en el que quería adentrarme, y escribir fue mi modo de entrar en ese mundo.
CI: Es evidente que eres una gran aficionada al cine, así que me preguntaba si podrías explicar un poco la manera en la que el cine ha influido tu concepto de lo que es el género negro. O debería ser.
MA: Ah, muy interesante. Es cierto que mi primera exposición al cine negro fue a través del cine, a la literatura llegué más tarde. Por ejemplo, debí de ver Perdición media docena de veces antes de leer al fin la novela, ya a los veintitantos. En mi opinión ocupan, por lo general, universos separados del mismo género, y me gusta inspirarme en ambos. Hay algo muy especial en las resonancias visuales que aporta el cine al género negro, dando vida a esos ambientes llenos de sombras, aportando una patina de glamour que puede hacer que todo parezca más seductor, más hipnótico, más peligroso. Los libros, por otra parte, son mucho más íntimos y en concreto el uso de la primera persona (como en el caso de Cain y Chandler) aporta mucha intensidad, hace que todo parezca más crudo, más cercano. Y teniendo en cuenta el Código Hays, los libros también te acercan mucho más a lo escabroso, a lo indescriptible. De modo que son dos mundos distintos que conversan mutuamente, se susurran el uno al otro. Los adoro a los dos.
 |
|
 |
CI: Tu primer libro, The Street Was Mine, fue un ensayo centrado en la figura del hombre duro y solitario, el típico antihéroe del género. ¿Fue algo que considerabas que debías estudiar antes de empezar a escribir ficción, como una especie de trampolín para tus propias novelas?
MA: The Street Was Mine empezó como mi tesis. Había completado mi doctorado en literatura inglesa y americana y quería escoger algo distinto para mi disertación, así que se me ocurrió centrarla en todos aquellos libros maravillosos que habían servido de base para mis películas favoritas. Leí El sueño eterno y El cartero siempre llama dos veces y supe que había encontrado mi pasión. Nunca había tenido ninguna intención de escribir ficción, pero mientras trabajaba en la tesis sentí la necesidad de dar salida a todo lo que estaba asimilando de una manera menos analítica, así que empecé a escribir fragmentos de lo que luego acabaría siendo Die a Little, mi primera novela. Al principio sólo eran retazos, una idea vaga, pero cuanto más leía más impulso cobraba. Al escribir un estudio crítico, no tienes demasiadas oportunidades de “disfrutar tu disfrute” de los libros que estás estudiando, así que escribir la novela fue mi manera de conseguirlo.
CI: No sé si estarás de acuerdo, pero para mí tus novelas son una especie de respuesta a esos clásicos de Chandler y Cain que analizaste en The Street Was Mine. No como una respuesta contraria, sino más bien como una aproximación paralela. Tus personajes habitan ese mismo mundo, pero evidentemente tienen una manera distinta de encararlo y puntos de vista diferentes acerca de lo que está pasando. ¿Qué fue lo que aprendiste escribiendo The Street Was Mine y qué impacto tuvo luego en tu prosa?
MA: ¡Gracias! Era consciente, mientras lo escribía, de que se trataba de novelas acerca de un mundo eminentemente masculino, y me pareció que la oportunidad la pintaban calva para escribir el mismo tipo de libros pero con personajes femeninos que no fueran mujeres fatales (o que no estuvieran consideradas como tales ni se vieran definidas únicamente por su habilidad para atrapar a los hombres). De modo que creo que escribir el ensayo me abrió una puerta. Pero lo que pasó principalmente fue que leyendo todas esas maravillosas novelas me entraron ganas de pasar a formar parte de su mismo tejido oscuro. Y al leer tantas de golpe, los diferentes estilos de prosa, la lógica maniquea, su cualidad confesional… sencillamente me fascinaron y me entraron ganas de escribir de la misma manera.
Para que te fíes. Cecil Kellaway, John Garfield y Lana Turner en
El cartero siempre llama dos veces (Tay Garnett, 1946).
CI: Die a Little y Reina del crimen están ambientadas en los cincuenta. The Song is You en 1949. Con Bury Me Deep retrocediste hasta los treinta. ¿Qué parte de la redacción de las novelas tuviste que invertir en documentarte? También me impresiona la aparente facilidad que tienes para reproducir con credibilidad los diálogos y la jerga del momento. Sé que hay autores, como David Peace, que escuchan mucha música, tanto buena como mala, de la época en la que ambientan sus novelas, para estudiar el sentido y el modo en el que se usan las palabras. ¿A qué tipo de fuentes recurres tú cuando escribes una novela de época?
MA: Me encanta el proceso de documentación, particularmente cuando se aparta de las fuentes más tradicionales. Aunque también leo libros de historia, prefiero los productos olvidados de usar y tirar, los cuales, creo, pueden llegar a decir mucho más sobre la cultura del momento que la llamada “historia oficial”. Siempre rebusco en los mercadillos y tiendas de segunda mano en busca de viejos recetarios, catálogos, menús, servilletas de locales, cantidad de revistas populares y tabloides. Y también la música. El enfoque de David Peace me parece que tiene todo el sentido. Yo también escucho cantidad de música perecedera, canciones de gramola perdidas, Tin Pan Alley, canciones humorísticas. Voy absorbiéndolo todo hasta que acaba siendo una especie de collage interminable que se va desplegando en mi cerebro. Y entonces paro y empiezo a escribir.
CI: En otras novelas has utilizado personajes basados en mujeres reales. ¿Hubo también alguna inspiración real tras el personaje de Gloria Denton? ¿Alguna vez ha habido, que tu sepas, una auténtica “reina del crimen”?
MA: Muy pocas a la escala a la que opera Gloria. Gloria está basada remotamente en Virginia Hill, la amante de Bugsy Siegel, en cuyo honor bautizó el Hotel Flamingo. Descubrí que había sido mucho más que la querida de un gángster. El hampa confiaba en ella para trasladar dinero y joyas, para ir a Suiza a abrir cuentas corrientes. Tenía un poder tremendo. En 1951 fue llamada a testificar frente al Senado y no cedió ni un milímetro. Les dijo que no sabía nada sobre el crimen organizado e insistió: “Trabajo donde quiero y cuando quiero. No bailo para nadie”. Esa frase me resultó embriagadora. Supe que quería poner un personaje parecido en el centro de una novela. Hill, en cualquier caso, parece haber sido una persona bastante temeraria, y yo quería hacer de Gloria una mujer más ordenada, más en control. En ese sentido, tiene más de, digamos, actuaciones cinematográficas de Joan Crawford o de Angelica Huston en Los timadores.
 |
|
 |
A la izquierda, Joan Crawford en Los condenados no gritan, en la que interpretó
un personaje basado en la auténtica Virginia Hill (derecha).
CI: Escritoras de misterio siempre ha habido, pero ¿dirías que ahora estamos viendo al fin una reinvención de algunos de los matices más tradicionalmente masculinos del género negro gracias a la obra de autoras como Christa Faust, Vicki Hendricks o tu misma?
MA: Sí que creo que estamos viviendo una verdadera oleada de ficción criminal más dura y más oscura escrita por mujeres, y me resulta emocionante ver que va cobrando impulso. Por supuesto, ser una mujer que escribe en un rincón tradicionalmente masculino del género sirve de ayuda a la hora de encontrar lectores. Hace que destaques. Eres una anomalía. Pero también hay nuevos terrenos por minar en lo que a tramas se refiere. ¡Sigue habiendo demasiadas pocas novelas negras protagonizadas por enfermeras o maestras de escuela, por ejemplo!
CI: ¿Cuáles son tus tres películas de género negro favoritas?
MA: Oh, qué difícil. Hoy voy a decir que Perdición, En un lugar solitario y El beso mortal.
CI: ¿Y tus tres novelas favoritas?
MA: El largo adiós, ¿Acaso no matan a los caballos? y El cartero siempre llama dos veces.
Bogart y la siempre asombrosa Goria Grahame viven En un lugar solitario (Nicholas Ray, 1950).
- No te pierdas este artículo de Megan Abbott (traducido al castellano) en el que ahonda en su atracción por el género negro: Nos vemos en la oscuridad.
- Una banda sonora para Reina del crimen, elegida personalmente por la autora, con temas como «You Don’t Own Me», «The Big Hurt» o «He Hit Me (It Felt Like a Kiss)» que dan buena idea de por dónde van los tiros de la novela. Escúchala en Spotify.
- Una interesante entrada de Megan en su propio blog hablando de Gilda (en inglés): Bar Nothing.
Entrevistas • Libros
Megan Abbott, Noir, Reina del crimen Un comentario
lunes 7 de marzo de 2011
Megan Abbott. Photo by Joshua Gaylord.
Universally hailed as a great stylist and rightful heiress to the greatest masters of hardboiled fiction, Megan Abbott has quickly become one of the most appreciated writers of her generation, deservedly so. And I’m confident that her next novel, The End of Everything (to be released July 7 by Little, Brown), will win her a much broader audience yet, far beyond the limits of noir aficionados already enthralled by her prose. Although there’s no shortage of good interviews with Megan available on the Web, I had a chat recently with her a propos of the Spanish release of her Edgar winner novel, Queenpin, so I thought I’d share it with you.
Oscar Palmer: When and how did you become interested in noir? I’ve read in your blog that you remember seeing Gilda with 9 or 10 years, so I’m guessing this is something that started brewing at a young age. Were your parent fans? Was this encouraged?
Megan Abbott: My parents were fans and very encouraging. They would scour used book stores for me for old movie books and take me to any revival screenings. Everything I write I can trace back to the old movies I watched on TV on Saturday and Sunday mornings. First, it was gangster movies—Public Enemy, especially—and then onto Howard Hawks, Billy Wilder. Somehow, those movies, especially film noir, became the dark foundation for me—they formed the world I wanted to enter, and writing was my way of entering that world.
OP: You’re obviously a great film buff, and I was wondering if you could elaborate a bit about how you think film has permeated your understanding, your expectations and maybe even your literary conception of what noir is. Or should be.
MA: Ah, that’s interesting. It’s true, my first exposure to noir was through film, and only fiction thereafter. For instance, I must have seen Double Indemnity a half-dozen times before I read it, in my 20s. I find them to occupy, generally, separate noir universes and I like to draw from both. There is something very special about the visual resonances film can give noir—bringing to vivid life these shadowy worlds, imparting a glamorous sheen that can make everything seem shinier, more hypnotic, more dangerous. The books, on the other hand, are so much more intimate and the use of first-person in particular (e.g., in Cain, Chandler) brings such intensity, makes everything feel rawer, closer. And, given the Production Code, the books also bring you far closer to the lurid, the unsayable. So these are two different worlds that speak to each other, whisper to each other. I love them both.
 |
|
 |
Queenpin around the world. Spanish edition (cover by Fernando Vicente) and French.
OP: Your first book, The Street Was Mine, was a scholarly essay on noir. Was this something you thought you should do before writing a novel, like a springboard or a laying of the grounds for your own novels?
MA: The Street Was Mine began as my graduate thesis. I had completed my Ph.D. coursework in English and American literature and I wanted to pick something different for my dissertation and I thought I might pursue all those wonderful books that became the basis of my favorite films. I read The Big Sleep and The Postman Always Rings Twice and knew I’d found my passion. I never had any intention of writing fiction, but while working on my thesis, I just needed some non-analytical outlet and found myself writing the pieces of what would become Die a Little, my first book. At first, it was just scraps, a vague idea, but the more I read, the more it fueled it. In writing a critical study, you don’t have as much opportunity to “enjoy your enjoyment” of the books you’re studying, so writing the novel was my way of doing that.
OP: I don’t know if you’ll agree, but I see your novels as some kind of answer to those Chandler and Cain classics you dissected in The Street Was Mine. Not as an antagonistic answer, but more of a parallel approach. Your characters inhabit that same world, but obviously they have a different way of dealing and a different point of view about what’s happening. Anyway, what I wanted to ask is; what did you learn writing The Street Was Mine and what impact did that have in your own prose?
MA: Thank you! I was aware, writing it, that these books were heavily a world of men, and there did seem a ripe opportunity to write these kinds of books with female characters who were not femme fatales (or not viewed as femme fatales and defined solely by their ability to entrap men). So I think that gave me a way in. But primarily reading all these wonderful books just made me want to be a part of their dark fabric. And reading so many in a row, the prose styles, the Manichean logic, the confessional qualities—it just enthralled me and I wanted to try to write like that.
He never saw it coming. Cecil Kellaway, John Garfield, and Lana Turner in
The Postman Always Rings Twice (Tay Garnett, 1946).
OP: Die a Little and Queenpin are set in the 50s. The Song is You in 1949. With Bury Me Deep you went back to the 30s. How big a part of writing these novels went to research? Also, I’m amazed at the seemingly effortless way you have of writing credible vintage dialog and slang. I know authors like David Peace listen to a lot of music, both good and bad, from the time they set their novels on, just to get a sense of which words were used and in which ways, among other things. What kind of sources do you turn to whenever you’re writing a period piece?
MA: I really love research—especially of the less traditional variety. While I will read standard history books, I prefer the more tossed-aside ephemera of the time, which I think can say a lot more about the culture than the so-called “official history.” I’m always trawling flea markets and yard sales for old cookbooks, catalogs, cocktail menus, cocktail napkins, lots of popular magazines and tabloids. Music too—that makes so much sense to me, David Peace’s approach. I listen to a lot of tossaway music, lost jukebox tunes, tin pan alley, novelty songs. I keep absorbing all of it until it becomes this sort of endless collage unfurling in my head. And then I stop, and start writing.
OP: You’ve used characters based on real women in other novels. Was there also any real life inspiration behind the character of Gloria Denton. Have there been, to the best of your knowledge, any real queenpins?
MA: Very few on the kind of scale Gloria works. Gloria is loosely based on Virginia Hill, the paramour of gangster Bugsy Siegel, the one after whom he named the Flamingo Hotel. I learned she was much more than a moll. The mob trusted her to move money and jewels, to go to Switzerland to open bank accounts. She had tremendous power. In 1951, she was called to testify in front of the U.S. Senate and she didn’t give an inch. She told them she didn’t know a thing about organized crime and insisted, “I work where I want and when I want. I don’t dance for nobody.” That line was intoxicating to me. I knew I wanted to bring a character like that to the center. Hill, however, appears to have been a pretty reckless person, and I wanted to make Gloria far more ordered, controlled. In that way, she derives more from, say, film performances of Joan Crawford, or Angelica Huston in The Grifters.
 |
|
 |
Left: The Damned Don’t Cry, in which Joan Crawford played a moll
modeled after the real life Virginia Hill (right).
OP: There have always been female mystery writers, but would you agree that we’re finally seeing an ongoing reinvention of the most male-oriented aspects of the genre, like hardboiled and vengeance yarns, being done by writers such as Christa Faust, Vicki Hendricks and yourself?
MA: I do think we are witnessing a real flood of tougher, darker crime fiction by women and it’s exciting to see it take on a kind of momentum. Of course, it’s been a help in terms of finding readers to be a woman writing in a traditionally male corner of the genre. You stand out. You’re an anomaly. And there’s also fresher terrain in terms of plots. There are still remarkably few noir novels about nurses or female school teachers, for instance!
OP: Name your three favorite film noirs.
MA: Oh, so hard. Today, I go with Double Indemnity, In a Lonely Place and Kiss Me Deadly.
OP: And your three favorite noir novels?
MA: The Long Goodbye, They Shoot Horses, Don’t They, and The Postman Always Rings Twice.
Bogart and the always amazing Goria Grahame find themselves In a Lonely Place (Nicholas Ray, 1950).
Authors • Interviews
Es Pop Ediciones, Megan Abbott, Queenpin Sin comentarios