Cultura Impopular

El blog de Espop Ediciones

Viernes 29 de abril de 2011

La América abandonada

David Simon.

El domingo pasado, HBO estrenó en Estados Unidos el esperado y fenomenal primer episodio de la segunda temporada de Treme, la serie creada por David Simon y Eric Overmeyer que retrata los quehaceres diarios de varios y variopintos personajes en la Nueva Orleans post-Katrina. Una excusa inmejorable para reproducir un par de fragmentos de esta extensa entrevista con el siempre interesante y locuaz Simon, realizada por Bill Moyers y aparecida en el número de este mes de la revista Guernica.

Bill Moyers: ¿Qué tiene la escena criminal que te aporta un agujero, quizás el mejor agujero, a través del cual ver cómo funciona realmente la sociedad norteamericana?
David Simon: Puedes ver las equivocaciones. Ves aquellas cosas que no llegan a los libros de educación cívica y ves lo interconectado que está todo. Lo conectados que están los resultados del sistema escolar con la cultura de las esquinas. O hasta qué punto interviene la influencia de los padres. El declive de la industria interactúa de repente con esa especie de fraude que es la escasez de la educación pública en los barrios pobres. Porque The Wire no era una historia sobre América, habla de la América que hemos abandonado, la que hemos dejado atrás.
Bill Moyers: Me impresionó una cosa que dijiste, hablando sobre drogadictos que salían de desintoxicarse y tenían que apretar los dientes para volver a arreglárselas en el barrio. Y entonces se encontraban cara a cara con una gran pregunta.
David Simon: “¿Qué estoy haciendo aquí?”. Ya sabes, se trata de tipos que salen de la adicción con treinta, treinta y cinco años, porque a menudo hace falta llegar hasta esa edad para conseguirlo; tipos que llegaron a la adicción acarreando toda una serie de problemas, algunos personales e interpersonales y otros sistémicos. Este tipo de personas son en realidad el excedente de Norteamérica. Nuestra economía no los necesita. No necesitamos al 10 o al 15% de nuestra población. Y ese es ciertamente el caso de aquellos con una carencia educativa, mal atendidos por el sistema escolar de los barrios pobres, que no han sido preparados para la tecnocracia de la economía moderna. Fingimos que los necesitamos. Fingimos que educamos a los críos. Fingimos que de verdad los estamos incluyendo en el ideal americano, pero no lo estamos haciendo. Y no son tontos. Ellos lo saben. Entienden que la única base económica viable en sus barrios es el negocio multimillonario de la droga.

Los chicos de la esquina en The Wire.

Bill Moyers: ¿Puede la ficción contarnos algo acerca de las desigualdades que el periodismo no pueda?
David Simon: A menudo me lo he preguntado, porque fui periodista durante muchos años y me consideraba bastante bueno. Como reportero, intentaba explicar el modo en el que la guerra contra las drogas no funciona, y escribía artículos muy trabajados y muy bien documentados que luego salían al éter y desaparecían. Después me ponían al lado el texto de algún columnista que se limitaba a escribir: “Pongámonos duros con las drogas”, como si no hubiera dicho nada. Incluso en mi propio periódico. Y entonces pensaba: “Tío, hacer esto con los datos es una lucha continua”. Cuando cuentas una historia con personajes, los espectadores pegan botes en sus asientos, y parte de eso se debe al modo en el que experimentamos la televisión.
Bill Moyers: ¿Es porque estamos atados a los hechos que no podemos llegar hasta donde podría llevarnos la imaginación?
David Simon: Uno de los temas de The Wire era que las estadísticas siempre mienten. Las estadísticas pueden realizarse de modo que afirmen cualquier cosa. Muéstrame cualquiera que describa un proceso institucional en América: medias académicas, estadísticas criminales, índices de arrestos, cualquier cosa que pueda aprovechar un político, cualquier cosa que alguien pueda usar para conseguir un ascenso, y tan pronto como inventes esa categoría estadística, cincuenta personas se pondrán a trabajar en la institución de turno para intentar desarrollar un método que haga parecer que se está dando un progreso cuando en realidad no hay progreso alguno. Vamos a ver, toda nuestra estructura económica siguió a ciegas la idea de que los títulos avalados por hipotecas tenían un valor cuando en realidad no tenían ninguno. Eran tóxicos. Y sin embargo se negociaba con ellos y se promovían porque alguien podía conseguir un beneficio a corto plazo. Del mismo modo que un comisario de policía o un sargento pueden recibir un ascenso, y un mayor puede convertirse en coronel, y un secretario de escuela puede convertirse en director, si consiguen que parezca que los chicos están aprendiendo o que se están resolviendo crímenes. Cuando era reportero tuve un asiento de primera fila para darme cuenta de cómo una vez aprendieron a meterle mano a las estadísticas del crimen, estas dejaron de representar la realidad.
Bill Moyers: Hay una escena en la tercera temporada de The Wire en la que el intendente Bunny Colvin, de la policía de Baltimore, uno de mis personajes favoritos, da una charla inusualmente sincera sobre la futilidad de esta guerra contra las drogas.
David Simon: No creo que tengamos estómago para evaluarla realmente.
Bill Moyers: ¿Qué quieres decir?

David Simon con otro habitual de este blog, George Pelecanos. Foto: Steve Ruark.

David Simon: Una vez más, tendríamos que hacernos a nosotros mismos un montón de preguntas incómodas. La mayoría de las personas afectadas por todo esto son de piel negra, oscura y pobres. Son los cascos antiguos abandonados de nuestras áreas urbanas. Como decíamos antes, económicamente, no los necesitamos; la economía americana no los necesita. Siempre y cuando no salgan de sus ghettos y sólo se maten entre ellos, estamos dispuestos a pagar una presencia policial para que los mantenga fuera de nuestra América. Y para que peleen por las sobras, que es lo que a todos los efectos es la guerra contra las drogas. Como básicamente nos hemos convertido en una cultura basada en el mercado, eso es lo que sabemos hacer y eso es lo que nos ha llevado hasta este triste desenlace. Y creo que vamos a seguir la misma lógica de mercado hasta llegar el amargo final.
Bill Moyers: ¿Que sería cuál?
David Simon: Si no los necesitas, ¿para qué te vas a molestar? ¿Por qué evaluar seriamente lo que le estás haciendo a tus ciudadanos más pobres y vulnerables? No hay ningún provecho en ello, al margen de marginalizarles y descartarles.
Bill Moyers: ¿Eres cínico?
David Simon: Soy muy cínico con las instituciones y su voluntad para someterse a una reforma. Cuando hablamos de personas e individuos, no soy cínico. Y creo que el motivo de que The Wire sea visible, o incluso tolerable, para los espectadores es porque muestra un gran afecto por los individuos. No es una serie misántropa en modo alguno. Tiene un gran afecto por todas esas personas, particularmente cuando se levantan para decir: “No voy a seguir mintiendo. Realmente voy a pelear por lo que percibo que es una pizca de verdad“. ¿Sabes? Con el tiempo la gente recordará The Wire y pensará: “No era una serie tan cínica como nos pareció en su momento. En realidad era más periodística que otra cosa. Estaban siendo groseramente francos. Pero era menos malintencionada de lo que nos pareció”. Creo que en Baltimore la respuesta inicial al ver la serie en emisión fue: “Estos tíos están siendo injustos y mezquinos. Han salido a machacarnos”. Pero en realidad era una carta de amor a la ciudad.

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Martes 26 de abril de 2011

En el principio fue la información

Lo primero que me llamó la atención de The Information: A History, A Theory, A Flood, de James Gleick, fue su monumental portada, diseñada por Peter Mendelsund, que me dejó sencillamente boquiabierto y con ganas de echarle las zarpas. Sin embargo, me daba un poco de reparo que el texto pudiera resultarme un tanto árido o excesivamente académico. Afortunadamente, la semana pasada la revista Smithsonian colgó en su web un extracto del mismo, reconvertido en artículo, que me ha convencido del todo. Tanto me ha entusiasmado, de hecho, que no he podido evitar traducir unos cuantos párrafos (el artículo original es mucho más extenso y recomiendo vivamente su lectura íntegra). Aquí los dejo por si a alguien más le pica la curiosidad, a la espera de que algún avezado editor se decida a publicar entre nosotros el libro completo (¡preferiblemente cuanto antes y respetando la portada!).

¿QUÉ DEFINE UN MEME?
Por James Gleick
«Lo que yace en el corazón de todo ser vivo no es fuego, ni un aliento cálido, ni una “chispa de la vida”. Es información, palabras, instrucciones», declaró Richard Dawkins en 1986. Convertido ya para entonces en uno de los principales biólogos evolutivos del mundo, acababa de capturar el espíritu de una nueva era. Las células de un organismo son nodos en una red de comunicaciones densamente entrelazadas, transmitiendo y recibiendo, codificando y descodificando. La propia evolución encarna un intercambio de información continuo entre organismo y ambiente. «Si quieres entender la vida», escribió Dawkins, «no pienses en légamos vibrantes y fluidos palpitantes, piensa en tecnología de la información». [...]
El auge de la teoría de la información instigó e impulsó una nueva visión de la vida. El código genético había dejado de ser una mera metáfora y estaba siendo descifrado. Los científicos se referían con grandiosidad a la biosfera: una entidad compuesta por todas las formas vitales de la tierra, rebosante de información, evolucionando y replicándose. Y los biólogos, tras haber absorbido los métodos y el vocabulario de las ciencias de la comunicación, fueron más allá para aportar sus contribuciones a la comprensión de la propia información. [...]

James Gleick.

Jacques Monod, el biólogo parisino que compartió un premio Nobel en 1965 por averiguar el papel jugado por las moléculas de ARN mensajero en la transmisión de información genética, propuso una analogía: igual que la biosfera se alza por encima del mundo de la materia inerte, hay otro “reino abstracto” que se alza sobre la biosfera. ¿Los habitantes de dicho reino? Las ideas.
“Las ideas han conservado algunas de las propiedades de los organismos”, escribió. “Al igual que ellos, tienden a perpetuar su estructura y a reproducirse; también pueden fusionarse, recombinarse, segregar sus contenidos; de hecho, también pueden evolucionar, y la selección debe de jugar un papel importante en dicha evolución”.
Las ideas tienen “poder para extenderse”, indicó —“infecciosidad, podríamos decir”— y algunas más que otras. Un ejemplo de idea infecciosa podría ser una ideología religiosa que cobra influencia sobre un grupo numeroso de personas. El neurofisiólogo norteamericano Roger Sperry había adelantado una noción similar varios años antes, argumentando que las ideas son “exactamente tan reales” como las neuronas que ocupan. Las ideas tienen poder, dijo:

Las ideas provocan ideas y ayudan a la evolución de nuevas ideas. Interactúan las unas con las otras así como con otras fuerzas mentales dentro del mismo cerebro, en cerebros vecinos y, gracias a las comunicaciones globales, también en otros cerebros lejanos y ajenos. Y también interactúan con el entorno exterior para producir, en conjunto, un avance explosivo en la evolución que va mucho más allá de cualquier otra cosa que hayamos podido ver en la escena evolutiva.

Monod añadió: “No me arriesgaré a aventurar una teoría de la selección de las ideas”. Tampoco hizo falta. Otros estaban dispuestos a ello.
Dawkins también dio el salto de la evolución de los genes a la evolución de las ideas. Para él, el papel protagonista es el del replicador, y lo que menos importa es que los replicadores estén hechos de ácido nucleico o no. Su regla es: “Toda la vida evoluciona según la supervivencia diferencial de las entidades replicadoras”. Allí donde haya vida, tiene que haber replicadores. Quizá en otros mundos los replicadores puedan surgir de una química basada en el silicio… o en ningún tipo de química.
¿Qué significaría para un replicador existir al margen de la química? “Creo que una nueva especie de replicador ha emergido recientemente en nuestro mismo planeta”, proclamó Dawkins en las últimas páginas de su primer libro, El gen egoísta, en 1976. “Nos está mirando a la cara. Aunque aún está en su infancia, dejándose llevar torpemente por su caldo primordial, ya está alcanzando el cambio evolutivo a un ritmo que deja a los viejos genes jadeando muy atrás”. Ese “caldo” es la cultura humana; el vector de transmisión es el lenguaje, y el lugar de cultivo es el cerebro.

Richard Dawkins.

Dawkins propuso un nombre para este replicador incorpóreo. Lo llamó el meme, y acabaría siendo su invención más memorable, mucho más influyente que sus genes egoístas o que sus posteriores proselitismos en contra de la religión. “Los memes se propagan a través del banco de memes saltando de cerebro en cerebro mediante un proceso que, a grandes rasgos, puede llamarse imitación”, escribió. Compiten unos con otros para hacerse con el control de unos recusos limitados, tiempo cerebral o ancho de banda. Sobre todo, compiten por nuestra atención. Por ejemplo: ideas, canciones, frases hechas, imágenes. [...]
Los memes emergen de los cerebros y salen al exterior, estableciendo cabezas de playa sobre papel, celuloide, silicio y allá donde pueda viajar la información. No deben de ser considerados partículas elementales, sino organismos. El número tres no es un meme; tampoco lo es el color azul, ni ningun pensamiento sencillo, igual que un único nucleótido no puede ser un gen. Los memes son unidades complejas, distintivas y memorables. Unidades con el poder de perdurar.
Tampoco un objeto es un meme. El hula hoop no es un meme; está hecho de plástico, no de bits. Cuando esta especie de juguete se extendió en 1958 por todo el mundo en una loca epidemia, fue el producto, la manifestación física, de un meme o memes: el anhelo de tener un hula hoop; los meneos, balanceos y habilidades necesarias para usarlo. El hula hoop en sí mismo es un vehículo para el meme. También, de igual modo, lo son todos aquellos que lo usan; un vehículo sorprendentemente efectivo en el sentido perfectamente explicado por el filósofo Daniel Dennett: “Un carro con ruedas de radios no sólo traslada grano o cualquier otra carga de un lugar a otro; traslada la brillante idea de un carro con ruedas de radios de mente en mente”. [...]

El hula hoop no fue un meme. La fiebre de usarlo sí.

Durante la mayor parte de nuestra historia biológica los memes existieron efimeramente, su principal modo de transmisión era el llamado “boca a boca”. Últimamente, sin embargo, han conseguido adherirse a sustancias sólidas: tabletas de barro, paredes de cuevas, hojas de papel. Adquieren longevidad a través de nuestras plumas y nuestras imprentas, cintas magnéticas y discos ópticos. Se diseminan a través de antenas y redes digitales. Los memes pueden ser relatos, recetas, habilidades, leyendas o modas. Y nosotros los copiamos, de individuo en individuo. El otro punto de vista, desde la perspectiva centrada en el meme de Dawkins, es que se copian a sí mismos.
“Creo que, dadas las condiciones adecuadas, los replicadores se juntan automáticamente para crear sistemas, o máquinas, que les dan movilidad y trabajan para favorecer su replicación continua”, escribió. Con esto no pretende sugerir que los memes sean actores conscientes; sólo que son entidades con intereses que pueden verse impulsados por la selección natural. Sus intereses no son los nuestros. “Un meme”, dice Dennett, “es una carga de información con genio”. Cuando hablamos de luchar por un principio o morir por una idea, podríamos estar siendo más literales de lo que creemos.
Como los genes, los memes tienen efectos en el mundo al margen de sí mismos. En algunos casos (el meme de encender el fuego, el de usar ropa, el de la resurrección de Jesús) los efectos pueden ser realmente poderosos. A la vez que diseminan su influencia por el mundo, los memes influyen en las condiciones que afectan a sus opciones de sobrevivir. Los memes que comprenden el código Morse obtuvieron un efecto enérgico y positivo. Algunos memes reportan evidentes beneficios para sus anfitriones humanos (“Mira antes de saltar”, conocimiento del RCP, lavarse las manos antes de cocinar), pero el éxito memético y el éxito genético no son la misma cosa. Los memes pueden replicarse con impresionante virulencia a la vez que dejan un reguero de daños colaterales: patentes de medicinas y cirugía psíquica, astrología y satanismo, mitos racistas, supersticiones. En cierto modo, estos son los más interesantes: los memes que prosperan en detrimento de sus anfitriones, como por ejemplo la idea de que los terroristas suicidas encontrarán su recompensa en el cielo.

Un gorila aprendiendo a dar collejas por mimética.

Los memes podían viajar sin palabras antes incluso de que naciera el lenguaje. La simple imitación basta para replicar el conocimiento: cómo afilar una punta de lanza o encender un fuego. Entre los animales, se sabe que los chimpancés y los gorilas adquieren comportamientos por imitación. Algunas especies de pájaros aprenden sus canciones, o al menos variantes de las mismas, tras oírselas a otros pájaros (o, de un tiempo a esta parte, a ornitólogos con reproductores de audio). Los pájaros desarrollan repertorios y dialectos; en resumen, muestran una cultura aviar que precede a la cultura humana en eones. A pesar de estos casos especiales, durante la mayor parte de la historia humana, los memes y el lenguaje han ido de la mano. (Los clichés son memes). El lenguaje hace las funciones del primer catalizador de la cultura. Sustituye a la simple imitación, extendiendo el conocimiento mediante abstracción y codificación. [...]
Una fuente de resistencia —o al menos de incomodidad— fue el paso a segundo término de nosotros los humanos. Afirmar que una persona sólo es un medio para que un gen cree más genes ya era bastante malo. Ahora los humanos debían ser considerados además vehículos para la propagación de memes. A nadie le gusta ser considerado una marioneta. Dennett resumió el problema de la siguiente manera: “No sé a ustedes, pero a mí en principio no me atrae la idea de que mi cerebro sea una especie de montón de abono en el que las larvas de las ideas de otras personas se renuevan, antes de enviar copias de sí mismas en una diáspora de información… ¿Quién está al al cargo según esta visión, nosotros o nuestros memes?”.
Él mismo respondió su pregunta recordándonos que, nos guste o no, raras veces estamos “al cargo” de nuestras mentes. Podría haber citado a Freud, pero en vez de eso citó a Mozart (o eso creía él): “En la noche, cuando no puedo dormir, las ideas se agolpan en mi cerebro. ¿De dónde vienen y cómo llegan hasta mí? Ni lo sé ni tengo nada que ver con ello”. Más tarde a Dennett se le informó de que esta conocida cita no era en realidad de Mozart. Había cobrado vida propia; era un meme bastante exitoso. [...]

Aunque puede que Mozart no tuviera este aspecto, muchos tenemos esta imagen en mente
cuando pensamos en él. Las imágenes también son memes.

A medida que el arco del flujo de la información tiende hacia una conectividad aún mayor, los memes evolucionan más rápido y se extienden más lejos. Su presencia se siente, aunque no se vea, en comportamientos borreguiles, pánicos bancarios, cascadas de información y burbujas financieras. Algunos falsos memes se extienden con ayuda insincera, como la aparentemente imbatible noción de que Barack Obama no nació en Hawaii. Y en el ciberespacio, cada nueva red social se convierte en una nueva incubadora de memes. [...]
En la competición por el espacio de nuestros cerebros y de la cultura, los auténticos combatientes son los mensajes. “El mundo humano está hecho de historias, no de gente”, escribe el novelista David Mitchell, “las personas que las historias usan para contarse a sí mismas no pueden ser culpadas”.
Fred Dretske, filósofo, escribió en 1981: “En el principio estuvo la información. La palabra llegó luego”. Después añadió esta explicación: “La transición se logró mediante el desarrollo de organismos capacitados para explotar selectivamente esta información con objeto de sobrevivir y perpetuar su clase”. Ahora podríamos añadir, gracias a Dawkins, que la transición se logró mediante la información en sí misma, sobreviviendo y perpetuando su clase y explotando selectivamente organismos.
La mayor parte de la biosfera no puede ver la infosfera; es invisible, un universo paralelo que vibra con habitantes fantasmales. Pero no son fantasmas para nosotros. Ahora ya no. Sólo nosotros, los humanos, entre todas las criaturas orgánicas de la tierra, vivimos en ambos mundos a la vez. Es como si, tras haber coexistido durante largo tiempo con lo invisible, hubiéramos empezado a desarrollar la necesaria percepción extrasensorial. Somos conscientes de las muchas especies de información. Nombramos los tipos sardónicamente, como para asegurarnos a nosotros mismos que los entendemos: “mitos urbanos”, “medias verdades”. Los mantenemos vivos en servidores bien refrigerados. Pero no podemos ser sus dueños. Cuando una melodía permanece en nuestros oídos, o una manía cambia el mundo de la moda, o un falso rumor domina la charla global durante meses y desaparece con la misma rapidez con la que llegó, ¿quién es el amo y quién el esclavo?

Leonardo DiCaprio, convertido en meme.

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Domingo 24 de abril de 2011

A las puertas del infierno

Los Antònia Font dispuestos a explorar un glaciar sonoro. Foto: Biel Santandreu.

Llevo toda la semana obsesionado con Lamparetes, el nuevo disco de Antònia Font. Y cuando digo obsesionado no lo digo en plan retórico ni porque me guste exagerar, sino porque cuando unas cuantas melodías se te meten en el cuerpo a nivel subcutáneo y se pasan el día viajando entre las neuronas y la lengua, irrumpiendo en los momentos más inesperados, mientras haces cola para la caja del supermercado o sorbes un potaje de garbanzos, no se me ocurre otra definición más adecuada. Es como una infección contagiosa que viaja directamente del equipo de música al cerebro. Una sensación poco menos que de dependencia que te obliga a pulsar repetidamente el replay y a ponerte pesadísimo con todo el mundo alabando las excelencias del disco en cuestión. Así pues, porque no puedo evitarlo, ahí va mi canción favorita de Lamparetes (y para mi gusto uno de los mejores temas que han grabado los Antònia Font en toda su carrera) acompañada de la letra en mallorquín y en castellano.

ICEBERGS I GÈISERS
Jo l’enyor com segles de glaceres solitàries
davallant mil·límetres cap als oceans (icebergs),
molt abans que habitassin sa Terra es éssers humans,
no hi havia ningú per mirar-les, només crustacis i algues (icebergs).
Jo l’enyor com el Titànic, com si m’haguessin tallat els collons
mil elefants en estampida que se m’enduen sa vida.

Som davant ses portes de l’infern,
m’és igual la mar infinita navegant a dins sa fosca,
som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.

Jo l’enyor com segles de glaceres solitàries
davallant mil·limetres cap als oceans (géisers),
un piano caient de s’Empire State (Building),
era tonta i rosseta, segons s’al·lot, sa jugueta.

Som davant ses portes de l’infern,
plataformes de petroli amb diàmetres enormes,
Som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.
Som davant ses portes de l’infern,
rodejat de flamarades molt amunt a dins ses ombres,
som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.

ICEBERGS Y GÉISERES
Yo la añoro como siglos de glaciares solitarios
bajando milímetros hacia los océanos (icebergs)
mucho antes de que habitaran la Tierra los seres humanos,
no había nadie para mirarlos, solo crustáceos y algas (icebergs).
Yo la añoro como el Titanic, como si me hubieran cortado los cojones
mil elefantes en estampida que se me llevan la vida.

Estoy delante de las puertas del infierno,
me da igual la mar infinita navegando por dentro de la oscuridad,
estoy a las puestas del infierno por ti y tengo planes de futuro.

Yo la añoro como siglos de glaciares solitarios
bajando milímetros hacia los océanos (icebergs)
un piano cayendo del Empire State (Building)
era tonto y rosadito, según el niño, el juguetito.

Estoy delante de las puertas del infierno,
plataformas de petróleo con diámetros enormes,
estoy a las puestas del infierno por ti y tengo planes de futuro.
Estoy delante de las puertas del infierno,
rodeado de llamaradas muy arriba entre las sombras,
estoy a las puertas del infierno por ti y tengo planes de futuro.

El resto del disco es igual de espléndido, y consigue la extraña hazaña de ser el más barroco y atrevido de su carrera y, a la vez, quizá el más accesible. Según contaba Joan Miquel Oliver en una entrevista con la agencia ACN: “Cada vez nos abrimos más puertas. Cada vez el público nos abre más puertas aceptando nuestras rarezas. Cualquier cosa me sirve para componer y en este caso pensé en los pioneros, en los descubridores, en exploradores. Que en la actualidad pueden ser, yo que sé, artistas o gente como Clint Eastwood, que ha hecho una carrera en la que está demostrando que cada vez es mejor, está demostrando que eso de la juventud es como una especie de mito que está sobrevalorado”. Clint Eastwood es, precisamente, el protagonista y título del primer single de este Lamparetes, y aquí está su vídeo.

· Pincha aquí para ver las fechas de la gira de presentación de Lamparetes, que comienza mañana en Palma de Mallorca.

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Miércoles 20 de abril de 2011

45 minutos de entretenimiento

Tengo la perspectiva de ser un lector de relatos cortos desde que tenía 8 ó 9 años. En aquel entonces había revistas por todas partes. Había tantas revistas publicando ficción breve que nadie podía abarcarlas todas. Eran como una gran boca abierta que exigía que la alimentaran. Ya sólo los pulps, los pulps de 15 y 20 centavos, publicaban unos 400 relatos al mes, y eso sin contar lo que llamábamos las revistas “elegantes”: Cosmopolitan, American Mercury… Todas esas revistas publicaban ficción breve. Y luego el pozo empezó a secarse. Hoy en día te bastan literalmente los dedos de ambas manos para contar el número de revistas, que no pertenezcan a pequeñas editoriales, que publican relatos cortos. Y yo siempre he querido escribir para un gran público. Me parece una ambición honorable, igual de honorable que decir: “Tengo una obra que sólo va a ser apreciada por una pequeña franja de público”. Y hay pequeñas revistas que publican en ese sentido, pero muchos de los individuos que leen esas revistas sólo las leen para ver qué tipo de relatos publican para poder enviarles los suyos. El relato corto ha dejado de ser algo generalizado. No ves a gente en el avión con las revistas abiertas por la séptima entrega de lo nuevo de Norman Mailer. Por supuesto, Mailer ya falleció, pero ya sabes a lo que me refiero. Y tanto darle vueltas al e-book y al ordenador en parte sólo sirve para enturbiar las aguas y oscurecer el hecho de que la gente sencillamente ha dejado de leer relatos cortos. Y cuando has perdido la costumbre de hacerlo, pierdes la maña, pierdes esa habilidad para sentarte 45 minutos a entretenerte un rato con una historia como esta. [...] Cuando veo los libros de algunos de los autores de suspense que son populares hoy en día, pienso para mí mismo: “Básicamente son libros para gente que en realidad no quiere leer”. Pasan sin dejar huella, como una especie de comida rápida que va de la boca a los intestinos sin detenerse a nutrir ninguna parte del cuerpo. No quiero dar nombres, pero ya sabemos todos de quiénes estoy hablando.

Extraído de esta entrevista de James Parker a Stephen King, aparecida en el número de abril de The Atlantic, que también incluye un nuevo y tremendísimo relato breve de este último, Herman Wouk Is Still Alive, disponible aquí.

Los viejos paradigmas no han terminado de desaparecer y los nuevos paradigmas resultan todavía algo confusos. Y tenemos la cuestión tecnológica, no sabemos todavía lo que significa tener un cerebro digitalizado. La gente parece no poder concentrarse, por ejemplo, no puede detenerse un momento para leer un libro. Hay un número considerable de gente diciendo que ya no puede hacerlo. No el tipo literario, claro, sino la gente que decía leer unos doce libros al año o así. Esta gente se ha acostumbrado a picotear de uno y otro lado… Creo que la incapacidad para comprometerse con una experiencia lectora es una pérdida gigantesca. Me horrorizaría que mis hijos no fueran capaces de leer de esa forma. Pienso que las novelas tienen un lugar a la hora de buscar comprender el mundo, y esa es la razón por la que uno termina leyendo no ya a sus contemporáneos sino a la generación anterior, para de esa manera enriquecer nuestro mundo. Creo que eso es lo que hacen las novelas, enriquecer nuestro mundo. Como sabes, mis dos referentes principales son Bellow y Nabokov. La obra de Nabokov es enorme, mucho más que la de Bellow, y contiene por lo tanto excesos bastante más obvios. Sin embargo, Nabokov no se interesó ni por un segundo en la modernidad, en el mundo moderno, mientras que Bellow sí estaba interesado en él, su obra está mucho más relacionada con el mundo moderno, tiene esta especie de autoconciencia acerca de la cultura de masas. Pero en todo caso, no creo que eso sea lo importante en ninguno de los dos, lo importante es el disfrute artístico.

Extraído de esta entrevista de Diego Salazar a Martin Amis aparecida en Letras Libres.

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No se me ocurre nada más destinado a hacer infeliz a alguien que dejar de hacer
conscientemente lo que te apetece porque la gente quiere que hagas otra cosa.
Chuck Klosterman
Popsy