martes 28 de febrero de 2012
Título: Diablos de polvo
Autor: Roger Smith
Características: Rústica. 352 pags. 14 x 21,5 cm.
ISBN: 978-84-936864-7-5
Es Pop Ediciones. Colección Pulpo Negro nº 2
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Diablos de Polvo, Pulpo Negro, Roger Smith 8 comentarios
martes 21 de febrero de 2012
Título: Luna de Casino
Autor: Peter Blauner
Características: Rústica. 400 pags. 14 x 21,5 cm.
ISBN: 978-84-936864-6-8
Es Pop Ediciones. Colección Pulpo Negro nº 1
BSO: «Riding Down the Canyon». Jimmie Revard & His Oklahoma Playboys
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Luna de Casino, Peter Blauner, Pulpo Negro 2 comentarios
martes 14 de febrero de 2012

Desconozco los motivos que habrán impulsado a Es Pop Ediciones a editar Fargo Rock City en castellano diez años después de su publicación original, pero no nos queda más remedio que aplaudirlo. Las obras maestras son atemporales y sin lugar a dudas, el debut de Chuck Klosterman —como casi toda su obra, pues recomiendo enfervorizadamente Chuck Klosterman IV – A Decade of Curious People and Dangerous Ideas— lo es. A medio camino entre la autobiografía y el ensayo, el punto de partida de Fargo Rock City surge de las vivencias de un joven tirando a nerd criado en la rural Dakota del Norte y amante por encima de todo del hair metal. Que Klosterman fuese un amante del hair metal en los 80 era casi inevitable —como cualquier chaval de los Estados Unidos de aquellos días—, pero que en 2001, teniendo en cuenta que ya era un crítico musical de cierto renombre, escribiera un libro como este defendiéndolo, ya es mucho más extraño. Klosterman tira de su inigualable ironía y sentido del humor para crear un relato que explica su experiencia adolescente como amante de Mötley Crüe, Ratt, Guns N’ Roses… Y al mismo tiempo, reflexionar sobre un estilo de música que siempre ha sido vilipendiado y usado como objeto de mofa. Es cierto que en los años que separan la creación de Fargo Rock City y el momento actual, este estilo ha ganado algo de respeto —sólo hay que ver las recientes declaraciones de Ryan Adams proclamando su amor por Ratt—, pero el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo. El autor es el primero que se ríe —y hace reír al lector— de todo aquello cuando toca, pero detrás de todo eso, hay una reflexión inteligente sobre ya no sólo el hair metal, sino del porqué cuando un estilo se vuelve tan popular —aunque haya sido coyunturalmente—, éste suele ser tan poco respetado. Y de eso, el heavy metal en general podría decir unas cuantas cosas. Aunque algunos de los argumentos de Klosterman puedan ser más que discutibles, especialmente si uno ha vivido a fondo esa música, y que en algún momento casi intenta justificar su amor por estas bandas —el alcohol, la desorientación adolescente, etc.— la lectura del libro es todo un festival, no solamente imprescindible para aquellos a los que les gusta leer libros sobre música, sino para todo un público más casual que disfrute ante las exhibiciones literarias sobre la cultura pop. A poco que tenga suerte, de aquí a unos meses todo el mundo estará hablando de las excelencias de esta obra, siendo en cierta manera el equivalente literario a la película de Anvil. Vamos, que disfrutarás de ella aunque Poison te la traiga floja.
Richard Royuela. Rockzone # 77 (enero 2012)

Oh, el glam metal y el heavy de los ochenta. Mötley Crüe, Ratt, Poison, Cinderella, Guns N’ Roses… De acuerdo: tres de cada cuatro lectores arquearán las cejas pensando en esos cardados excesivos, el sexismo sonrojante y, en fin, el descerebre cervecero de casi todos los implicados, pero aun así no se me ocurre un libro mejor que Fargo Rock City (2001) para entender los cómos y los porqués de discos como Shout at the Devil y Appetite for Destruction. Y no tanto para apreciar el género como para encajarlo en el contexto adecuado desde el que debería ser observado.
Porque, como reza el subtítulo, esto es «Una odisea metalera en la Daköta del Nörte rural», y Klosterman echa el resto para responder a ese gigantesco ¿POR QUÉ? que ahora mismo pende sobre sus cabezas. «Nunca podré amar a Radiohead tanto como a Mötley Crüe porque nunca volveré a tener 15 años. Ciertamente puedo apreciar a Radiohead, pero no son una extensión de mi vida», escribe el autor de Pégate un tiro para sobrevivir (2005; Mondadori, 2006) como resumen a un libro en el que el gusto por el humor, conocimiento del medio y perspectiva de quien ha visitado otros lugares se alían para encontrarle sentido a algo que casi todos consideran un sinsentido.
Tal vez por eso algunas de sus teorías resultan tan desconcertantes como sugestivas —las similitudes que traza entre Axl Rose y Morrissey—, y sus alocadas idas y venidas a través del género acaban convirtiendo Fargo Rock City en un libro indispensable para cualquier amante de los discos y las canciones con un mínimo sentido del humor.
David Morán. Rockdelux # 303 (febrero 2012).

A pesar de algún que otro desacuerdo, Fargo Rock City es un libro imprescindible. La nostalgia es un arma muy poderosa, pero a todos aquellos que veáis en él un reflejo de vuestra vida, deciros que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. Por supuesto que es grande que alguien escriba (y que otro alguien traduzca) una obra sobre el Hard 80’s que no sea la típica biografía de tal o cual grupo, y si encima resulta tan divertido como el presente, pues mejor que mejor. Pero que quede claro que a pesar de estar ante una obra tremendamente adictiva, divertida y razonada, tenemos un problema, si bien no insalvable, sí francamente irritante: las formas de Klosti. […] Cuando habla de sus experiencias juveniles, de su opinión sobre esta o aquella banda, un videoclip, el look de Poison… resulta tremendamente divertido, se podrá estar o no de acuerdo con sus afirmaciones, reflexiones y frases lapidarias, todas perfectamente razonadas y argumentadas, a pesar de que se nota sobremanera que después de haber sido metalero en su juventud (la obra se publicó originalmente en 2001) es consciente de lo ridículo que resultaba, que sus horizontes musicales se han ampliado, cosa que está muy bien, pero el tonillo de sabiondo es algo que no encaja muy bien con el tema. […] Las afirmaciones y calificaciones sobre bandas como Whitesnake, Cinderella o Great White, grupos que aun así le interesaban, no sentarán bien al fan y el hecho de otorgar a alguno de sus discos favoritos un valor monetario en el capítulo más largo del libro —valora su gusto por cada disco en términos de cuánto dinero tendría que recibir por no volver a escucharlo—, me parece una falta de respeto importante. […] A buen seguro su primera y última finalidad es la provocación (entre medias dejamos el autobombo y las pretensiones de demostrar lo cool que es, viéndose a sí mismo como una especie de adalid underground del sueño americano), lo que a pesar de que nos irrite a la vez que nos deleita, es algo implícito dentro del rock’n’roll. Chuck usa —tanto la suya como la nuestra— la rebeldía y la pasión como armas, y consigue darnos de lleno. En ese aspecto estamos ante una obra absolutamente magistral. […] Las contradicciones personales es lo que dan sentido a cada vida. Chuck lo sabe y hace de ello un arte.
Momentos brillantes hay muchos. Particularmente me quedo con ese fragmento en que define qué tipo de chicas le interesaban a cada banda… absolutamente descacharrante y no falto de razón. El fondo de la obra es, en una palabra, el reflexionar sobre por qué nos gusta y nos fascina un determinado tipo de música, el Hard & Heavy 80’s en este caso, y la posterior influencia que nuestros gustos juveniles ejercen en nuestra forma de entender la vida y el arte en el futuro como adultos. […] Estoy convencido de que Fargo Rock City despertará por igual odios y pasiones, pero si alguna vez habéis sentido algo de amor por el Rock’n’Roll no podéis dejarlo pasar de largo.
Fernando Tanxencias, Popular 1 # 460 (febrero 2012)
En la prensa
Chuck Klosterman, Es Pop Ediciones, Fargo Rock City Un comentario
miércoles 8 de febrero de 2012
«Malditas bastardas: las nuevas dominatrix de la novela negra americana» es el título de un excelente y extenso artículo de Jesús Palacios aparecido en el nº 96 de la revista Clarín (año XVI, Noviembre-Diciembre, 2011). En el mismo, Palacios nos ofrece un informado y detallado repaso a la historia de la novela criminal femenina, partiendo de las grandes damas del misterio (con Agatha Christie a la cabeza) y las reinas del thriller psicológico (como Patricia Highsmith o Ruth Rendell), hasta llegar a las más recientes cultivadoras de la vertiente más dura y canalla del género negro: el hard-boiled. Entre éstas no podían faltar dos de nuestras autoras, Christa Faust y Megan Abbott, de cuya obra habla precisamente Palacios en los siguientes extractos que ha tenido la amabilidad de cedernos para reproducir aquí en el blog. Si tenéis ocasión, no dejéis de leer el artículo completo, que merece mucho la pena.
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Malditas bastardas
Se han tomado su tiempo. Casi un siglo. Vienen precedidas de un buen número de ilustres pioneras, a muchas de las cuales nos hemos referido ya, quienes desde el “thriller psicológico”, apropiándose del género a su manera, habían conseguido romper la ley del silencio que rodeaba a la mujer en el mundo de la novela negra. Pero todavía no existían escritoras hard boiled duras, duras de verdad. Capaces de poner en su sitio no al romántico Chandler ni al cínico Hammett o al fatalista Cain, sino a tipos tan desagradables, sucios y violentos como W. R. Burnett, Mickey Spillane, Chester Himes, Richard S. Prather, Donald Westlake —mejor dicho, Richard Stark—, Hadley Chase… O el mismísimo Jim Thompson. Ahora están aquí. Leerlas es como darse un chute de novela y cine negros directamente en vena, pasado por la trituradora de la cultura post-tarantino, con genuino sabor de pulp fiction a prueba de bombas. Son las nuevas dominatrices de la novela negra norteamericana más actual, superando no solo prejuicios de género —en este caso, de géneros: literario y sexual—, sino también tópicos preestablecidos sobre la literatura femenina y lo que se supone deben escribir y leer las propias mujeres. […]

Angel Dare, protagonista de A la cara, es un personaje tan creíble como atípico dentro del mundo de la novela negra y criminal escrita por mujeres. Antigua actriz porno retirada, se dedica a trabajar como agente para la industria del género, sin sentir pudor ni vergüenza alguna por su condición profesional, sino todo lo contrario. Víctima de una retorcida intriga que la deja fuera de juego y perseguida como sospechosa de asesinato, tendrá que convertirse en detective a la fuerza para salvar el pellejo y, de paso, vengar a un amigo asesinado. Escrita con vigor típicamente pulp —no en vano Faust es especialista en novelizaciones de películas y series de televisión—, aunque ambientada en la actualidad, posee un cierto toque camp perfectamente disfrutable, que emparenta su estilo con las revisiones cinematográficas del género orquestadas por figuras como Tarantino, Guy Ritchie o Shane Black. Ingeniosa, ágil, contundente y sin buscar la fácil complicidad emocional del público femenino al uso, Christa Faust reinventa el hard boiled desde un punto de vista que desafía las convenciones genéricas —tanto en sentido literario como sexual—, adoptando un tono que remite antes a escritores como Donald Westlake o incluso Mickey Spillane, que a figuras femeninas clásicas como las de Patricia Highsmith o Vera Caspary. De hecho, la novela está dedicada a Richard S. Prather, creador del detective Shell Scott, maestro de la novela negra injustamente olvidado hoy, perteneciente a la escuela de los años 50 y 60, irónica, dura y desmitificadora.
Si Angel Dare tiene algo de feminista, es más bien en el sentido del post-feminismo salvaje y radical de polemistas y escritoras como Camille Paglia, que reivindican la feminidad como arma mortal, y la apropiación inteligente de la pornografía y la cultura pulp, generalmente asociadas exclusivamente al consumidor masculino e incluso machista, por parte de la mujer. A la cara es una joya del noir —seguida ya por una nueva aventura de su protagonista, Choke Hold—, que anuncia una voz única dentro del género. Una dominatrix capaz de dar un giro inesperado a la tradición femenina del thriller, que Tarantino ha definido muy bien con una simple frase: “Christa Faust es la única morena en un mundo de rubias”.

Aunque eso no es del todo cierto. Megan Abbott, estudiosa del género que ha publicado diversos ensayos y antologías sobre literatura y cine negros, así como varias novelas inspiradas en casos reales, se ha convertido a su vez en referencia obligada para este nuevo hard boiled con perfume —barato— de mujer, que ha venido a romper convenciones y tópicos asociados al género. Reina del crimen (publicada también por Valdemar/Es Pop), ganadora en el 2008 del Premio Edgar, entre otros, es una ingeniosa revisión de la típica historia de ascenso y caída de un personaje del hampa, llevada en esta ocasión a un inusual ámbito femenino. Escrita con ajustada sencillez, eficaz crescendo de suspense, y utilizando la sempiterna primera persona característica del hard boiled, Reina del crimen toca con sutileza y tensión contenida la relación moral y sexualmente ambigua entre una veterana dama del crimen organizado y su “aprendiza” en la profesión, que estalla a mitad de la novela en una inesperada explosión de violencia, digna del Jim Thompson más salvaje. Situada en unos años 50 un tanto imprecisos, nuevamente Megan Abbott nos hace pensar en figuras masculinas del género antes que en su tradición femenina, aunque a la vez retrate con inteligente captación introspectiva las luces y sombras —especialmente las sombras— de una relación de amistad, poder y traición entre mujeres, sin duda, mucho más peligrosas que los hombres. Aunque ha sido comparada con escritores como Cain o Chandler, la autora de Reina del crimen está más cerca de Jim Thompson que de ningún otro. Su novela más reciente es The End of Everything, siendo también autora del ensayo The Street Was Mine: White Masculinity in Hardboiled Fiction and Film Noir, así como de la antología A Hell of A Woman, que recopila relatos de la mayor parte de las nuevas —y no tan nuevas— voces femeninas de la novela negra anglosajona.
Quizá la diferencia fundamental entre Christa Faust y Megan Abbott sea que mientras la primera practica el hard boiled de manera casi intuitiva, trabajando directamente desde dentro del duro y competitivo mundo de la ficción popular, la segunda se plantea de forma programática la reconversión de los tópicos machistas del género, tras haberlos estudiado académicamente, en elementos perfectamente reificados desde el punto de vista femenino, sin caer en sentimentalismos ni feminismos facilones.
Jesús Palacios
· Entrevista con Megan Abbott.
· Entrevista con Christa Faust.
En la prensa
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