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Miércoles 8 de febrero de 2012

Malditas bastardas

“Malditas bastardas: las nuevas dominatrix de la novela negra americana” es el título de un excelente y extenso artículo de Jesús Palacios aparecido en el nº 96 de la revista Clarín (año XVI, Noviembre-Diciembre, 2011). En el mismo, Palacios nos ofrece un informado y detallado repaso a la historia de la novela criminal femenina, partiendo de las grandes damas del misterio (con Agatha Christie a la cabeza) y las reinas del thriller psicológico (como Patricia Highsmith o Ruth Rendell), hasta llegar a las más recientes cultivadoras de la vertiente más dura y canalla del género negro: el hard-boiled. Entre éstas no podían faltar dos de nuestras autoras, Christa Faust y Megan Abbott, de cuya obra habla precisamente Palacios en los siguientes extractos que ha tenido la amabilidad de cedernos para reproducir aquí en el blog. Si tenéis ocasión, no dejéis de leer el artículo completo, que merece mucho la pena.

Malditas bastardas
Se han tomado su tiempo. Casi un siglo. Vienen precedidas de un buen número de ilustres pioneras, a muchas de las cuales nos hemos referido ya, quienes desde el “thriller psicológico”, apropiándose del género a su manera, habían conseguido romper la ley del silencio que rodeaba a la mujer en el mundo de la novela negra. Pero todavía no existían escritoras hard boiled duras, duras de verdad. Capaces de poner en su sitio no al romántico Chandler ni al cínico Hammett o al fatalista Cain, sino a tipos tan desagradables, sucios y violentos como W. R. Burnett, Mickey Spillane, Chester Himes, Richard S. Prather, Donald Westlake —mejor dicho, Richard Stark—, Hadley Chase… O el mismísimo Jim Thompson. Ahora están aquí. Leerlas es como darse un chute de novela y cine negros directamente en vena, pasado por la trituradora de la cultura post-tarantino, con genuino sabor de pulp fiction a prueba de bombas. Son las nuevas dominatrices de la novela negra norteamericana más actual, superando no solo prejuicios de género —en este caso, de géneros: literario y sexual—, sino también tópicos preestablecidos sobre la literatura femenina y lo que se supone deben escribir y leer las propias mujeres. [...]

Angel Dare, protagonista de A la cara, es un personaje tan creíble como atípico dentro del mundo de la novela negra y criminal escrita por mujeres. Antigua actriz porno retirada, se dedica a trabajar como agente para la industria del género, sin sentir pudor ni vergüenza alguna por su condición profesional, sino todo lo contrario. Víctima de una retorcida intriga que la deja fuera de juego y perseguida como sospechosa de asesinato, tendrá que convertirse en detective a la fuerza para salvar el pellejo y, de paso, vengar a un amigo asesinado. Escrita con vigor típicamente pulp —no en vano Faust es especialista en novelizaciones de películas y series de televisión—, aunque ambientada en la actualidad, posee un cierto toque camp perfectamente disfrutable, que emparenta su estilo con las revisiones cinematográficas del género orquestadas por figuras como Tarantino, Guy Ritchie o Shane Black. Ingeniosa, ágil, contundente y sin buscar la fácil complicidad emocional del público femenino al uso, Christa Faust reinventa el hard boiled desde un punto de vista que desafía las convenciones genéricas —tanto en sentido literario como sexual—, adoptando un tono que remite antes a escritores como Donald Westlake o incluso Mickey Spillane, que a figuras femeninas clásicas como las de Patricia Highsmith o Vera Caspary. De hecho, la novela está dedicada a Richard S. Prather, creador del detective Shell Scott, maestro de la novela negra injustamente olvidado hoy, perteneciente a la escuela de los años 50 y 60, irónica, dura y desmitificadora.
Si Angel Dare tiene algo de feminista, es más bien en el sentido del post-feminismo salvaje y radical de polemistas y escritoras como Camille Paglia, que reivindican la feminidad como arma mortal, y la apropiación inteligente de la pornografía y la cultura pulp, generalmente asociadas exclusivamente al consumidor masculino e incluso machista, por parte de la mujer. A la cara es una joya del noir —seguida ya por una nueva aventura de su protagonista, Choke Hold—, que anuncia una  voz única dentro del género. Una dominatrix capaz de dar un giro inesperado a la tradición femenina del thriller, que Tarantino ha definido muy bien con una simple frase: “Christa Faust es la única morena en un mundo de rubias”.

Aunque eso no es del todo cierto. Megan Abbott, estudiosa del género que ha publicado diversos ensayos y antologías sobre literatura y cine negros, así como varias novelas inspiradas en casos reales, se ha convertido a su vez en referencia obligada para este nuevo hard boiled con perfume —barato— de mujer, que ha venido a romper convenciones y tópicos asociados al género. Reina del crimen (publicada también por Valdemar/Es Pop), ganadora en el 2008 del Premio Edgar, entre otros, es una ingeniosa revisión de la típica historia de ascenso y caída de un personaje del hampa, llevada en esta ocasión a un inusual ámbito femenino. Escrita con ajustada sencillez, eficaz crescendo de suspense, y utilizando la sempiterna primera persona característica del hard boiled, Reina del crimen toca con sutileza y tensión contenida la relación moral y sexualmente ambigua entre una veterana dama del crimen organizado y su “aprendiza” en la profesión, que estalla a mitad de la novela en una inesperada explosión de violencia, digna del Jim Thompson más salvaje. Situada en unos años 50 un tanto imprecisos, nuevamente Megan Abbott nos hace pensar en figuras masculinas del género antes que en su tradición femenina, aunque a la vez retrate con inteligente captación introspectiva las luces y sombras —especialmente las sombras— de una relación de amistad, poder y traición entre mujeres, sin duda, mucho más peligrosas que los hombres. Aunque ha sido comparada con escritores como Cain o Chandler, la autora de Reina del crimen está más cerca de Jim Thompson que de ningún otro. Su novela más reciente es The End of Everything, siendo también autora del ensayo The Street Was Mine: White Masculinity in Hardboiled Fiction and Film Noir, así como de la antología A Hell of A Woman, que recopila relatos de la mayor parte de las nuevas —y no tan nuevas— voces femeninas de la novela negra anglosajona.
Quizá la diferencia fundamental entre Christa Faust y Megan Abbott sea que mientras la primera practica el hard boiled de manera casi intuitiva, trabajando directamente desde dentro del duro y competitivo mundo de la ficción popular, la segunda se plantea de forma programática la reconversión de los tópicos machistas del género, tras haberlos estudiado académicamente, en elementos perfectamente reificados desde el punto de vista femenino, sin caer en sentimentalismos ni feminismos facilones.
Jesús Palacios

· Entrevista con Megan Abbott.
· Entrevista con Christa Faust.

En la prensa , , , 2 comentarios

2 comentarios

  1. ¿Para cuando la nueva aventura de Angel Dare?

    La verdad que estas son las dos novelas que más me han gustado de las que habéis publicado. Pero no me quejo de Acero, la otra aún no la tengo.

  2. Hola Gilen, por ahora no tenemos planes de editar Choke Hold en un futuro cercano. Nos gustaría hacerlo, pero lo cierto es que A la cara tampoco es que haya sido un superventas, por lo que tendríamos que buscar alguna otra fórmula, tipo edición por suscripción o algo así. Lo estamos estudiando.

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