Cultura Impopular

El blog de Espop Ediciones

Domingo 22 de noviembre de 2009

No dejar que lo mejor empañe lo bueno

Robert Harris.

Más lecturas. Acabo de terminarme The Ghost (editada en España como El poder en la sombra), la novela más reciente de Robert Harris, un autor realmente popular en el mundo anglosajón al que yo prácticamente desconocía (de entre sus obras sólo me sonaba Enigma y era de haber visto la película). Harto de comerme las uñas esperando la publicación de la nueva entrega de las aventuras de Bernie Gunther, y siguiendo la recomendación de mi amigo David Muñoz, hace unas semanas le hinqué el diente a su primera novela, Patria, que describe el desarrollo de una investigación criminal en la Alemania nazi de 1964. No es un error, no. El libro está ambientado en una Alemania que no perdió la Segunda Guerra Mundial y que se prepara para celebrar el 75 cumpleaños de Adolf Hitler. Mientras tanto, un detective de homicidios de la Kriminalpolizei investiga la muerte en extrañas circunstancias de un importante mandatario del partido nazi, lo que le conducirá a descubrir involuntariamente una peligrosa conspiración criminal que amenaza con salpicar hasta a las más altas instancias del régimen. A pesar de cierta prevención inicial, acabé pasándomelo pipa. Como relato de investigación funciona de maravilla, los personajes exudan carisma y no carecen de momentos intimistas sorprendentemente sutiles y sugerentes dentro de lo que no deja de ser básicamente un thriller. Y como what if, como crónica de una historia alternativa que nunca tuvo lugar, es de las más convincentes que he leído nunca, a pesar de ser quizá la menos original (de ahí mi prevención inicial).
The Ghost también narra la historia de una conspiración, pero en este caso el protagonista no es un detective sino un “negro” profesional que se gana la vida redactando biografías para famosos (un oficio que en inglés recibe el nombre de ghost, es decir, fantasma).

Pierce Brosnan y Ewan McGregor en la adaptación de The Ghost dirigida por Polanski.

Tras recibir el encargo de escribir la autobiografía de un ex primer ministro británico claramente inspirado en Tony Blair, el escritor, narrador asimismo de la trama, se verá arrastrado por una serie de circunstancias al centro de todo un torbellino de intrigas, ilegalidades y corruptelas en torno al apoyo de Gran Bretaña a Estados Unidos en una guerra declarada a partir de falsos pretextos. Es evidente, y el propio Harris no lo niega, que The Ghost es un mordiente ajuste de cuentas con la historia reciente de su gobierno y que está escrito a partir del cabreo, lo cual no quita para que sea entretenidísimo, incisivo e intrigante como el mejor Le Carré. Si acaso, se le puede achacar un desenlace un tanto precipitado o peliculero (¡qué difícil es conseguir que todas las piezas encajen bien en el último momento sin que se vea la mano del autor!), pero de todos modos, si persiste una sensación es la de haberse pasado unas horas trepidantes completamente absorto en una intriga perfectamente armada. Es decir, literatura popular de la buena. Literatura popular de la buena que, además, haría bien en leer cualquier aspirante a escritor, sean cuales sean sus ambiciones, ya que contiene reflexiones tan acertadas como esta defensa de la escritura como una profesión y no sólo como un arte, toda una declaración de intenciones con la que no podía estar más de acuerdo:

«De entre todas las actividades humanas, la escritura es aquella para la que más fácil resulta encontrar excusas para no empezar: el escritorio es demasiado grande, el escritorio es demasiado pequeño, hay demasiado ruido, hay demasiado silencio, hace demasiado calor, hace demasiado frío, demasiado temprano, demasiado tarde. Con el transcurso de los años había aprendido a ignorar cualquier tipo de consideración para sencillamente ponerme a ello. Enchufé el portátil, encendí el flexo y contemplé la pantalla y el parpadeo del cursor. Un libro sin escribir es un maravilloso universo de infinitas posibilidades. Sin embargo, pon sobre el papel una palabra y de inmediato se convierte en algo prosaico. Pon sobre el papel una frase entera y ya está a medio camino de ser como cualquier otro maldito libro jamás escrito. Pero uno nunca debe dejar que lo mejor empañe lo bueno. En ausencia de genio, siempre queda la habilidad. Uno puedo intentar escribir al menos algo que cautive el interés del lector, que lo anime, tras haber leído el primer párrafo, a echar un vistazo al segundo, y luego al tercero».

CreaciónLibros , 2 comentarios

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