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El blog de Espop Ediciones

lunes 23 de febrero de 2009

James Bond Recovered

Mientras termino de escribir una entrada que tengo a medias acerca de las ventajas y las desventajas de la utilización de diseños unitarios y cerrados como método para darle una seña de identidad a las colecciones literarias, he pensado que bien podría ir abriendo boca subiendo unas cuantas imágenes de las que tenía pensado utilizar como ejemplo, ya que de otro modo no voy a tener espacio para todas cuando llegue el momento. Ya os adelanto en cualquier caso que, en líneas generales, no me suelen gustar nada los diseños de colección cerrados. Soy de la opinión de que cada libro merece un diseño específico y adecuado a su contenido. Otra cosa es que uno se encuentre de vez en cuando con un número determinado de títulos que, por temática, autor o personaje, sí den pie a una imagen unitaria o compartida. De hecho, hay ocasiones en las que ciertos libros prácticamente exigen a gritos ese tratamiento. Uno de los mejores ejemplos recientes que me vienen a la cabeza es el de la reedición de las novelas de James Bond por parte de Penguin UK con motivo del centenario del nacimiento de su autor, Ian Fleming. Es muy posible que ya hayáis visto algunas de las portadas que voy a colgar aquí (cuando no todas), ya que los libros salieron en mayo del año pasado y fueron bastante comentados durante los dos o tres meses previos al lanzamiento, pero de todos modos recuerdo haber pensado entonces que, de tener un blog, este sería precisamente el tipo de noticia que me hubiera gustado comentar, así que ahora que lo tengo voy a aprovechar al menos para sacarme la espinita.

Al servicio secreto de Su Majestad, Sólo se vive dos veces y Diamantes para la eternidad.
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Como decía, el 28 de mayo de 2008 se cumplió el centenario del nacimiento del escritor británico Ian Fleming. Para conmemorarlo, la rama británica de Penguin decidió reeditar las 13 novelas (más una colección de relatos) protagonizadas por su célebre personaje, el espía con licencia para matar. Según explicaba Colin Brush en el siempre interesante blog de la editorial: «Durante gran parte de los cuarenta y cuatro años transcurridos desde su fallecimiento [el de Fleming], sus libros han sido tratados por una sucesión de editores como un divertimento rápido y agradable, indigno de ser tomado demasiado en serio ni merecedor de mucha atención; un producto ciertamente impropio para adultos. El centenario del nacimiento de Fleming era un buen momento para retomar los libros de Bond y presentarlos bajo un aspecto que diga: «sí, son divertidos», pero que también deje implícito que no hay ningún motivo para no tomarlos en serio. Más importante aún, debían parecer libros que mereciera la pena tener».

Un par de ejemplos del trabajo de Michael Gillette. Pincha para ver en grande.


Para conseguirlo, Penguin decidió encargarle el trabajo al galés Michael Gillette, un ilustrador no exactamente fotorrealista pero que sí tira mucho de referencia fotográfica, que igual mete la mano en el pozo de la tradición del dibujo a línea caricaturesco británico (podéis ver sus caricaturas y bocetos en ese estilo suelto, con reminiscencias de Ralph Steadman, en su blog, Pencil Squeezing) que se acerca a escuelas de ilustración más recientes que le emparejan con artistas contemporáneos norteamericanos como Alex Gross, Tara McPherson o Craig Larotonda. Fue una decisión inspirada por parte de los editores, que bien podrían haber recurrido a un ilustrador más deliberadamente retro o, peor aún, haber intentado «modernizar» el irrepetible aspecto de los paperbacks originales (como hizo hace unos años Richie Fahey para la edición norteamericana de los libros de Bond). En vez de eso, apostaron por un artista capaz de recuperar el espíritu de las portadas originales pero sin renunciar a una estética moderna, sencilla y elegante; respetuoso con la tradición de Bond pero a la vez alejado de la simple imitación.

El espía que me amó, Dr. No y Casino Royale.
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La idea general para el proyecto, recuerda Gillette en esta entrevista para MI6 (una página británica dedicada a todo lo relacionado con 007), no pudo ser más sencilla: «Tipografía sobre mujeres desnudas. ¡Es difícil decirle que no a eso!». Y efectivamente, lo difícil no era eso, sino conseguir que cada portada tuviera una entidad personal sin dejar de mantener por ello una coherencia con el resto. En este caso, como en tantos otros, menos demostró ser más: los dos únicos elementos gráficos que se repiten exactamente igual en todas las portadas son el fondo crema y los números «007» en tipografía mecánica con el logo de Penguin refugiado en el segundo cero (curiosamente, en las primeras pruebas que se difundieron por la web, el pingüino iba sobre fondo naranja, replicando así el logo tradicional de la casa; en los ejemplares impresos, sin embargo, o al menos en los que tengo yo, el fondo es blanco, una decisión que me parece mucho más acertada). Los otros dos elementos de la portada también son conceptualmente los mismos (una chica más el título rotulado manualmente), pero la ejecución es diferente en todos los casos; las ilustraciones recorren varias gamas de colores, las hay verdes, naranjas, azules, moradas, marrones… y las tipografías también van de la más sencilla y directa de El hombre de la pistola de oro a los oropeles nupciales de Al servicio secreto de Su Majestad, pasando por la inevitable influencia cirílica de Desde Rusia con amor o por ese punto a lo Saul Bass de la que es mi particular favorita: Diamantes para la eternidad. ¿El resultado? Catorce portadas completamente distintas pero perfectamente reconocibles, sin necesidad de marcos, de inamovibles tipografías mecánicas, de enormes y anticuados logos o de cualquier otro recurso de esos a los que tan aficionados suelen ser los editores de nuestro país.

Sólo para tus ojos, El hombre de la pistola de oro y Octopussy.
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«La intención era que fueran cercanas», decía Michael Gillette en la entrevista anteriormente citada. «El desafío era conseguir que funcionaran como conjunto, como algo que una vez expuesto en la librería te atrajera desde lejos. Quería que fueran sencillas, desnudas en su mayor parte; el adorno en realidad es la tipografía. Las portadas de los libros deberían ser pequeños objetos de belleza que te dé placer tener sobre la mesa. Pequeñas joyas táctiles». Por mi parte, yo creo que estas lo son. De hecho, nunca he sido un gran fan de James Bond. Alguna que otra película me hace gracia, pero la única que puedo decir que realmente me apasiona es Casino Royale, y jamás había leído ninguna de las novelas hasta que, precisamente, estando de vacaciones este pasado junio me encontré en una librería de Edimburgo con esta edición llamándome a gritos desde el escaparate. Me compré seis de golpe y ahora me arrepiento de no haberme llevado también las demás, pues en menos de un año se han agotado y ya sólo se encuentran en tiendas de segunda mano o en e-bay, cosa que me fastidia horrores. No serán las mejores novelas del mundo (aunque algunas son bastante mejores de lo que cabría esperar) pero… carajo, mira que son bonitas.

Pincha aquí para ver todas las portadas en el blog de Michael Gillette.
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Creo que es mucho mejor ser buen historietista que mal misionero.
Charles Schulz
Popsy