Cultura Impopular

El blog de Espop Ediciones

Domingo 21 de octubre de 2012

Diseño poético, portada cruel

Uno de los mayores placeres, para nosotros, en el proceso de realización de los libros de la colección Valdemar/Es Pop, ha sido desde el principio el contacto y la colaboración con ilustradores a los que seguimos y admiramos. Para la portada de Poesía cruel quisimos contar con Abel Cuevas, uno de los artistas más activos y creativos de cuantos trabajan ahora en la menguada escena del cartelismo musical español, ya que nos parecía que podía darle una vuelta de tuerca muy interesante a los típicos tópicos asociados con el género negro.

Pensando precisamente en que antes o después acabaría escribiendo para el blog una entrada detallando el proceso de creación de esta portada, Manuel Bartual y yo nos plantamos a mediados de junio en el estudio de Abel para grabar la entrevista en vídeo que podéis ver arriba del todo. En ella, Abel nos habla de su carrera como ilustrador, de las diferencias entre el cartelismo y otros trabajos de ilustración y de los retos presentados por Poesía cruel en concreto. Si aún no lo habéis visto, os recomiendo echarle un vistazo antes de seguir bajando.

Entrando ya en materia, lo que estáis viendo sobre estas líneas son algunos de los primeros bocetos a lápiz realizados por Abel y algunas pruebas de color y composición; muy básicas, sí, pero que dan buena idea de algunas de las imágenes que comenzamos barajando para la portada. La ilustración a lápiz de la derecha es una de mis favoritas de todo el proceso y ha acabado convirtiéndose, al menos en mi cabeza, en la imagen que sirvió para “anclar” todo el conjunto.

Como podéis ver, el elemento de la serpiente es el más recurrente de todos (si habéis leído el adelanto de la novela ya sabéis por qué). También la idea de Abel de convertir a la protagonista en una especie de Medusa, algo de lo más apropiado teniendo en cuenta que Vicki Hendricks se apodera en Poesía cruel del típico concepto de mujer fatal para convertirlo en algo completamente nuevo, más inocente y fresco, pero no por ello menos letal.

No queríamos, en cualquier caso, olvidarnos de que la relación entre Renata y Jules es el eje sobre el que gira toda la novela, por lo que decidimos que había que jugar un poco tanto con los elementos que acercan a ambas mujeres como con los que las diferencian, creando un juego de reflejos alternos que, nos parece, se acerca más aún al espíritu de la novela.

Personalmente, me parecía importante darle a cada personaje su propio espacio y evitar la tentación de meter a ambas protagonistas en la misma imagen, para que el concepto no acabase resultando demasiado similar al de Reina del crimen, el anterior título publicado en esta misma colección, que también versa sobre la estrecha relación entre dos mujeres. A partir de ahí, la decisión de utilizar la portada y la contra como espacios contrapuestos resultaba la más natural.

Teniendo en cuenta que ya el simple hecho de presentar a Renata y a Jules como las dos caras de una misma moneda reforzaba de sobra la relación dual y complementaria entre ambos personajes, pasamos a ahondar en las diferencias: las curvas de Renata frente a los rasgos más angulosos y duros de Jules. La figura frágil de esta última, antecedida por el filo cortante y nada disimulado de las tijeras (como corresponde a un personaje que muestra continuamente sus emociones a flor de piel), en oposición a la silueta rotunda y atrayente de Renata, que sin embargo resulta mucho más peligrosa por todo lo que oculta.

El momento decisivo y en el que todo acabó encajando definitivamente fue cuando optamos por rellenar la silueta de Renata de negro, como si la estuviéramos viendo a contraluz, recortada frente al abrasador sol de Florida. Día y calor en la portada, noche y frescor en la contra. Ardor/frialdad. Provocación/represión. Deseo/peligro. Un enfrentamiento de conceptos tan manido que casi da vergüenza verbalizarlo, pero no por ello menos eficaz. Los clichés acaban siendo clichés por algo.

Como buen cartelista, Abel quiso crear también una rotulación manual que encajase bien con la ilustración. Una vez rematadas ambas fuentes, la del título y la del nombre de la autora, y una vez seleccionados los colores definitivos para la portada y la contra (más agresivos y chillones que los de las primeras pruebas; después de todo, estamos hablando de Miami) ya sólo quedaba integrar el resto de elementos necesarios para completar la cubierta: textos, códigos de barras, reseñas y demás irritaciones menores. El resultado final, lo tenéis bajo estas líneas. Esperamos que os guste.

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Viernes 13 de julio de 2012

Una entrevista con Vicki Hendricks

Además de escribir ficción, Keith Rawson es un incansable divulgador del pulp. Como colaborador habitual de LitReactor y Spinetingler Magazine, ha realizado diversas entrevistas a algunos de los más importantes autores de la narrativa negra y criminal, entre ellos a Vicki Hendricks, a la cual grabó con motivo del lanzamiento de su recopilación de cuentos Florida Gothic Stories. Keith ha tenido la gentileza de cedernos su entrevista, de la cual hemos extractado y subtitulado el fragmento que encontraréis arriba. Si tenéis ganas y tiempo, no dejéis de echarle un vistazo a la página de Keith en Vimeo, donde podréis ver más entrevistas con autores como James Sallis, Michael Connelly o Charlie Huston.

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Viernes 29 de junio de 2012

Reinas del crimen

Hace un par de años, con motivo del lanzamiento del libro de relatos Florida Gothic Stories, de Vicki Hendricks, el magazine digital Crimeculture tuvo la feliz idea de reunir a la que probablemente sea la gran escritora de culto del noir contemporáneo (seguida y ponderada por autores como Michael Connelly, George Pelecanos y Dennis Lehane)  y a una de sus más ilustres admiradoras, Megan Abbott, autora de novelas como Bury Me Deep y Reina del crimen (por la que recibió el premio Edgar Allan Poe a la mejor novela de misterio en 2007), para que charlasen sobre sus respectivas carreras y sus obras marcadamente femeninas en un género tradicionalmente machorro. Traduzco a continuación algunos fragmentos de la conversación, no sin antes recordaros que precisamente estos días tenemos en marcha una campaña de microfinanciación en Verkami para sufragar la edición de Poesía cruel, la novela más reciente y celebrada de Hendricks, de la cual podéis leer un extenso adelanto aquí.

Megan: A pesar de que eres conocida como la Reina del Noir, tu libro más reciente es una colección de relatos titulada Florida Gothic Stories. Me pareció, mientras los leía, que como poco le deben tanto a la tradición del Gótico Sureño de Flannery O’Connor y Carson McCullers como a Cain o Thompson. ¿Piensas en esos términos? ¿Qué te hizo escoger el título?

Vicki: ¡Hay que decir, Megan, que tú también eres conocida como la Reina del Noir! Así que me conformo con permanecer como co-regente. Me planteé titular el libro Florida Gothic Noir, pero me pareció demasiado específico. Creo que “gótico” es apropiado en el sentido más actual y popular de la palabra, porque tiene cierto matiz antinatural y preternatural, aunque en mis relatos no hay vampiros. En cualquier caso, tienes razón, a un nivel más profundo estaba pensando en el Gótico Sureño. [...] Una de mis palabras favoritas es “grotesco”, y siempre me he sentido atraída por personajes fallidos o retorcidos de manera inusual, tanto por dentro como por fuera. Adoro a esos personajes, a pesar de que te hagan sentir incómoda, siempre que intenten dar lo mejor de sí mismos. Por ejemplo, en el cuento “Stormy, Mon Amour”, la narradora, Cherie, es de naturaleza grotesca, habiéndose enamorado de un delfín y dado a luz a una sirena. El sexo entre especies suena repugnante para empezar, de modo que intenté jugar con las expectativas creando una escena de sexo entrañable para que el lector pueda simpatizar con Cherie en su búsqueda romántica.

Megan: Una de las cosas que adoro de tu aproximación a estos personajes “grotescos” es el afecto evidente que sientes por ellos. No los escribes desde una postura irónica o distanciada. Y no parece haber un deseo de escandalizar. Al contrario, los actos más escandalosos en tus historias tienden a ser cometidos por los personajes “normales”, particularmente los codiciosos. Fue una de las primeras cosas que me enamoraron de tu prosa al leer Miami Purity, en la que tu simpatía por la protagonista, Sherry Parley, persiste casi a pesar de sus actos. Es un enfoque que me ayudó mucho con la heroína de Bury Me Deep, en la que tuve que pararme a pensar: ¿cómo hago que una mujer apodada “la carnicera rubia” resulte simpática para el lector? ¿Ha sido esa siempre una de tus motivaciones?

Vicki: Debo reconocer que apenas era consciente de tener ningún “enfoque” cuando escribí Miami Purity. No sabía lo que estaba haciendo; me enamoré de mis personajes a medida que se fueron desarrollando y me daba igual si alguien más lo hacía, ya que nunca tuve en mente que me la fueran a publicar. Mi objetivo era producir algo en la misma onda de El cartero siempre llama dos veces, que acababa de descubrir y me tenía completamente fascinada, sobre todo con sus personajes más “desenfrenados”. Los apasionados personajes de Cain, creados con pocas palabras, y sus naturalezas animalistas y sexuales me inspiraron para llevar mis escenas de sexo hasta el límite al que podían llegar a primeros de los noventa, desarrollando así un estilo propio. Pero, volviendo a tu “carnicera rubia”, ciertamente fuiste capaz de recrear su reputación para que el lector se enamorase de ella instantáneamente. Mientras leía Bury Me Deep, no hacía más que admirar la belleza de los personajes y de sus complejas relaciones. Hace tiempo escribí mi tesis sobre Henry James y no puedo evitar comparar tu novela con algunos de sus trabajos más geniales. En Bury Me Deep veo no sólo la interconectividad entre personajes que crea un tipo de realidad profundamente Jamesiana, sino además un ritmo acelerado y una trama intrigante, dos cosas que James nunca abordó. De hecho, en otro momento me habría parecido una combinación imposible. Die a Little, tu primera novela, solía ser mi favorita. Pero Bury Me Deep acabará siendo un clásico. No un clásico del género negro, sino un clásico de la literatura. Sé que no puedes explicar tu talento, pero me pregunto cuáles son tus recuerdos literarios más inspiradores.

Megan: Viniendo de ti, esas palabras significan muchísimo, más de lo que puedo expresar. En cuanto a mi aproximación a Bury Me Deep, creo que el único plan consciente fue mezclar mi amor por las novelas de los años veinte y treinta, como las de Dreiser o Sinclair Lewis (así como los relatos aparecidos en revistas del momento, desde Fitzgerald a Fannie Hurst) con el noir del mismo periodo. Y nunca llegué a desarrollar por completo la seguridad de que sería capaz de unir ambos estilos, siendo como son los dos tan estilizados pero de maneras opuestas (el lenguaje muy formal e incluso melodramático junto al slang del pulp). Mi mayor inspiración siempre han sido otros escritores. Di un par de clases de escritura creativa en la universidad y estuvieron muy bien, pero la lectura siempre ha tenido un impacto mayor. En el caso de Bury Me Deep, me impulsó sobre todo la osadía de Daniel Woodrell, la manera en que descompone el lenguaje para crear uno nuevo. ¿Y a ti qué otros escritores te inspiran, además de Cain?

Vicki: Ah, Daniel Woodrell. Ojalá hubiera escrito antes The Death of Sweet Mister para inspirarme desde el principio. ¡En cualquier caso, nunca es tarde si la dicha es buena! Creo que otra influencia importante fue la de Harry Crews. No es un escritor de novela criminal. Normalmente se le cita como un escritor genuinamente floridiano, aunque hace años que no escribe nada. Su novela The Gypsy’s Curse es probablemente mi favorita, y me estoy acordando ahora de que lo grotesco juega un papel predominante en toda su obra. El fallecido Larry Brown era otro escritor genuinamente sureño, sólo que de Mississippi. Su novela Fay, una de mis favoritas de toda la vida, fue una influencia directa en Poesía cruel. Desde que empecé a escribir ficción, no soy capaz de leer un libro sin encontrar algo en lo que fijarme, intentando aprender a hacer mejor algunas cosas o también a evitar según cuáles. Me leí Bury Me Deep dos veces seguidas para absorber muchos de los momentos efectivos, particularmente las escenas de sexo. De Bury Me Deep aprendí a escribir escenas de sexo más cortas, menos gráficas, que aun así prendan fuego a la página. Creo que este ha sido el primer libro en que el que especificas la sexualidad de tal manera, ¿verdad? ¿Qué te hizo cambiar de táctica?

Megan: Algunas personas me han comentado que Bury Me Deep parece tener más escenas de sexo físico, o al menos más explícitas, pero me parece que yo sigo sin considerar que escribo escenas de sexo sino que más bien escribo “en torno” a ellas. Es todo humo y espejos, porque soy demasiado tímida. Pero también podría ser que, como la heroína de Bury Me Deep se ve tan impelida por este tipo de deseo incontrolable que apenas ha experimentado, intenté conjurar un montón de maneras de describir cómo se sentía ella corporalmente al verse dominada por el deseo. Y desde luego es diferente. Y como no se trata de una muchacha de mundo, son sensaciones muy intensas para ella. Es como una fiebre. Una de las cosas que adoro sobre tus escenas de sexo es que tienen el rigor de la vida real, de cuerpos y sudor y colchones que crujen, pero también una especie de sentimiento vivido que hace que el deseo parezca algo crepitante. Siempre pienso en ello como cuando ves el calor alzarse literalmente de la calzada en la ciudad. Y tienen un nervio al que aspiro. ¿Sientes que te estás arriesgando en esas escenas? ¿Particularmente las más inusuales, como el sexo entre especies? ¿Alguna vez has regresado tras el primer borrador y has expurgado alguna de tus escenas de sexo?

Vicki: Deja que te diga que realmente supiste transmitir esa fiebre, y que las escenas tienen más de sexo emocionalmente intenso que de sexo cañero y físico. Pero sí, siempre elimino. Poesía cruel probablemente perdió treinta páginas, aunque cueste creerlo. Pero las escenas de sexo entre especies son las más divertidas de escribir. Imagino que porque la idea es tabú. Pero además porque veo el amor entre animales y humanos como algo tan fuerte que las escenas de sexo parecen naturales. La más explícita que he escrito nunca está en “Stormy”, y la naturaleza fantástica de ese cuento la aleja lo suficiente de la realidad como para que resulte menos perturbadora, creo yo. O eso espero al menos. [...] Ahora me estoy preguntando cuál es tu parte favorita del proceso de escritura. ¿Qué novela es la que más has disfrutado escribiendo y por qué?

Megan: ¿Mi parte favorita del proceso? Desde luego la documentación. La documentación tal como yo la entiendo, que es más bien una exploración. Incluso ahora que estoy escribiendo novelas contemporáneas, me sigo descubriendo atraída en pos de cosas sobre las que lo ignoraba todo, ya sean los probabilidades de ganar una apuesta, la tuberculosis o, en el caso de mi próxima novela, las lesiones más habituales en el hockey. ¿Y la tuya?

Vicki: Yo también me veo absorta por la documentación, pero probablemente el mejor ejemplo de verme atraída por cosas de las que lo desconozco todo es el hecho de que me aficioné al paracaidismo. Cuando lo practiqué por primera vez suponía que saltaría un par de veces y luego escribiría mi novela, y ahora, unos 600 saltos y 13 años más tarde, sigo haciéndolo un par de veces al año. Me pasé un lustro practicando paracaidismo todos los fines de semana, me gasté todo el dinero y casi llegué a renunciar a la docencia para vivir en un trailer entregada a ello. Echo de menos la emoción, pero he madurado y me he pasado a la observación de aves. Aun así, ¿quién sabe qué será lo siguiente? Ya he practicado submarinismo, vela y montañismo, y espero poder dejar pronto la enseñanza y seguir más opciones. Que disfrutas del proceso de documentación es algo que resulta evidente y tus lectores se benefician de ello. En cualquier caso, tu arte es la habilidad para envolver el seco esqueleto de los hechos con una verdad jugosa,  una verdad má profunda y, en ocasiones, una verdad posible que crea la perfecta estructura de ficción. [...] ¿Puedes explicar tu proceso inicial o quizás dar un ejemplo de un detalle concreto que averiguaste documentándote y que resultara clave para el desarrollo de un personaje o la selección de un tema?

Megan: Generalmente suelen ser cosas en las que no puedo dejar de pensar. Vuelvo a ellas compulsivamente. En Bury Me Deep resultó ser algo muy específico: las circunstancias que condujeron a los asesinatos. Una cálida noche de verano, una diminuta casa en Phoenix, avanzada la noche, una discusión que de algún modo desembocó en aquel terrible crimen. Un invernadero de deseo, celos, desesperación, ira. Tres mujeres en el peor momento de la Gran Depresión, cuya misma existencia dependía de la generosidad de un hombre caprichoso. Las mujeres en grupos de tres siempre me han parecido peligrosas, y en este caso tuve una imagen muy clara de aquellas tres mujeres, una noche de (según cuentan) mucha bebida, secretos revelados y una pelea que se descontrola. Sencillamente me cautivó. No podía dejarlo estar. Me recuerda, ahora que lo pienso en ello, a otro tipo de triángulo recalentado: el de Poesía Cruel. ¡Una vez más sigo tus pasos!

Vicki: Bueno, Megan, sé que estás intentando centrar esta entrevista sobre todo en mí, ya que soy la que acaba de publicar libro, pero tengo que mencionar tu reciente nominación a los Edgar. ¡La tercera! Me ganaste en 2007 cuando Reina del crimen se impuso a Poesía cruel, de modo que sé que ya tienes una de esas adorables estatuillas de Poe en la repisa, pero como ya he dicho Bury Me Deep transciende el genero. Es un clásico y perdurará más que el recuerdo de cualquier tipo de premios. Te imagino  poniéndote colorada porque eres genuinamente modesta, pero insisto en decirlo públicamente.

Megan: Bueno, es todo un honor. Si alguien me hubiera dicho hace cinco años que estaría haciendo una entrevista conjunta con Vicki Hendricks, no le habría creído. ¡Hago una reverencia a los pies de la maestra del noir!

Vicki: ¡Ack! ¡Yo también estoy haciendo una reverencia, a ver si nos vamos a dar en la cabeza!

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Heinrich Heine
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