Cultura Impopular

Jueves 27 de enero de 2011

Christa Faust en Primera Línea

¿Cómo es posible que A la cara sea tan sangrienta y brutal y, al mismo tiempo, tan indudablemente femenina?
Porque soy una mujer, así de sencillo. Además, no me conformé con coger al típico héroe del género y ponerle tacones: Angel Dare es una mujer normal, de mediana edad, con sus grandezas y sus miserias, que tiene que usar todos sus recursos para sobrevivir y vengarse.
¿Te pareces mucho a Angel Dare, la antiheroína de tu novela?
Para nada. Ella es de Chicago, yo de Nueva York. Ella tuvo un padre maltratador y el mío era un hippie vegetariano. Ella recibió una educación católica y yo crecí sin religión. Ella es una chica muy sociable y yo una solitaria. Por supuesto, tenemos algunas cosas en común, pero también tengo cosas en común con los otros personajes de la novela, incluso con los de peor calaña. Todo escritor pone algo de sí mismo en sus personajes, eso les da vida.
En cierta ocasión te describiste como “una zorra cínica, obsesionada con el cine negro, los tatuajes y las medias con costura”. Así que, venga, dime algo cínico, tu película de cine negro favorita, tu tatuaje más querido y si te quitas las medias para follar.
Siempre espero lo peor de mis congéneres humanos y rara vez me decepcionan. Mi film noir favorito es Night and the City [Jules Dassin, 1950]. Mi tatuaje predilecto es una máquina de escribir que tengo en el vientre. Y, bueno, a veces me pongo medias en la cama y a veces no; me gusta variar.

Un par de extractos de la entrevista que le ha hecho Luigi Landeira a Christa Faust, aparecida en el número 310 de Primera Línea (febrero 2011). Pincha aquí para verla entera.

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Miércoles 15 de diciembre de 2010

Slash en Popular 1

Manido tema éste de las autobiografías, y diría incómodo cuando quien la protagoniza es alguien al que le queda más de media vida por vivir (teóricamente). Hay futbolistas que ya la tienen, es como si todo lo importante que les tendría que pasar en la vida ya hubiera tenido lugar. Luego tenemos a ilustres como Winston Churchill que requirió de seis volúmenes para completar un acercamiento en profundidad a su vida. También las agradables sorpresas como esta autobiografía de Slash junto al periodista del New York Times, Anthony Bozza. A diferencia de otras bios, aquí resulta interesante hasta la narración de los orígenes del músico, su experiencia como hijo de blanco y negra en Inglaterra, su adaptación a la vida en USA… Uno podría pensar que, bueno, hasta que no empiece a hablar de los que serían sus futuros colegas en Guns N’ Roses esto no vale mucho la pena. Craso error. A lo largo de estas 452 páginas se saborea con fruición cualquier capítulo de su vida por poco que tenga que ver con su actividad musical. Digno de destacar es el progresivo y, más tarde, meteórico ascenso a la categoría de rockstar de Axl Rose visto desde el enfoque de Slash. Cómo un chaval de pueblo llega a Los Angeles buscando fortuna entre el lumpen d la ciudad y en dos años está protagonizando un clip, “Welcome to the Jungle”, precisamente sobre esa experiencia. [...]
Las experiencias adictivas de Slash merecen destacarse aparte, puede que estemos ante la más gráfica descripción del síndrome de abstinencia en todas sus vertientes. [...] Pero el grueso del libro se vuelca en la experiencia mundial de más de dos años de las giras de los “Illusions”, de fiestas romanas sin mirar presupuesto a recortar gastos eliminando a músicos de viento y coristas. Espléndido viaje para ver desde dentro, bajo la óptica de Slash, eso sí, todo lo que era la banda en su momento álgido. La serie de fotos en color, también las hay en blanco y negro, que ocupa la zona central del libro no tiene desperdicio, buscad aquella en la que Perla le está comiendo el trasero a su marido. No hay reglas, sólo pasarlo bien y tocar la guitarra. [...]
Muchas anécdotas salvajes de un grupo que podría tener una carrera tan respetable como los Stones de haber seguido la formación original y de no haber pasado la mayor parte de las cosas que nos explica Saul Hudson en este libro. Altamente recomendable.

Un par de fragmentos de la reseña de Slash que ha escrito JMª Vidal Buchs para el número de diciembre de Popular 1 (el 446). Ojo que también lleva una entrevista con Lemmy. ¡A por ella!

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Viernes 10 de diciembre de 2010

Neil Cross y los orígenes de Luther

Idris Elba es John Luther.

El próximo lunes 13 de diciembre, AXN estrenará en España Luther, la serie creada y escrita por Neil Cross, el autor de Capturado (la referencia más reciente en nuestra colección de narrativa). Se trata de un intenso thriller policiaco protagonizado por Idris Elba (Stringer Bell en The Wire), que llega a nuestras pantallas tras haber cosechado un gran éxito de crítica y público en Gran Bretaña, donde consiguió reunir semanalmente a más de 4.000.000 de espectadores y un 18% de share para la primera cadena de la BBC. La segunda temporada de la serie ya está confirmada y en preparación y contará nuevamente con guiones de Cross, el cual también está preparando tres novelas del personaje para Simon & Schuster. Poco antes del estreno de la serie, a finales de abril, el propio Cross escribió una entrada en el blog de la BBC a modo de presentación, que me ha parecido pertinente recuperar justo ahora que por fin vamos a poder verla también en España. Si te gustó Capturado, lo más probable es que disfrutes de lo lindo también con Luther. Y si por el contrario ya has visto la serie pero aún no has leído la novela, aprovecha que estos días estamos redistribuyéndola para hacerte de una vez con un ejemplar. ¡Verás como no te arrepientes! Sin más preámbulos, Neil Cross.

Ruth Wilson es Alice Morgan, némesis o quizá alma gemela de Luther.

Presentando a Luther… con cariño para el detective Colombo.
El personaje que luego acabaría siendo el Inspector Jefe John Luther llevaba dando vueltas por mi cabeza desde mucho antes de tener nombre… o idea alguna de cómo iba a utilizarlo. Nació como un modo de conectar dos ideas de diferentes géneros dentro del amplio espectro de la ficción criminal. Luther tiene algo de Sherlock Holmes, parte de ese genio analítico indiferente. Pero también tiene la complejidad emocional y la ambigüedad moral que suele encontrarse de manera más común en el thriller psicológico. Me pareció que combinar ambas propiedades (brillantez deductiva y pasión moral) en un solo hombre, podía originar un personaje potente, herido y profundamente heroico.
En cuanto al formato de la serie, me crié siendo un fan de Colombo, y todavía me encanta. Pero el formato de Colombo (el “Cómo lo cogemos” o historia de detectives a la inversa) no estaba pensado para acentuar el dramatismo. El teniente Colombo raras veces corría un riesgo personal (porque no era eso lo que queríamos ver) y sabíamos que al final siempre detendría al asesino. Lo que no sabíamos era cómo… lo cual jugaba un gran papel a la hora de hacer de aquella serie algo tan satisfactorio.
El formato de la historia de detectives a la inversa apenas ha vuelto a utilizarse desde que terminó Colombo, al menos que yo sepa. De modo que me pareció que podría resultar emocionante recuperarla como una especie de duelo psicológico entre un policía entregado y medio loco y los criminales depravados a los que persigue. Por lo tanto sabemos a quién tiene que detener Luther. Lo que no sabemos es cómo porras va a hacerlo.

Luther, Mark (Paul McGann) y Zoe (Indira Varma), un triángulo
que dará de sí mucho más de lo esperado.

El proceso de realizar la serie, desde escribir los guiones hasta verlos llegar a la pantalla, ha sido emocionante y en ocasiones aterrador. Para como suelen ser estas cosas, Luther avanzó a un ritmo ciertamente muy rápido. En ocasiones me sentí como si me hubieran atado al morro de un cohete. En las semanas previas al despegue, pude sentir el rugido seísmico y constante de sus motores a duras penas contenidos. Una vez empezó a moverse, no pude hacer otra cosa que agarrarme fuerte y esperar que mis dientes aguantaran la vibración sin salir despedidos. En una situación como esa, no te afecta el bloqueo del escritor. Y tampoco duermes mucho. Pero pude trabajar con gente que me gusta, admiro y en la que confío. Éramos un verdadero equipo y teníamos una misión. Me encanta ese sentimiento de camaradería.
El reparto es tan bueno que me aterrorizaba conocerlos como individuos, y ya no digamos como conjunto. Pero eso es esencialmente lo que sucedió. A excepción de Indira Varma (que ese día no podía estar) los conocí a todos en la reunión de lectura del primer episodio, una especie de primer ensayo en el que no hice más que balbucear. Aquella noche salimos a tomar unas copas. Durante la primera hora, mientras hablaba con Saskia Reeves, lo único en lo que podía pensar era: “¡Estoy hablando con Saskia Reeves!”. A eso de las diez, ya me había tomado un par de gin tonics y Warren Brown, que interpreta al Sargento Ripley, hizo su imitación de Lily Savage, de modo que por fin fui capaz de relajarme un poco y sencillamente disfrutar del hecho de haber sido capaces de reunir un reparto tan alucinante.

Luther, dándole al tarro.

La gente a menudo me pregunta cuál fue el mejor momento, pero para ser sincero es difícil elegir sólo uno o dos. Durante la preparación y también durante la producción pasé cantidad de tiempo riendo con mis colegas. Echando la vista atrás, y teniendo en cuenta las presiones debido a la falta de tiempo, me parece sorprendente. Pero un momento particularmente feliz fue cuando contratamos a Idris Elba. Queríamos que fuera una serie especial, así que cuando empezamos a hablar de quién podría ser nuestro protagonista decidimos ser ambiciosos, poner alto el listón, pensando: si no lo intentas, nunca lo sabrás.
Idris estaba en la lista…. porque Idris está prácticamente en la lista de todo el mundo. Pero su nombre estaba arriiiiiiiiiiba del todo, muy por encima de la línea de cielo. Así que cuando recibí la llamada para anunciarme que había aceptado, fue un buen momento. Tan bueno como pueden llegarlo a ser este tipo de momentos, creo yo. Luego estuvo el de ver lo filmado durante el primer día de rodaje, en el exterior de la casa de los Morgan, la escena del crimen del primer episodio. Vi a Idris entrar en el plano, agacharse bajo la cinta policial y pensé: “Ahí está. Ése es Luther”.

Alice Morgan, maquinando alguna maldad.

Naturalmente, adoro a John Luther. Pero también siento un amor sin reservas por el personaje de Alice Morgan. De hecho, me parece recordar que durante aquella primera salida nocturna con el reparto le dije a Ruth Wilson (que es quien la interpreta) que en muchos sentidos me parecía que Alice era la mujer perfecta. Se me quedó mirando, debo decir, con cierto grado de horror.
Alice era un papel formidable; fría y coqueta, asesina y vulnerable, noble y corrosiva, a veces en la misma frase. Pero Ruth es quien la hace absolutamente real y completamente absorbente. Hay un momento en el episodio cuatro en el que de verdad consigue asustarme.
Estaba en el set el día que Idris y Ruth rodaron su primera escena juntos. Hicieron que se me pusiera piel de gallina, pero no me parece que sea bueno para mí pasar demasiado tiempo en el rodaje, porque simplemente no es el espacio natural para un escritor. De modo que tomé las de Villadiego y les dejé seguir con su trabajo. En cuanto a qué podéis esperar de Luther y adónde se encaminarán sus pasos… bueno, si os lo contara no sería una sorpresa. Digamos únicamente que la presión sobre él no va aflojar. Ni por un instante.

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Viernes 26 de noviembre de 2010

Esto es lo que sé de Slash

Hay que reconocer que en parte me está viniendo bien que la publicación de la autobiografía de Slash haya coincidido precisamente con la gira de promoción de su nuevo (y también homónimo) disco. Hacía mucho tiempo que el de la chistera no estaba tan presente en los medios como en estos últimos meses, y aunque en la mayoría de sus intervenciones ni siquiera menciona el libro, en ocasiones encuentro cosas que me pueden resultar muy útiles como material promocional. Una de ellas es esta entrevista realizada por Shahesta Shaitly para el semanario británico The Observer, publicada el domingo pasado en la sección This Much I Know (“Esto es lo que sé”), cuya principal característica es la de reproducir únicamente las respuestas del entrevistado en plan confesional. No deja de resultarme curioso que aunque sólo sea mediante unas cuantas pinceladas superficiales, el texto acaba revelando más sobre la vida y la persona de Slash en poco más de un folio que toda la patética entrevista que le hizo Buenafuente hace un par de semanas (de una sosería y una banalidad francamente imperdonables, máxime teniendo en cuenta que desde la redacción del programa se habían puesto previamente en contacto con nosotros para solicitarnos un ejemplar de la biografía, supuestamente para poder preparar a fondo la entrevista, o sea que no sería por falta de documentación). Pero bueno, tampoco era de eso de lo que quería hablaros hoy. Así que vamos a lo que vamos y aquí os dejo traducido, respetando su formato original, el “Esto es lo que sé” de Slash.

Las guitarras son el objeto más molón y sexy que existe. Me sentí sobrecogido la primera vez que junté tres notas seguidas y sonaron tal como debían sonar.

Toqué fondo de 1996 a 2001. Dejé Guns N’ Roses y mi alcoholismo alcanzó su cota máxima. Tenía 35 años y me tuvieron que instalar un defibrilador en el corazón.

Dejé la bebida y las drogas hace cinco años. Solía ser heroinómano. Hasta entonces, si tomaba drogas no bebía demasiado, y si le daba a la bebida no me drogaba en exceso. Siempre era o una cosa o la otra.

La gente tiende a pensar que era un borracho embrutecido, lo cual probablemente fuera cierto en algún momento. Pero incluso en los tiempos en los que me iba la marcha rehuía a la gente y prefería estar solo. Éramos yo y mis demonios.

Hace año y medio que no fumo un cigarrillo.

Me crié en Stoke-on-Trent. Nos mudamos a Los Ángeles cuando tenía cinco años. Mis recuerdos de Stoke son agradables: mi tía y mi abuela preparando  pasteles de manzana y mi abuelo comportándose como un anticuado jefe de bomberos. Lo que más eché de menos cuando dejé Gran Bretaña fue que en L.A. no había lollipop ladies [controladoras de paso cebra].

Slash con la primera encarnación de Snakepit. Foto: Alison Dyer.

No sé qué sentimiento me produce lo “americano”, pero desde luego siento afinidad por lo británico. Me siento más cómodo en una habitación llena de gente si hay un británico en ella.

Al haber crecido rodeado de famosos, a menudo me preguntaba qué se sentiría siendo uno, pero cuando me llegó el turno no tuvo nada de especial.

Le tengo fobia a sacar el brazo por la ventanilla del coche mientras conduzco. Imagino que tendrá algo que ver con que toco la guitarra y necesito el brazo.

La telerrealidad es un signo del fin de la civilización occidental tal como la conocemos. Ya no queda ningún misterio en nada.

Todo el mundo me hace preguntas acerca de qué pasó con Axl y me veo obligado a encontrar respuestas, pero en realidad no hay mucho que decir.

No soy una persona emotiva. Supongo que es uno de mis defectos. La última vez que lloré fue probablemente cuando murió mi madre.

Las groupies han cambiado. En los 70 sólo querían sexo. En los 80 querían estar cerca de alguien rico. De las groupies de los 90 no puedo contaros nada porque no me acuerdo. Ahora son o muy inocentes o acosadoras de las que dan miedo.

Soy un adicto a los programas de cocina. No tengo paciencia para cocinar, pero sé todo lo que se puede saber al respecto.

Trabajar con Michael Jackson fue estupendo. No era un dictador ni uno de esos gilipollas idiosincrásicos que se creen con derecho a comportarse como gilipollas porque son geniales. Michael era la encarnación de la música.

Creo en algo superior a sí mismo. No tiene que ver con dios.

Haber tenido hijos sigue cambiándome. Soy un eterno adolescente, así que tener a mis dos hijos es como estar acompañado de un par de colegas.

Mi mayor logro es haber seguido con vida todo este tiempo en la industria de la música… o quizá sencillamente haber seguido con vida, punto.

Slash cuando acostumbraba a destrozar furgonetas de alquiler. Si has leído la autobiografía,
ya sabes de qué va la vaina. Foto: Robert John.

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Miércoles 27 de octubre de 2010

Nos vemos en la oscuridad

Megan Abbott. Foto: Joshua Gaylord

Si hay una mujer que actualmente pueda considerarse punta de lanza de ese nuevo movimiento que reinventa la novela negra norteamericana más tradicional desde un punto de vista femenino, esa es Megan Abbott. Por supuesto no es la única. Ya conocemos a Christa Faust y desde luego hay más autoras interesantes en activo, como Vicki Hendricks, de la que ya hablaremos más en profundidad próximamente. Pero por ahora, vamos a centrarnos en Abbott. Primero, porque probablemente, de las tres, es la que más popularidad está consiguiendo con sus obras, habiendo cosechado no sólo multitud de elogios por parte de algunos de los grandes popes del género, como el sempiterno James Ellroy, Allan Guthrie, Ken Bruen o Eddie Muller, sino también un aplauso unánime por parte de la crítica, que ha llegado a coronarla como “la nueva reina del noir“. Segundo, porque su novela Reina del crimen, galardonada en el año 2008 con el premio Edgar  (el más prestigioso que puede recibir una obra de misterio en Estados Unidos), será el cuarto título de la colección Es Pop Narrativa, que editamos a medias con los amigos de Valdemar. Y aunque aún faltan algunos meses para que salga al mercado, me ha parecido buena idea ir conociendo a través de unas cuantas entradas la carrera y la obra de esta todavía joven autora, cuya carrera está en estos momentos en pleno despegue. Empezamos hoy con “See You in the Darkness”, un texto escrito originalmente para el blog de Mulholland Books, que Megan nos ha cedido amablemente para reproducir aquí. Me parece una buena carta de presentación y da buena muestra del tipo de temas que le interesan como autora: dilemas éticos, ambigüedad moral, sentimientos ocultos, crimen y venganza. En definitiva, todos los elementos de los buenos clásicos del género. Con ustedes, Megan Abbott.

Dos portadas de Richie Fahey para novelas de Megan Abbott.

Nos vemos en la oscuridad
Una fresca tarde de febrero del año 2008, Alan Gordon, el autor de novelas de misterio, me llevó a casa en coche tras la fiesta de lanzamiento de Queens Noir (Akashic, 2008), una antología de cuentos de género negro ambientados en mi distrito natal. Tanto Alan como yo vivimos en Forest Hills, un barrio bastante tranquilo en lo más profundo de Queens. Al acercarnos a la comisaría de la esquina de la calle Yellowstone con Austin, notamos cierto movimiento junto a la puerta principal. Entre los presentes había cámaras de televisión y periodistas inquietos. Al día siguiente Alan me envió un correo electrónico: “Han arrestado a la esposa del dentista por haber contratado a un asesino a sueldo para matarlo. Por eso había tantos equipos de televisión anoche frente a la comisaría. Mi mujer me ha dicho: «siempre he sabido que era un mal bicho»”.
Yo conocía vagamente el caso. En octubre de 2007, Daniel Malakov, un vecino de la zona descrito por los periódicos como “un miembro prominente” de la comunidad judía bukhari de Forest Hills, había muerto tiroteado en un parque infantil cercano delante de su hija de cuatro años. En última instancia, su esposa, la doctora Mazoltuv Borukhova, de la que vivía separado, acabaría siendo condenada de asesinato en primer grado y de haber conspirado con un primo lejano para asesinar a Malakov, con el cual estaba batallando fieramente por la custodia de su hija. La prueba clave: un silenciador casero abandonado en el lugar de los hechos. El silenciador llevó a los investigadores hasta el primo de Borukhova, cuyas huellas dactilares estaban registradas desde que cometiera el delito de haberse colado en el metro sin pagar el billete. Poco después, la policía descubrió que el primo y la doctora habían intercambiado noventa y una llamadas en las tres semanas precedentes al asesinato. Se descubrió el pastel.

Detectives de Queens conduciendo a la Dra. Borukhova al tribunal.

En mi respuesta al e-mail de Alan, recuerdo haber mencionado que toda la historia era, de hecho, un arquetípico relato de género negro:esposa contrata a hombre para que asesine a su marido, sólo para acabar viéndose atrapada por su propia telaraña de engaños. Perdición en la vida real. Pero, por supuesto, más allá de las convenciones del género, el caso apela a algo mucho más elemental relacionado con el perdurable gancho de la ficción criminal, particularmente del noir, con su énfasis en el caprichoso dedo del destino. Hay cierta tendencia a despreciar las novelas criminales como escapismo amarillento y trivial. Este desprecio siempre me ha parecido un intento nervioso por minimizar el auténtico atractivo, completamente visceral, que tiene el género: las novelas criminales no son relatillos desechables de consumo rápido, sino que apelan a nuestra misma esencia, a esas emociones a menudo dolorosamente irresistibles (y forzosas) que, a pesar de todas las capas de “civilización” y modernidad que tenemos encima, aún permanecen sin domar. Deseo. Avaricia. Ira. Venganza. Son motores atemporales. Universales.
Cuando leemos la noticia del dentista asesinado por su esposa, inevitablemente experimentamos sensaciones complicadas que pueden reflejar todo tipo de prejuicios relacionados con nuestras experiencias personales con la pérdida, con el fracaso matrimonial, con la intensidad del amor maternal o paternal. Hacen aflorar justo la misma maraña de sensaciones primarias que provoca la lectura de una novela criminal: esa sensación de que, a pesar de todos nuestros intentos por contener el caos o la mayor parte del caos en nuestro interior, a veces no podemos. A veces, las cosas se tuercen de una manera horrible.
En un artículo muy comentado para The New Yorker (“Iphigenia in Forest Hills”, 3 de mayo de 2010), Janet Malcolm se enfrenta durante casi treinta páginas no sólo al caso Malakov, sino a su respuesta personal ante el mismo ,y en su parte más interesante, a su declarada dificultad para creer, debido a un “prejuicio fraternal”, que la refinada e hipereducada doctora Borukhova, con su cara de no haber roto jamás un plato, pudiera ser culpable de semejante crimen. Más aún, es incapaz de ocultar la simpatía que siente por su dilema en el caso de la custodia de su hija, su “viaje desde el despiadado desorden de la vida privada al inmisericorde orden del sistema legal”. Un sistema legal que le arrebató dicha custodia al parecer por motivos arbitrarios. Pieza tras pieza, Malcolm repasa una historia cada vez más compleja, repleta de acusaciones de abusos sexuales y violencia doméstica. El caso acaba siendo un laberinto del que la propia autora no consigue salir, y ese laberinto se convierte en el corazón del artículo.

Fred McMurray y Barbara Stanwyck en Perdición, de Billy Wilder.

Cuando leemos novelas criminales que nos afectan, también nosotros podemos sentir que nos internamos en un laberinto, un laberinto que en última instancia conduce de nuevo hasta nosotros mismos. En mi caso, me pasa cuando leo a James Ellroy o a Ken Bruen o a George Pelecanos o a Raymond Chandler, cuyos héroes-detectives experimentan precisamente la misma incomodidad consigo mismos, con sus complejas simpatías, que la que nos muestra Janet Malcolm. Es el tipo de zona gris moral que provoca que nos revolvamos incómodos mientras estamos leyendo, pero a la vez vemos algo de nosotros mismos en ella, y no podemos desviar la mirada.
Supongo que lo que quiero sugerir es lo siguiente: cuando leemos estas novelas, estamos realizando un viaje interno hacia nuestras mejores y peores cualidades e impulsos. Por supuesto, cuando leemos o cuando vemos una serie en la tele, podemos juzgar. Algunas historias están diseñadas para facilitar ese juicio. Ley y orden, por ejemplo, está estructurada de tal manera que casi sea imposible sentirse incómodo o inseguro. Las cuestiones morales están decididas de antemano y podemos observar con la distancia que da la certeza total. Y hay un placer supremo en ello. Volviendo al caso Malakov, recuerdo haber saboreado el titular del New York Post que anunciaba: “MADRE ASESINA, FRÍA COMO EL HIELO HASTA EL MOMENTO DE SER DECLARADA CULPABLE”. Aún sigo saboreando ese titular. Pero muchos relatos criminales no nos permiten adoptar esa distancia tan cómoda. Inevitablemente empezamos a identificarnos con todos los personajes “equivocados”, con los impulsos más turbios, los motivos más oscuros. Y así comienza un baile: ¿cuánto nos acercarán nuestros contoneos al borde del abismo? ¿Cuánto nos permitiremos mirar hacia nuestro interior, experimentar sentimientos contradictorios, considerar los aspectos más sombríos de nuestra personalidad?
Con esto no pretendo sugerir que todos somos asesinos en potencia; que dadas ciertas circunstancias todos nos veríamos arrastrados a desesperados actos de violencia. Más bien, que las novelas criminales ponen al descubierto aquello que intuimos a un nivel más profundo: que nuestros corazones son un misterio incluso para nosotros mismos. Y que leer ficción criminal nos permite visitar clandestinamente nuestros rincones más secretos. Y cuando giramos la última página, sentimos cierto alivio al saber que podemos, por el momento, dejar de buscar. Podemos volver a sentirnos más cómodos con nosotros mismos. Podemos dejar el libro y empezar a fingir de nuevo.

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Jueves 14 de octubre de 2010

Slash en Letterman

En 2007, con motivo del lanzamiento de su autobiografía, Slash participó en el Late Show de David Letterman para hablar un poco del libro, de su vida en general y de Guns N’ Roses en particular. Ahora que sólo queda una semana para la publicación de Slash en España, me ha parecido un buen momento para recuperar la entrevista de Letterman y subtitularla en castellano. Como siempre, cualquier uso que queráis hacer del vídeo (vincularlo, difundirlo, incrustarlo en vuestros blogs) será bien recibido.
Os recuerdo los detalles del libro: Slash, la autobiografía, de Slash y Anthony Bozza. Publicado por Es Pop Ediciones. 16,5 x 24 cm. Tapa dura. Sobrecubierta. 480 pags. Ilustrado. ISBN: 978-84-936864-3-7. PVP: 26 €. Y además puede comprarse aquí.

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Martes 28 de septiembre de 2010

Slash: la autobiografía

El próximo veinte de octubre se pondrá por fin a la venta la edición en español de Slash, la autobiografía del melenudo guitarrista de Guns N’ Roses y Velvet Revolver (y de Snakepit, ojo, que a mí It’s Five O’Clock Somewhere siempre me ha parecido un disco nada desdeñable). Como siempre, trabajar con una docena de distribuidoras hace que sea difícil llegar a todos los punto de venta al mismo tiempo, pero ese es al menos el día oficial en el que debería de estar en las tiendas. En cualquier caso, esta vez hemos preparado una página de preorder, para que quien quiera pueda ir reservando su ejemplar o ejemplares directamente con nosotros. Los que hayáis comprado anteriormente en nuestra tienda, ya sabéis cómo funciona el tema. Para los que no, decir sólo que los libros se envían por mensajero, que no cobramos gastos de envío y que, como es lógico, se paga en el momento de la entrega, no al hacer el pedido. Si queréis probar, esta es una buena oportunidad. Por lo demás, disculpas una vez más por el retraso acumulado por el libro a todos aquellos que lo lleváis esperando desde hace meses. Gracias por vuestro apoyo, por el continuo interés que habéis mostrado hasta ahora y por vuestra paciencia. Mientras tanto, aquí os dejo la ficha del libro y el consabido enlace al adelanto en PDF por si queréis ir picoteando un poco. Que lo disfrutéis.

SLASH: LA AUTOBIOGRAFÍA
Nació en Inglaterra, pero creció en Los Ángeles, en el vibrante hervidero de música y cultura que fueron los primeros años setenta. Su adolescencia la pasó en las calles, descubriendo la bebida, las drogas, la música rock y las mujeres, a la vez que adquiría un notable prestigio como corredor de bicicross. Pero todo su mundo cambió el día que sostuvo por primera vez la baqueteada guitarra con una sola cuerda que encontró escondida en el armario de su abuela. Ahora, tras haber vendido más de 100 millones de discos con Guns N’ Roses y tras haberse ganado a pulso la fama de ser uno de los mejores guitarristas del mundo, Slash ha decidido contar, por primera vez, la historia del grupo desde dentro: su formación, los años de penurias, la creación de las canciones que definieron una era, la locura del éxito y, en última instancia, el tortuoso y desquiciado camino hacia la autodestrucción que terminó acabando con ellos. Pero esta no es sólo la historia de Guns N’ Roses, sino también una crónica personal llena de triunfos y tragedias; la de una vida marcada por el empeño de huir de sus demonios, ahogándolos en vodka, heroína, cocaína, actrices porno y lo que fuese que le saliera al paso. Slash ha sobrevivido a todo ello: adicciones, demandas, revueltas callejeras, sobredosis, decadencia y destrucción, hasta encontrar una salida en la evolución de su música, desde Snakepit hasta Velvet Revolver. Slash es todo lo que puede esperarse del hombre, el mito, la leyenda: divertido, sincero, fresco y abracadabrante… en una palabra: excesivo.

“La autobiografía más demencial que leerás en tu vida”.
The Observer

“Maravillosamente sincera”.
Entertainment Weekly

“Entretenida y educativa. Un curso acelerado para todos aquellos que aspiran al estrellato del rock”.
Spin Magazine

Características: 16,5 x 24 cm. Tapa dura. Sobrecubierta.
464 pags BN + 16 pags a color. Ilustrado.
ISBN: 978-84-936864-3-7
PVP: 26 €

Adelanto de 37 páginas en PDF (4,1 MB): http://www.espop.es/catalogo/slash_adelanto.pdf

Portada: http://www.espop.es/prensa/slash_portada.jpg

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Viernes 10 de septiembre de 2010

Slash y los vídeos de Guns N’ Roses

Ahora que Slash ya va camino de la imprenta y que cada vez falta menos para que llegue a las tiendas, ha llegado el momento de traeros un primer adelanto algo más sustancioso del libro. Sin embargo, en esta ocasión, en vez de colgar el típico capítulo de muestra en PDF (que de todos modos podréis encontrar en breve en la web de Es Pop), he preferido hacer algo un poco diferente. De modo que, aprovechando que los vídeos de Guns N’ Roses están disponibles en YouTube, se me ha ocurrido ir extractando aquellos fragmentos de la autobiografía en los que Slash va comentando cómo fue el rodaje de cada uno de ellos para elaborar esta especie de guía audiovisual. Comenzamos por…

Welcome to the Jungle, 1987
Antes de salir a la carretera con The Cult, rodamos el vídeo para “Welcome to the Jungle”, el primero que hacíamos. El rodaje duró dos días. El primero, grabamos todas las pequeñas escenas que nos definen a cada uno como personajes individuales: Axl saliendo de un autobús, Izzy y Duff paseando por la calle, etc. Si parpadeas, lo más probable es que a mí ni me veas: soy el borracho sentado en un portal con una botella de Jack metida dentro de una bolsa de papel. Rodamos aquellas escenas en La Brea, frente a una pequeña tienda de barrio que había encontrado nuestro director, Nigel Dick. Yo ya estaba familiarizado con el largo y arduo proceso de grabar vídeos: en 1982 había sido extra en uno para un tema de Michael Schenker sacado de su álbum Assault Attack. El ciclo constante de «carreras y pausas» habitual en cualquier tipo de rodaje me parecía tan aburrido que para cuando llegó el momento de grabar mi escena para el vídeo de “Jungle” ya estaba completamente borracho. Ese clip muestra perfectamente cómo era mi vida en aquel momento: un minuto después de que el director gritara «Corten» me peleé con nuestro representante, Alan Niven. Lo mandé al carajo y me perdí en la noche, haciendo autoestop hasta quién sabe dónde.
A la noche siguiente grabamos en el Park Plaza Hotel, donde tenía su sede el Scream Club de Dale Gloria. Dale es célebre entre los noctámbulos de Los Ángeles por haber sido el propietario de varios clubes; Scream era el más legendario. Aquel segundo día fue igual de largo y tedioso, pero al menos grabamos al grupo interpretando la canción en directo. Primero la tocamos a puerta cerrada y después llenamos el club con público y la volvimos a interpretar tres veces seguidas. Aquello sí estuvo bien. Y con eso terminamos nuestro primer vídeo.

Sweet Child O’ Mine, 1987
Regresamos a L.A. y grabamos el vídeo para “Sweet Child O’ Mine”, más que nada para mantenernos ocupados mientras Alan buscaba un modo de volver a sacarnos a la carretera. El rodaje no estuvo del todo mal; sólo fueron otro par de días sentados esperando a que nos llegara el turno de hacer algo. Mientras hubiera un elemento de interpretación en directo, a mí ya me parecía bien. En el vídeo salen todas nuestras novias del momento, lo cual me resulta bastante gracioso al verlo ahora, con la distancia que da el tiempo.

Paradise City, 1988
En el transcurso de aquella gira [con Aerosmith] tocamos en el estadio de los Giants, compartiendo cartel con Deep Purple. Es un recinto gigantesco y teníamos tanto espacio en el escenario que podíamos ponernos literalmente a correr; siempre se nos dio bien eso. Hicimos un set de cuarenta y cinco minutos y tocamos “Paradise City” dos veces porque aprovechamos para rodar un vídeo. El público explotó. El estadio de los Giants tiene una capacidad de ochenta mil personas, y aunque no estaba del todo lleno nunca habíamos tocado para tanta gente a la vez. La energía era increíble. Fue uno de esos momentos en los que de verdad me di cuenta de lo populares que nos estábamos volviendo en el mundo «real». Fue un momento de claridad. Visto con la perspectiva que otorga el tiempo, era evidente que a pesar de los éxitos de Aerosmith en la radio pronto fuimos nosotros los que pasamos a ser la atracción principal. Sucedió muy rápido, gracias a la constante rotación del vídeo de “Sweet Child O’ Mine” en la parrilla de MTV. En apenas unas semanas desde que se lanzó como single a primeros de junio, llegó al número uno y nos convirtió en el grupo más popular del país. Desde arriba nos llegaban rumores, pero yo no fui realmente consciente de ello hasta que la revista Rolling Stone apareció en mitad de la gira. Habían enviado a un periodista para que escribiera un artículo de portada sobre Aerosmith, pero al cabo de un par de días observando las reacciones del público y viéndonos tocar, la revista optó por darnos a nosotros la portada. Para cuando acabó la gira, éramos un puto fenómeno y generábamos un nivel de entusiasmo que a mí me dejaba desconcertado noche tras noche.
Las secuencias de concierto que se ven en “Paradise City” se rodaron en dos lugares; el primero fue el estadio de los Giants en Nueva Jersey y el segundo, un mes más tarde, durante el festival Monsters of Rock en Castle Donington, en las Midlands inglesas, el 20 de agosto de 1988. Para cuando llegamos a Donington, “Sweet Child” y “Welcome to the Jungle” habían irrumpido en las listas de todo el mundo y el disco había entrado en el Top Ten. En aquel concierto obtuvimos una reacción frenética que nunca hasta entonces habíamos presenciado. El festival rompió aquel año todos sus récords de asistencia, superando la marca de las cien mil personas. No se nos ocurría un lugar más indicado para grabar nuestro directo… hasta que dos personas fallecieron pisoteadas justo frente al escenario durante nuestra actuación.

Patience, 1989
Grabamos el vídeo para “Patience” en dos localizaciones: una fue The Record Plant, el estudio en el que habíamos registrado las canciones; de ahí salieron las secuencias en las que se nos ve tocar. El resto del vídeo (las escenas con los diferentes miembros del grupo) las grabamos en el Hotel Ambassador, donde asesinaron a Bobby Kennedy. En aquel momento estaba cerrado al público, pero disponible para rodajes de películas y vídeos.
Yo tenía dos serpientes que me habían regalado mientras estaba en el apartamento de Larrabee: una era una boa constrictor de cola roja y metro ochenta de envergadura, llamada Pandora, que había sido un regalo de Lisa Flynt, la hija de Larry. La otra era una pitón birmana de dos metros setenta de envergadura llamada Adriana. Las dos vivían en el armario de mi dormitorio y las dos salen en el vídeo.
Recuerdo bien aquel día. Estaba empezando a convertirme en uno de esos músicos yonquis que asumen que lo que hacen es tan común y sabido por todos que apenas sienten la necesidad de disimularlo. Aparecí en el rodaje, pasé a toda velocidad junto a los técnicos de luces y los cámaras, que llevaban allí apelotonados todo el día para preparar la escena, y me encerré en el cuarto de baño. Ahora era el típico guitarrista cuya reputación le precede y que vive a su altura: me quedé allí dentro unos ocho minutos, después salí colocado y me tiré en la cama con mi boa por encima. Apenas me moví mientras ellos rodaban lo que necesitaban. Creo que no le dije ni media palabra a nadie. Debió de ser surrealista.

It’s So Easy, 1989
El día anterior al primer concierto con los Stones, dimos una actuación de calentamiento en el Cathouse que fue la polla. Era la primera vez que volvíamos a tocar tras una buena temporada y teníamos tanta energía contenida que sonamos asombrosamente bien. Fue un concierto memorable, aunque no careció de momentos desagradables, ya que Axl insultó a David Bowie de tal manera desde el escenario que Bowie se marchó a mitad de actuación.
David estaba allí con mi madre, sentados a una mesa cerca del escenario, y al parecer Axl estaba convencido de que en el backstage, antes de empezar, David le había estado tirando los tejos a Erin Everly. Era una idea tan absurda que mi madre tuvo que preguntarme después qué cojones le pasaba a Axl. Fue una situación incómoda, pero intenté obviarla para centrarme únicamente en lo positivo. Aquella velada fue registrada para la posteridad en el video de “It’s So Easy”, que nunca fue aceptado por MTV ni emitido en Estados Unidos porque nos negamos a eliminar los tacos de la canción.

Don’t Cry, 1991
Una vez que quedó decidido, una vez que quedó grabado en piedra que el segundo de los cinco miembros fundadores de Guns N’ Roses dejaba el grupo, terminamos la gira europea. El último concierto de Izzy fue frente a setenta y dos mil personas en el estadio Wembley, en Londres, para el cual agotamos las entradas más rápidamente que cualquier otro artista en la historia. Pero lo que realmente merece la pena mencionar es que, al menos según yo lo recuerdo, después de que Izzy nos informara de que abandonaba el grupo, ninguno de los conciertos restantes de la gira europea comenzó tarde. Tras Wembley, regresamos a L.A. y grabamos el vídeo para “Don’t Cry”, en el que Dizzy Reed sale con una camiseta que pone: «¿Dónde está Izzy?».

November Rain, 1992
Cuando regresamos a L.A. me permití un raro capricho: una guitarra. Un coleccionista se había puesto en contacto con nuestros representantes porque quería venderme la Les Paul de 1959 de Joe Perry, el modelo Sunburst de color tabaco con la que sale en incontables fotografías. La ex mujer de Joe la había vendido cuando él aún era drogadicto y habían pasado por una mala racha económica. Y era la auténtica; el tipo tenía fotos y toda la documentación. Era una guitarra que yo conocía bien: era la que enarbolaba Joe en el póster de Aerosmith que había tenido en la pared de mi cuarto durante mi adolescencia. Tenía un rayazo inconfundible; era la de verdad.
El tipo quería ocho mil dólares por ella, y aunque yo nunca me había gastado ocho de los grandes en nada en toda mi vida, tenía que tenerla. Fue un momento bastante alucinante para mí cuando por fin la tuve entre mis manos; el mismo instrumento que había jugado un papel esencial en el camino que había elegido para mi vida era ahora mío (más tarde la utilizaría en el vídeo de “November Rain”). Fue entonces cuando sentí que de verdad había triunfado.

Since I Don’t Have You, 1993
The Spaghetti Incident salió a la venta en noviembre de 1993 y el single fue “Since I Don’t Have You”, lo cual estaba lejos de ser la mejor idea, a pesar de que fuera una excelente versión. También grabamos un vídeo. Por aquel entonces yo salía cantidad de marcha con Gary Oldman, así que el día del rodaje me lo llevé conmigo al estudio. Tras “November Rain” y “Estranged”, estaba ya harto de los vídeos conceptuales ideados por Axl, y este prometía ser otro más en la lista. Casi me marché del plató cuando me dijeron que tenía que ponerme en mitad de un estanque lleno de agua y posar mientras tocaba la guitarra durante quince tomas. Afortunadamente, Gary intervino:
—No, no —dijo—. Saldrá bien. Espera un momento.
Desapareció un buen rato en vestuario y maquillaje para reaparecer disfrazado de Marqués de Sade, con un traje victoriano completamente auténtico. También tenía un par de accesorios de atrezo y decidió que me llevaría en bote a través de la laguna Estigia mientras yo tocaba el solo bajo la lluvia. Para cuando llegó el momento de rodar, había perdido el disfraz y terminó interpretando a una especie de demonio con la cara pintada de blanco y unos pantalones ajustados. Casi fue demasiado convincente. Después de aquella tarde, estoy casi seguro de que lo siguiente que supe de Gary fue que estaba en rehabilitación.

Y con esto acabamos el repaso de Slash a los vídeos de Guns N’ Roses. Evidentemente, faltan varios sobre los que no comenta nada en el libro, aunque en determinados casos, como el de “Estranged”, la verdad es que no me extraña (¡esos delfines!). Para eso, mejor nos despedimos con este:

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Miércoles 1 de septiembre de 2010

Se acerca Slash

Pincha sobre la imagen para ampliar.

Este mes, Cultura Impopular va a estar dedicado, entre otras cosas, a la inminente salida de Slash, la autobiografía del melenudo guitarrista de Guns N’ Roses y Velvet Revolver. En los próximos días os iremos presentando cosas como la portada y vídeos relacionados con el libro, más los consabidos adelantos. Pero hoy, para empezar, una pequeña curiosidad. Lo que podéis ver arriba en la foto son varias páginas de de la traducción que demuestran que, aunque pudiera parecer que el catálogo de la colección Es Pop Ensayo es más bien de su padre y de su madre, en el fondo todo está mucho más relacionado de lo que parece. Si ampliáis la imagen, veréis que en Slash se hacen referencia a acontecimientos y personajes tanto de Los trapos sucios como de El otro Hollywood e incluso a Carlitos y Snoopy. Así que ya lo sabéis, después del Universo Marvel y del Whedonverso, aquí llega el Universo Es Pop. Y bueno, como esto no deja de ser una chorrada, aquí os dejo también un enlace a un miniadelanto del libro que acabo de colgar en tumblr para celebrar nuestros primeros 1.000 posts, en el que podréis ver en exclusiva el culazo que se gasta Slash. Muy pronto, más.

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Miércoles 14 de julio de 2010

Christa 66

Portada de Glen Orbik para la secuela de A la cara, de próxima publicación en EEUU.

A la cara. Y a la yugular. Christa salta como una gata malherida y se agarra a la parte del cuerpo que le pongas a tiro. Lo tiene todo y lo sabe, y juega inteligentemente con sus recursos. Con una biografía que ni inventada —antigua bailarina de cabina de peep show y tatuada modelo—, aspecto de haber roto todos los platos de la alacena y un ojo clínico que le permite buscar el punto débil del lector, debuta en un género tan complejo como la novela negra con aroma a clásico —olviden ustedes los helados parajes nórdicos— y logra impactar. A vieja fórmula, nuevos personajes y paisajes: en un mundo sórdido de actrices porno, chulos sin escrúpulos, esclavas sexuales y psicópatas repulsivos, la heroína Angel Dare, antigua estrella del cine de entretenimiento para adultos, se ve envuelta en un anfetamínico carrusel de agresiones, asesinatos, torturas y huidas. Nacida para correr y hacer correr, Faust engorda su nómina de seguidores con nombres ilustres —con Tarantino a la cabeza—, no engaña al insinuar cual es su objetivo final e inaugura, junto a Neil Cross y Todd Grimson, una colección de narrativa pop que promete emoción con olor a pulp.
Alfred Crespo, en el nº 273 de Ruta 66 (julio/agosto 2010).

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