Cultura Impopular

Viernes 27 de enero de 2012

Doce meses por delante

Dos tipos muy distintos de editor,  barruntándose el meteorito.

2012 va a ser un año decisivo para la consolidación de este proyecto loco que es Es Pop Ediciones. Por si no tuviéramos bastante con todo lo que ya nos traemos entre manos (que, visto desde fuera, seguro que parecerá más bien poca cosa, pero desde dentro, teniendo en cuenta nuestra infraestructura, podéis creerme: es un interminable número de malabares) hemos decidido meternos en camisa de once varas y pasar de editorial independiente a directamente insensata. Estas son algunas de las cosas que (si todo va bien) podéis esperar de los próximos doce meses.

· Edición por suscripción: estamos convencidos de que, en un mercado cada vez más compartimentado, el modelo de edición por suscripción será una de las mejores opciones al alcance de las pequeñas editoriales que sean capaces de ganarse un mínimo de seguidores. Por ello, en marzo queremos hacer una primera prueba para testar las aguas. Si la cosa funciona bien, ¿quién sabe? En un futuro podríamos estar editando para vosotros más o menos “a la carta”.

· Libro electrónico: también estamos preparando nuestros primeros eBooks y rediseñando por completo nuestra página web para, entre otras cosas, propiciar y potenciar su venta. Por supuesto, sin DRM. Y en los casos en los que sea posible (no os podéis ni imaginar la de movidas contractuales que implica obtener los derechos de reproducción del libro electrónico y la de condiciones que ponen las agencias), incluyendo cupón de descarga gratuita para quienes compren el libro físico.

· Es Pop Ensayo: nuestra colección insignia sigue adelante con su característico ritmo pausado. Estamos negociando ahora mismo tres nuevos títulos (uno sobre música, otro sobre cine y un tercero sobre cómic) que anunciaremos tan pronto como vayan quedando asegurados. La colección seguirá oscilando entre el cartoné con sobrecubierta para los libros más voluminosos y la encuadernación en rústica para las reediciones y los títulos de menor tamaño.

· Una mayor apuesta por la narrativa, a través del lanzamiento de tres nuevas colecciones.La primera: Pulpo Negro, dedicada a la novela contemporánea, de cuyos dos primeros títulos, Luna de casino: una novela de Atlantic City (de Peter Blauner) y Diablos de polvo: una novela de Ciudad del Cabo (de Roger Smith) empezaremos a hablar muy a fondo dentro de nada.

· La segunda: Es Pop Narrativa – Biblioteca de Nuevos Clásicos. El nombre ya es bastante explicativo de por sí, pero por profundizar un poco más en su razón de ser: la idea es recuperar obras maltratadas por la crítica, vilipendiadas por el público o incluso perseguidas por la justicia en el momento de su publicación (por inmorales, intrascendentes o “subliterarias” según los cánones de la época) que hayan sobrevivido saludablemente a sus detractores hasta acabar convertidas en clásicos por derecho propio. ¿Un caso paradigmático? El de la novela que inaugura la colección: El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, en una traducción completamente nueva y profusamente anotada (los que conozcáis mi edición del Drácula de Stoker para la colección Gótica de Valdemar ya os podéis hacer una idea de por dónde irán los tiros).

· La tercera: Colección Sepia – Es Pop Narrativa Breve. Extensión o complemento de la anterior, de menor tamaño y dedicada a lo que los americanos llaman novella: ese formato que se mueve entre el cuento largo y la novela corta. Ejemplos perfectos del mismo son dos de los primeros títulos que pondremos pronto en las librerías: Lady Susan, de Jane Austen, y El Monstruo, de Stephen Crane.

Los premios.

El plan de publicación es, como decía al principio, ridículo para cualquier editorial que se precie, pero sumamente ambicioso para una de nuestras características. Y somos perfectamente conscientes de que para que llegue a buen puerto vamos a necesitar vuestra colaboración, no sólo como lectores sino, tanto o más importante, como transmisores e interlocutores. Así pues, queremos iniciar el año dándole un buen empujón a nuestras redes sociales para que puedan servir adecuadamente de trampolín a todas las novedades que empezaremos a anunciar en marzo. Para ello, se nos ha ocurrido organizar el siguiente concurso:

· Todos aquellos usuarios que empiecen a seguirnos en twitter o facebook a partir de hoy y hasta las doce de la noche del 29 de febrero, entrarán automáticamente en el sorteo de dos lotes de libros compuestos por los cuatro títulos publicados hasta ahora en la colección Valdemar/Es Pop (Acero, A la cara, Capturado y Reina del Crimen) más la reedición en rústica de Los trapos sucios de Mötley Crüe. Eso sólo por apuntarse.

· Y como nos parecería feo recompensar sólo a los recién llegados y no a los que lleváis con nosotros desde el principio, todos aquellos que ya sean seguidores de Es Pop Ediciones en twitter o facebook y nos ayuden a difundir bien el concurso (vinculando, por ejemplo, esta entrada del blog), bien la editorial en general (ya sea tuiteando vuestros motivos para seguirnos o recomendando nuestros libros o línea editorial de la manera que os parezca más pertinente y, por supuesto, sincera; no son falsos halagos lo que andamos buscando) entrarán en el sorteo de la botella de whisky que tuneamos y fotografiamos para crear la portada de la reedición de Los trapos sucios acompañada de dos libros de la colección Es Pop Ensayo a elegir por el ganador. Recordad, eso sí, integrar siempre “@EsPopEdiciones” en el tuit o vincular vuestra mención en nuestro muro de facebook, condición ineludible para que nos enteremos de vuestros comentarios y podamos incluiros en el sorteo. Mucha suerte para todos y gracias por anticipado por participar y ayudarnos a crecer.

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Domingo 18 de diciembre de 2011

Historias del barrio

El centro de Palma, esa urbe que los peninsulares tienen la extraña manía de denominar metonímicamente Mallorca y que los mallorquines llamamos con característica pachorra isleña “Ciutat” (como para dejar claro que, efectivamente, es la única que tenemos), ha cambiado mucho en estos últimos treinta años. Para saber cuánto, uno no tiene más que asomarse a las páginas de Historias del barrio, un cómic escrito por Gabi Beltrán y dibujado por Bartolomé Seguí que he tenido el honor de prologar. Y cuando utilizo la palabra “honor” no lo hago con la boca chica. Gabi, como ya sabrán los más avezados seguidores de Es Pop Ediciones, es también un excelente ilustrador y el diseñador de nuestro logo, ese pulpo marciano que nos observa siempre con su único ojo desde la columna derecha. Seguí, por su parte, es desde hace muchísimo tiempo uno de mis dibujantes favoritos y, junto a Max, creo que el más claro ejemplo para los lectores de mi generación de que no sólo era posible dedicar tu vida al cómic (o a la escritura o a las artes en general), sino que era posible dedicar tu vida al cómic siendo mallorquín (supongo que en estos tiempos de globalización e interconectividad las cosas habrán cambiado, pero si algo recuerdo perfectamente de mi infancia es esa sensación de, perdonad la perogrullada, aislamiento; la idea de que todo aquello que más nos gustaba, los tebeos, las películas, los libros… tenía que venir indefectiblemente de fuera). Juntos, Gabi y Tomeu han parido una obra tan personal, tan sentida, tan dolorosamente sincera y tan… sí, tan mallorquina dentro de su universalidad, que me hace verdaderamente feliz haber tenido la posibilidad de colar mi nombre entre sus páginas. Igual que me alegra comprobar que, en apenas un par de semanas, han comenzado a proliferar las reseñas de aquellos que, como yo, consideran Historias del barrio uno de los mejores tebeos del año. Aquí os dejo, pues, el prólogo, esperando que sirva para abriros un poco el apetito. Que lo compréis, vaya.

Historias del barrio
De ciertos autores suele decirse, cuando dan realmente en el clavo, que «han nacido» para producir tal o cual obra. Sin embargo, yo jamás me atrevería a afirmar que Gabi Beltrán nació para escribir Historias del barrio, ya que me parece que no estaría sino restándole méritos y ninguneando el verdadero valor de su trayectoria como historietista en general y de estas memorias de adolescencia en particular: creo que aquí lo importante no es que Gabi naciera para escribirlas, sino que ha vivido para contarlas. Puede que de buenas a primeras la frase parezca excesivamente melodramática, pero cualquiera que creciese durante los años ochenta en el barrio chino de Palma (o en Palomeras; o en La Mina; o en Almanjáyar; o en Bilbao la vieja; desgraciadamente no será por falta de equivalentes) captará perfectamente el matiz.


Historias como las aquí reunidas raras veces se cuentan «desde dentro». Ciertamente, situaciones y calles como las descritas por Gabi llevan ejerciendo una poderosa atracción sobre todo tipo de pintores y escritores desde que el arte es arte. Sin embargo, son unas calles y unas situaciones a las que el artista suele asomarse desde fuera, mediante una aproximación más o menos sincera, más o menos veraz, más o menos descriptiva, pero pocas veces tan genuina, porque en el fondo dicho artista nunca dejará de ser un espectador. Y por mucho que uno se sumerja en el ambiente, por mucho que llegue a meterse hasta las trancas y se revuelque en el malditismo, la granujería, «la bohemia» o lo que sea con lo que pretenda darle un aire de (innecesaria) legitimidad a su arte, siempre seguirá teniendo, por una parte, el conocimiento de que ha elegido su destino de manera voluntaria y, por otra, la disimulada pero persistente convicción de que, si las cosas se ponen verdaderamente feas, siempre podrá recorrer el camino a la inversa. Y esos dos detalles son los que marcan la insalvable diferencia entre el que siempre será visitante en un lugar y el que se siente irremediablemente atrapado por él.

Calles como estas dan la bienvenida a los artistas, pero no tienen por costumbre engendrarlos. No porque los que las habitan anden faltos de capacidad para ello, sino simplemente porque sus aceras carecen del abono necesario para que brote el germen que llevan dentro. Como muy bien dice uno de los personajes de este tebeo, por muy listo que pueda ser un colega «en este barrio eso no le servirá de nada». El día a día se impone y la posibilidad de escapar no es sino una ilusión muy poco pragmática, algo de lo que uno nunca deja de ser perfectamente consciente. (Dicha condición, me atrevería a decir, se ve redoblada en el caso de nuestros protagonistas por el mero hecho de ser isleños; cuando tu mundo es tan pequeño que resulta imposible ignorar los límites físicos del mismo, esa sensación de encajonamiento, de destino inexorable, se multiplica por mil: ¿cómo va a poder sostener uno la fantasía de poner pies en polvorosa y kilómetros de por medio cuando, vayas en la dirección que vayas, nada te espera sino la infranqueable barrera del mar?).


Así pues, este álbum es en realidad el relato de una huida. Una huida que comienza con los primeros y tímidos intentos, aquí descritos, de Gabi por escapar a su entorno y que culmina, treinta años más tarde, también aquí, en el hecho físico de tener entre nuestras manos estas historias que nos revelan todo aquello que se le pasaba por la cabeza entonces y que jamás se vio con ánimos o capacidad de contarle a sus amigos; esto último me parece particularmente importante, pues es lo que nos confirma que, aunque Gabi no haya dejado atrás el barrio (¿quién podría?) ha aprendido a vivir con él, a expresarlo y a integrarlo en un nuevo lenguaje que no era el que por cuna le «correspondía»: el del arte. Más concretamente, el del cómic.


Y es en este punto de la discusión cuando debo introducir necesariamente a Bartolomé Seguí. Tomeu lleva más de dos décadas siendo, en lo que a mí respecta, uno de los autores más infravalorados de nuestro país. Cierto: ahora que tiene un Premio Nacional del Cómic (por Las serpientes ciegas, junto a Felipe Hernández Cava) y que publica regularmente en Francia, parece que por fin se le está empezando a otorgar parte del reconocimiento que se merece como uno de nuestros mejores dibujantes en activo, pero en cualquier caso, con Historias del barrio demuestra una vez más que todos los halagos se le siguen quedando cortos. Cualquiera que haya visto aunque sólo sea unas páginas de Locus de Barna, ¿Coca o ensaimada? o El sueño de México ya se habrá dado cuenta de que Seguí narra y planifica como pocos y que, sobre todo, tiene un excepcional sentido del espacio y la dimensionalidad que siempre ha explotado al máximo en esas maravillosas panorámicas urbanitas tan características de sus historietas. Todo lo cual sigue estando presente en estas páginas. Lo que realmente me asombra de este trabajo, sin embargo, es el modo en el que se ha lanzado a reinventar por completo su estilo sin dejar por ello de ser fiel a sí mismo (compárese si no Historias del barrio con su nueva obra junto a Cava, Las raíces del caos, dibujada prácticamente al unísono: es evidente que ambas han salido del mismo pincel, pero casi se diría que están pensadas con hemisferios distintos del cerebro, algo que a mí personalmente me parece poco menos que milagroso). El trazo completamente suelto y ágil de los personajes remite al de tebeos como Lola y Ernesto o Luigi es Luis, pero reducido a su esencia, como aquí, resulta más seguro y expresivo todavía; por momentos, incluso conmovedor. Y el retrato a la vez riguroso pero nada envarado que realiza del entorno, esa Palma estilizada pero perfectamente reconocible, es puro Seguí.

Por todo ello y más, Tomeu ha demostrado ser el catalizador perfecto que necesitaban estas Historias del barrio, pues, por razones que no vienen al caso, Gabi no estaba dispuesto a dibujarlas personalmente. Lo cual no quiere decir que nunca hubieran llegado a materializarse; quizá algún día se hubiese animado a contarlas; quizá en prosa pura y dura. Pero, sinceramente, creo que no habrían tenido el mismo peso emocional. Aunque con el paso de los años le hayan acabado dando un buen número de disgustos, no creo que sea una exageración decir que, en cierto modo, las viñetas salvaron la vida de Gabi. Cuando menos, le dieron una dirección, un destino: la posibilidad de otra isla. Que Seguí decidiera poner su pincel al servicio de estas historias para asegurarse de que veían la luz del día es otra buena muestra de su olfato como narrador y de su generosidad como autor.


Juntos, Gabi y Tomeu han recreado con suma fidelidad y desarmante honestidad una Palma de Mallorca que, en gran medida, ha dejado de existir: los ruidos del aire acondicionado han sustituido al aroma a melón y sandía que asomaba en verano por todos los balcones abiertos del barrio, y las maravillosas bodegas del centro, como aquella a la que Gabi iba a comprarle vino al señor Paco (apostaría que la misma a la que mis padres me enviaban a rellenar los canecos de Gin Xoriguer, en la calle de la Llotgeta, frente al horno con las mejores magranetes del barrio), hace ya tiempo que desaparecieron, al igual que las carnicerías de carne de caballo, los bares como el Toronto (reconvertido ahora en una especie de cafetería de diseño) y los vendedores de periódicos junto a los semáforos del paseo marítimo. Y sin embargo… y sin embargo todavía quedan vestigios entre todo el barullo cosmopolita, entre todos los Starbucks y los Zaras y los mimos y los hombres invisibles y los mariachis que pueblan el centro de Palma tal como indefectiblemente pueblan cualquier capital turística globalizada de hoy en día; a la que cae la noche y las transitadas arterias comerciales, como la calle San Miguel y Vía Sindicato, se van vaciando de gente y el bullicio va remitiendo, uno toma nuevamente conciencia de la maraña de oscuras bocacalles que lo rodean y recuerda de repente que basta apartarse un poco de la senda para meterse de lleno en el laberíntico entramado de callejas que, como buena ciudad medieval, marca el anárquico trazado del casco antiguo. Y vuelve a intuir el mismo e inaprensible aire de amenaza y tensión con el que no le quedó más remedio que aprender a vivir treinta años atrás, cuando recorría sus calles a diario. Porque, por mucho que uno quiera alejarse, el barrio perdura. Perdura en las calles y ahora, también, para nuestra enorme fortuna, en estas páginas nacidas en ellas.

Más sobre Historias del barrio
· Perra adolescencia, artículo de Lucía González para El Mundo.
· Un relato de dura adolescencia, artículo de Laura Calvo-Serrano para la Agencia Efe.
· Una muy buena reseña de David Fernández para Zona Negativa.
· Reseña de Álvaro Pons en La cárcel de papel.
· El poder del barrio, columna de M. Elena Vallés en Diario de Mallorca.
· Buena entrevista de Víctor Conejo con Gabi, también en Diario de Mallorca.

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Martes 13 de diciembre de 2011

Gastronomía oculta

Desde la semana pasada y hasta el próximo 8 de enero, el museo de arte contemporáneo Es Baluard, de Palma de Mallorca, acoge “Palma: Unofficial Tourism”, un proyecto del artista Iñaki Larrimbe en el cual he tenido el placer y la fortuna de colaborar, participando en la elaboración de una guía y un plano que ofrecen al visitante una serie de rutas alternativas a las del turismo más típico y tradicional. Copio de la nota oficial:

Palma: Unofficial Tourism es una intervención relacional y colaborativa en torno al fenómeno del turismo cultural en Palma. Para llevarla a cabo, Iñaki Larrimbe ha contado con la intervención de nueve colaboradores relacionados con la ciudad, que han realizado las rutas temáticas siguientes:
· Pedro Barbadillo: “Palma de cine”. Un recorrido por espacios relacionados con el mundo del cine.
· Pere Joan y Enriqueta Llorca: “Escaparates (con solera y peculiares)”. Comercios en donde el gusto o capricho personal sobrevive.
· Ata LaSalle: “Famosos”. Desmitificando la huella de algunos personajes populares.
· Jordi Martínez: “Palma urvana”. Edificios en construcción, en ruina, abandonados.
· Ana Nieto: “Palma-piscinas”. Un recorrido por algunas piscinas de la ciudad.
· Jordi Pallarès: “Intervenciones gráficas urbanas”. Intervenciones urbanas −de autor, pseudónimas o anónimas.
· Oscar Palmer: “Gastronomía oculta”. Descubrimos algunos tesoros gastronómicos desconocidos, en gran medida, por el turista.
· Marina P. de Cabo: “Palma la nuit”. Una selección de los locales emblemáticos de la noche palmesana.

Tanto la guía como los planos pueden recogerse gratuitamente en una caravana dispuesta para tal fin junto a la puerta del museo y también están disponibles en issuu. La guía, en castellano y catalán, puede verse y descargarse aquí. Y el mapa, en castellano, aquí. También hay versiones en inglés y en alemán, accesibles desde la página oficial del proyecto: www.unofficialtourism.com. Yo, mientras tanto, he subido a flickr una selección de las fotos que hice mientras preparaba la ruta, para la cual me permití dar rienda suelta a una de mis principales aficiones: darle gusto al estómago. Si tenéis curiosidad, podéis verlas todas en este set. ¡Cuidado que abren el apetito!

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Martes 15 de noviembre de 2011

Fabricando imágenes

“Fabricando imágenes” es el título de una exposición virtual de Javier Olivares que podrá verse (mediante proyección continua) en el Café Moderno de Madrid (Plaza de las Comendadoras nº 1) del 17 al 24 de noviembre. La exposición constará de 57 ilustraciones que dan buena muestra de la increíble versatilidad de Javier, el cual afirma haber llevado a cabo la selección poniéndose “en la piel de un explorador, o más bien de un arqueólogo gráfico, que husmea en sus propios cajones y desentierra restos de antiguas y olvidadas ilustraciones. Todo un yacimiento de variadas imágenes, creadas a lo largo de los años y que dan buena cuenta de lo variada y sorprendente que puede ser a veces la profesión de ilustrador”. Yo sólo añadiré que entre los trabajos elegidos se cuentan varios de mis favoritos de la producción reciente de Javier, como su alucinante póster de King Kong, las ilustraciones para Interruptus, esta aproximación a la biodinámica o sus lamentablemente escasas portadas para Valdemar.

La exposición se inaugurará este jueves 17 (pasado mañana, vamos) a las 20:00 horas mediante una charla mano a mano entre Javier y aquí el que viste y calza. Hablaremos, cómo no, del arte y el oficio del ilustrador, de libros y portadas de libros, de cómic y cartelismo y, en definitiva, de todo lo que nos gusta hablar regularmente aquí en Cultura Impopular. Si os podéis pasar, estaremos encantados de veros allí.

ACTUALIZACIÓN
El tío Berni, de Entrecomics, se ha dado generosamente el palizón de transcribir la charla entera, que podéis leer acompañada de sus correspondientes imágenes aquí: http://www.entrecomics.com/?p=70653

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Viernes 14 de octubre de 2011

Fargo Rock City: The Concurso

Lo que veis aquí arriba es el fragmento de una carta enviada por el casero de Chuck Klosterman que aparece reproducida en las páginas finales de Fargo Rock City. Para darle un poco más de gracia al asunto, en vez de limitarnos a traducir sin más el texto de la carta inglesa, creamos este facsímile en castellano con sus borrones de tippex y sus manchas de café y después la escaneamos para incluirla en el libro. Si quieres recibir en tu casa ya no una carta parecida, sino exactamente esta misma… ¡ahora puedes! Para celebrar que estamos a punto de alcanzar los 1.000 usuarios en twitter, hemos decidido sortear un ejemplar de Fargo Rock City que enviaremos recién salido de la imprenta y todavía calentito (como mínimo una semana antes de que llegue a las tiendas) acompañado del original de la misiva en cuestión como recuerdo exclusivo (bueno, Klosterman tiene una igual, pero nadie más). Reconozco que como regalo no pasará a los anales de la historia, pero… ¡esperad a que lleguemos a los 2.000!

Para participar, lo único que tenéis que hacer es escribir un tuit en el que mencionéis Fargo Rock City o a Chuck Klosterman de cualquier modo o manera. Tanto da que sea algo del estilo de “Qué ganas de leer Fargo Rock City” como del de “Qué pesaos que están los de @EsPopEdiciones con el puto Chuck Klosterman”. Evidentemente todo esto no es sino un burdo ardid para crear un poco de expectación por el libro, pero no por ello os pedimos que vayáis a decir nada que no penséis de verdad (por la misma regla de tres, si ya conocéis la obra y os parece magnífica, tampoco os vayáis a cortar de gritarlo a los cuatro vientos, claro). En cualquier caso, importante: acordaos de incluir un @EsPopEdiciones en el tuit o al final del mismo para que podamos contabilizarlos todos debidamente e ir asignándoles número en riguroso orden de llegada. El lunes 31 de octubre, haremos un sorteo entre todos los tuits recibidos y enviaremos el libro al ganador (y si eres de los que ya has hecho o van a hacer la precompra del libro en nuestra tienda, no te preocupes: participa igualmente y ya nos aseguraremos de que ambas cosas no se solapen). ¡Mucha suerte y gracias por la difusión!

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Lunes 13 de junio de 2011

Biografías a calzón quitado

Anteayer apareció en El País un artículo de Diego Manrique titulado Por qué fascinan las vidas de los canallas, en el que daba un repaso al género de las autobiografías de roqueros y en el que intervengo con un par de declaraciones. La minientrevista que me hizo Diego para preparar su artículo me hizo volver a reflexionar en voz alta (algo que nunca está de más) sobre algunos aspectos del tipo de libros que editamos en Es Pop, y por eso la recupero aquí hoy en su totalidad (prometo no volver a colgar otra entrevista conmigo mismo en muuucho tiempo, que esto ya parece un egotrip continuo).

Charles Mingus, un jazzman con autobiografía intensa (Menos que un perro,
editada hace algunos años por Mondadori).

Se me ocurre que somos mirones de los excesos y de lo ocurrido con las estrellas sacamos (A) lecciones morales o (B) placeres vicarios. ¿Cuál es tu interpretación? ¿Deseamos que los rockeros tengan existencias más al límite que, no sé, los jazzmen o los actores o los banqueros?
Supongo que es la típica atracción que ha generado siempre la figura del forajido, pero adaptada a la cultura del gran espectáculo, ¿no? Por una parte tiene ese elemento de vivir vicariamente una existencia completamente desmadrada al margen de horarios laborales, novias formales y vagones de metro atiborrados. Desde ese punto de vista podrían considerarse puro escapismo, como Conan con guitarras. Por otra, creo que ese regodearse en el lado oscuro del rock tiene también cierto valor reconfortante para gran parte de los lectores: sabemos que nunca vamos a acceder a ese mundo y envidiamos a quien lo logra, pero… oye, si resulta que el precio a pagar son adicciones, muertes, puñaladas traperas, ataques de locura y escarnio universal, a lo mejor con verlo de lejos ya nos basta. A mí personalmente lo que me fascina, y el motivo de que edite este tipo de libros, es que se trata de historias de individuos dispuestos a vivir la vida a su manera, a través de su arte, al margen de las convenciones y las consecuencias. En ese sentido, veo muchos puntos de contacto entre, por ejemplo, las autobiografías de Charles Mingus y Mötley Crüe, y a su vez entre estas y la biografía de Philip K. Dick escrita por Emmanuel Carrère o la que editamos nosotros de Charles Schulz, por poner dos ejemplos totalmente ajenos a la música.

¿Echas algo de menos en esos libros? Quiero decir: ¿te los crees o piensas que son productos hechos mediante un patrón? El Modelo Neil Strauss, para entendernos.
Hay muchos que indudablemente sí, siguen un patrón, y no pasan de ser eso: productos realizados con un mínimo de profesionalidad, pero escaso interés literario al margen de lo mucho o lo poco que te interese el personaje. Precisamente uno de los aspectos más fatigosos de la edición es tener que leer incontables manuscritos clónicos en busca de aquel que realmente digas: “Oh, por fin algo distinto, personal, genuino; este sí que merece la pena”. Nada que, por otra parte, no suceda en otros géneros, todos tienen sus fórmulas: el negro, la ciencia ficción, la novela romántica e incluso la mal llamada “novela literaria”, que aunque pretenda estar por encima de los géneros ha acabado siendo un género en sí misma, precisamente a base de repetir esquemas y modelos narrativos. En cualquier caso siempre hay gente capaz de jugar con los clichés y romper patrones, y ese es el tipo de libros que nos interesa a nosotros. Yo creo que el propio Neil Strauss rompió muchos esquemas con Los trapos sucios, combinando la biografía tradicional con la historia oral a lo Legs McNeil, lo cual le aporta al libro una vitalidad, un empuje y una técnica literaria de las que carecen la gran mayoría de biografías, ya no sólo de roqueros sino de cualquier tipo.

Philip K. Dick no era roquero, pero gustosamente hubiéramos editado su biografía (si no lo hubiera hecho ya Martínez Roca. Y es estupenda, por cierto).

En EEUU parece haber un boom de este tipo de libros. En España ¿se venden mejor que otros tomos de música? ¿Tienes cifras?
No dispongo de otras cifras al margen de las de Es Pop, así que sólo puedo decir que, en lo que a nosotros respecta, es lo que mejor estamos vendiendo: más que los libros de cine, más que la narrativa. En cualquier caso, no creo que se trate tanto de un éxito generalizado de la biografía roquera como de un puñado de libros en concreto que están funcionando bastante bien y casualmente han coincidido en el tiempo. Si te pasas por una gran superficie tipo Fnac verás que en realidad son pocos los títulos que llegan a gozar de una exposición continuada en la mesa de novedades (la biografía de Elvis de Peter Guralnick, el Vida de Keith Richards, el Cosas que los nietos deberían saber de Mark Oliver Everett, Los trapos sucios, etc.) mientras que la gran mayoría siguen pasando bastante desapercibidos.

Creo que fuisteis pioneros en estos libros. ¿Vais a sacar más?
Más que nada creo que fuimos pioneros en editarlos de una manera muy determinada, en un formato y con una serie de características (tapa dura, sobrecubiertas, lomo de tela) muy poco vistas en nuestro país para libros de este tipo. La idea que queríamos transmitir era: sí, es la biografía de un grupo metalero de los ochenta, pero no por eso deja de ser un señor libro, que merece la pena ser leído y merece la pena ser editado de la mejor manera posible, porque no es, retomando la pregunta anterior, un mero producto; va más allá. Y sí, sí que tenemos pensado sacar más biografías de este tipo. No muchísimas más, porque como te decía antes, tampoco abundan los títulos que realmente mantengan el nivel, pero al menos un par más sí que caerán.

¿Has leido alguna autobiografía similar en España? Ya no digo de pop o rock…estaba pensando en la de Sabina de Menéndez Flores, pero no tiene el elemento auto-.
La única que he leído yo que esté a ese mismo nivel (lo cual, por supuesto, no quiere decir que sea la única) es Corre, rocker, de Sabino Méndez. Aún estoy por leer Barcelona ciudad de Loquillo, aunque por lo que he ojeado me da la impresión de que es algo menos cruda. Otro título que me viene a la cabeza es Escupidos de la boca de dios, el libro sobre La banda trapera del río que hizo Jaime Gonzalo, pero claro, no es autobiografía, ni siquiera sé si lo podemos considerar biografía estrictamente hablando, pero temáticamente creo que es otro que sí se acerca mucho a esto que estamos hablando.

El mítico playback de Siniestro Total en “Caja de Ritmos”. ¿Quién no querría
leer una buena biografía de estos elementos?

De artistas españoles ¿de quién te gustaría leer una autobiografía a calzón quitado?
Me encantaría leer una biografía estilo Los trapos sucios de Siniestro Total, en la que participaran todos los componentes, aportando cada uno su historia. Sería como Rashomon con gallegos.

Ahora que lo pienso, ¿sería posible? En el fondo somos muy pudorosos… aquí no se saca rendimiento al arrepentimiento público.
No sé si es cuestión de pundonor o de que nos movemos en una industria tan pequeña que, por no ofender a individuos con los que lo mismo vas a tener que vértelas antes o después, quieras o no, uno acaba mordiéndose la lengua a no ser que se haya salido ya del mundillo, como era el caso de Sabino cuando publicó Corre, rocker. O también puede ser que todavía tengamos machacada en el cerebro la idea de que la confesión ha de ser privada. A veces me da la impresión de que todo esto de las confesiones públicas surge de una tradición más protestante, más anglosajona: los grupos de ayuda, los arrepentimientos públicos y televisados de políticos y actores, las autobiografías exhibicionistas… todo viene un poco del mismo sitio, ¿no?

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Jueves 9 de junio de 2011

Tomándole el pulso a Es Pop

Hace unos días Frank G. Rubio me entrevistó para el diario online El Pulso. Debido a cuestiones de espacio, hubo que aligerar un poco las respuestas para su publicación, pero Frank me ha cedido generosamente la entrevista íntegra para reproducirla también aquí (únicamente he suprimido una respuesta puramente coyuntural acerca de la Feria del Libro). Si ya habéis leído otras entrevistas conmigo, podéis saltaros perfectamente la primera pregunta, porque la respuesta es la misma de siempre (un día de estos tendré que inventarme un nuevo origen y hacerle un reboot a la franquicia), pero más abajo hablo por primera vez de las novedades que estamos preparando para después de verano y eso creo que sí puede tener cierto interés. ¡Gracias, Frank!

La opinión de la crítica: ¡Así no, Robert!

¿Cómo, cuándo y por qué empezó todo?
Después de más de una década traduciendo para otras editoriales y estudios de doblaje, decidí que quería probar suerte con títulos cien por cien afines a mis intereses como lector. Debo decir que como traductor siempre me he sentido bastante privilegiado. He realizado trabajos alimenticios, como todo el mundo, pero por regla general he tenido la fortuna de trabajar con editores que me han dado bastante cancha a la hora de elegir y he podido ir haciéndome un “catálogo” que creo refleja bastante bien mis gustos. Imagino que convertirme en editor era el paso lógico para personalizar aún más esa labor como traductor y para poder intervenir en otras partes del proceso que siempre me han resultado fascinantes, como por ejemplo el diseño. Al margen de todo eso, me parecía que había un hueco bastante claro en el mercado del ensayo y la biografía centrados en la cultura popular, dos géneros que o bien no se estaban editando lo suficiente o bien de manera muy dispersa. Se dio la casualidad de que los dos primeros títulos por los que pregunté en las agencias, dos libros que yo consideraba de referencia, estaban incomprensiblemente disponibles. Eran Los trapos sucios de Mötley Crüe y El otro Hollywood de Legs McNeil y Jennifer Osborne. Me pareció una oportunidad tan clara que no me quedó más remedio que lanzarme con ellos y así empezó todo.

Es Pop tiene una gama muy interesante de novela policíaca contemporánea, háblame de sus características.
Son novelas de género que se declaran y se manifiestan orgullosas de serlo. En un momento como el actual, en el que continuamente se publican verdaderas basuras disfrazadas de “bestseller de calidad”, que incluso pretenden llegar envueltas de cierta coartada literaria con la que engañar a los acomplejados, nos parecía necesario dar a conocer a autores que no sólo no tienen ningún afán de “trascender el género” sino que lo abrazan y lo cultivan con entusiasmo. Que saben perfectamente que autores como Chandler, Cain, Stark o Highsmith son grandísimos estilistas, grandísimos escritores, y que una visión compleja del mundo, la ética y la moral no tiene por qué estar reñida con el entretenimiento. Hay quien dice que son novelas NEOPULP, lo cual me parece estupendo, ya que ciertamente enlazan con esa tradición de la gran novela popular de los cuarenta y los cincuenta, una idea que también hemos intentado reforzar visualmente. La colección está coeditada a medias entre Es Pop Ediciones y Valdemar, algo que además de resultarme un placer, porque son buenos amigos míos que encima han jugado un papel importante en el hecho de que acabara dedicándome a esto, me parece completamente coherente. No me cabe duda de que si Valdemar fuera una editorial del siglo XXII, recuperarían a autores como Neil Cross, Megan Abbott o Christa Faust como los clásicos que merecerían ser dentro de cien años, igual que ahora recuperan a Stoker, Lovecraft y Conan Doyle, entre muchos otros.

¿Cómo ves el panorama editorial en el contexto de la crisis?
Hombre, lo veo tan mal como cualquier otro panorama. Con cinco millones de parados en el país y sin que esto tenga pinta de haber tocado fondo aún… qué te voy a decir. Llorar porque se venden menos libros, que es verdad, que se están vendiendo menos, sería casi obsceno. Pero para mí el problema fundamental es que ni siquiera cuando la economía estaba sana podía uno decir que el panorama fuese muy halagüeño. Tenemos uno de los países en los que menos se lee de Europa y las tiradas no hacen más que acortarse. Los lectores se quejan de que los libros son caros, y tienen toda la razón cuando dicen que en Amazon pueden comprarlos como poco por la mitad, pero es que producir los libros en España, con las tiradas mínimas que nos vemos obligados a hacer, sale muy caro, también para el editor. En ese sentido creo que las pequeñas editoriales, que no suelen depender tanto de los grandes éxitos de la temporada, teníamos ya cierto callo que puede que nos haya preparado algo mejor para este momento que estamos atravesando. Quiero decir, que para nosotros la estrategia para sobrevivir ahora mismo no ha cambiado apenas a la de hace un par de años cuando las cosas iban supuestamente bien: consiste básicamente en cuidar mucho el catálogo, cuidar mucho la presentación y ofrecer a cambio de un producto que muchos consideran sobrepreciado algo que realmente compense el desembolso en todos los aspectos: que la lectura sea satisfactoria, que el libro sea bonito y que te apetezca no sólo disfrutarlo sino conservarlo, sobarlo, verlo en la estantería, regalarlo y quedar bien. Y ser conscientes de que, en el mejor de los casos, nos estamos dirigiendo a unos pocos miles de lectores, no a esos centenares de miles que son los que parecen que están en peligro de perder las grandes editoriales, pero que a nosotros, sencillamente, ya nos parecían inalcanzables desde el primer día.

La opinión de la crítica: ¡Así sí que sí!.

¿Cómo te trata la crítica?
La más especializada, la literaria, directamente no nos trata. Parece que vivimos en mundos paralelos. Bueno, miento, cuando sacamos la biografía de Charles Schulz, el creador de Carlitos y Snoopy, tuvimos una cobertura fantástica, salió en todos los suplementos y la respuesta fue en general muy positiva, cosa que de verdad agradezco. Pero parece que es lo único en lo que hemos coincidido mínimamente hasta ahora. Volvemos a lo que decíamos antes de las coartadas culturales y de los complejos que seguimos arrastrando en este país con todo lo que huela a popular o a entretenimiento. Mientras que en Francia a Megan Abbott, por poner un ejemplo reciente, la reseñan abundantemente y la entrevistan en medios como Le Monde, aquí ni dios mostró el más mínimo interés en hablar con ella cuando salió Reina del crimen. Y mira que ofrecimos la posibilidad. Afortunadamente, con lo que sí hemos contado hasta ahora, y de una manera muy entusiasta además, ha sido con el apoyo de blogueros y de la prensa alternativa. Tiene narices que todos o casi todos nuestros títulos de narrativa hayan salido reseñados, y muy bien reseñados, en revistas como Vice, Ruta 66 o Popular 1 mientras que para los suplementos literarios sencillamente no existimos. De todos modos imagino que la situación mejorará tan pronto como nos dé por publicar a autores checos, sefardíes y galeses (risas). Con todos mis respetos para los autores checos, sefardíes y galeses, ¿eh?

¿Qué preparas para el futuro?
Ahora mismo estamos preparando dos colecciones nuevas para después del verano. La primera, Es Pop Narrativa, que hemos subtitulado de manera un tanto pedantorra “Biblioteca de nuevos clásicos”, estará dedicada principalmente a recuperar obras del siglo XX maltratadas en su momento por la crítica, el público y hasta la justicia; títulos tachados en su día de obscenos e insolentes, cuando no de subliteratura, que a pesar de todo han acabado convirtiéndose en clásicos (o si no, deberían serlo). No puedo confirmarte todavía ningún título ya que aún estamos cerrando los primeros. Sí te puedo adelantar, eso sí, los dos primeros de la otra colección que vamos a lanzar, que se llama Pulpo Negro y que viene a ser un poco el reverso tenebroso de lo que estamos editando en Valdemar/Es Pop; es decir, que aquí pasamos de la narrativa un tanto retro o de inspiración clásica a la novela negra más brutal y desesperanzada, muy crítica, muy social, muy de ahora. Si Valdemar/Es Pop es NEOPULP, Pulpo Negro vendría a ser NEONATURALISMO, Zola para el siglo XXI. Y la colección la van a lanzar el norteamericano Peter Blauner con Luna de casino, una novela que destapa los paralelismos entre los métodos de la mafia de Atlantic City y los de las grandes corporaciones que operan en la misma ciudad, y el sudafricano Roger Smith con Demonios de polvo, un retrato demoledor de la Sudáfrica contemporánea que es como El poder del perro pero con zulúes. ¡Imagínate!

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Martes 24 de mayo de 2011

Clásicos como cachiporras

Esta semana llega a las tiendas, justo a tiempo para la Feria del libro de Madrid, un librito que he traducido para otra editorial amiga, Rey Lear. Se trata del ensayo de Oscar Wilde The Soul of Man Under Socialism, rebautizado en esta ocasión como La importancia de ser socialista para que haga juego con otros dos títulos del mismo autor (La importancia de no hacer nada y La importancia de discutirlo todo) aparecidos anteriormente en la misma colección. Los tres, por cierto, con portada de Miguel Ángel Martín. Como suele ser habitual en Wilde, al final lo del socialismo no deja de ser otra excusa para hablar largo y tendido sobre las dos cuestiones que realmente le preocupan: el individuo y el arte. Y desde ese punto de vista tiene observaciones muy interesantes, en ocasiones muy socarronas y, por lo general, muy relevantes todavía hoy. Una de mis favoritas es esta que os pego a continuación.

«Al público le desagrada la novedad porque le tiene miedo. Representa para él una forma de Individualismo, una aseveración por parte del artista de que es él mismo quien elige su tema, y lo trata según su antojo. Y al público no le falta razón en su actitud. El Arte es Individualismo, y el Individualismo es una fuerza perturbadora y desintegradora. En ello reside su inmenso valor. Pues lo que busca perturbar es la monotonía del tipo, la esclavitud de la costumbre, la tiranía del hábito y la reducción del hombre al nivel de una máquina. En el Arte, el público acepta lo que ya ha sido porque no puede alterarlo, no porque lo aprecie. Engulle los clásicos de una sentada y nunca los saborea. Los tolera como inevitables y, al no poder mutilarlos, opina vacuamente sobre ellos. Curiosamente —o no tan curiosamente, dependiendo del punto de vista de cada uno—, esta aceptación de los clásicos causa un gran prejuicio. [...] Lo cierto es que el público hace uso de los clásicos de un país como herramienta para comprobar los progresos del Arte. Degrada a los clásicos a la categoría de autoridades. Los usa como cachiporras para impedir la libre expresión de la Belleza en nuevas formas. Siempre le está preguntando al escritor por qué no escribe como otro, o al pintor por qué no pinta como otro, completamente ignorante del hecho de que si cualquiera de los dos hiciera algo similar dejarían de ser artistas. Los nuevos modos de Belleza le resultan completamente de mal gusto, y cada vez que aparece uno se muestra tan airado y desconcertado que siempre usa dos expresiones estúpidas: una, que la obra de arte es groseramente ininteligible; la otra, que la obra de arte es groseramente inmoral. A mí me parece que lo que quiere decir el público con estas expresiones es lo siguiente. Cuando dice que una obra es groseramente ininteligible, quiere decir que el artista ha dicho o creado algo nuevo; cuando describe una obra como groseramente inmoral, quiere decir que el artista ha dicho o creado algo bello que además es cierto».

Más información sobre La importancia de ser socialista en la página web de Rey Lear Editores.

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Jueves 12 de mayo de 2011

Nacer en tiempos de crisis

“Pequeñas editoriales: nacer en tiempos de crisis” es el título de un artículo escrito por Ángeles Castillo para el número de este mes de la revista Delibros (el 253), en el que compartimos experiencias varios nuevos editores como, entre otros, Rubén Hernández (Errata Naturae), Francisco Javier Jiménez (Fórcola) o Donatella Ianuzzi (Gallo Nero). Es decir, aventureros al frente de sellos independientes lanzados en este último par de años. Dejo aquí la parte del artículo dedicada a Es Pop Ediciones con mi agradecimiento a Ángeles por habernos incluido en tan distinguido grupo.

El “hombre-editorial”
Como carta de presentación, a Es Pop le vale una cita de Nietzsche: “El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas a menudo estarás solo, y a veces, asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo”. Detrás, está Óscar Palmer, un veterano traductor que ha ilustrado su biografía en rojo y negro: “Después de más de una década traduciendo para otras editoriales, y tras haberme vinculado en varias ocasiones a proyectos más modestos, tipo revistas y fanzines, decidí que había llegado la hora de empezar a traducir para mí mismo, no sólo para tener una mayor libertad de elección en los títulos sino además para poder sacar los libros con una estética y formatos más afines a mis gustos”.
Palmer encontró un camino poco transitado: “Me pareció que había un hueco bastante evidente tanto en el mercado de las biografías como en el de la narrativa de género contemporánea de calidad, que son las dos ramas que tocamos. Y el deseo por dar a conocer a autores como Christa Faust, Neil Cross o Megan Abbott se impuso a la prudencia”. La fe le llevó a la acción. De hecho, define a la suya como “edición de guerrilla”. O en más palabras: “Es Pop Ediciones es un proyecto bastante atípico en el sentido de que la editorial realmente es una extensión directa en todos los aspectos de la persona que está detrás, ya que no me encargo sólo de escoger y editar los libros, sino que también los traduzco y los diseño personalmente. La del hombre orquesta no es una estrategia viable a largo plazo, pero por ahora la idea es hacer lo máximo con los mínimos recursos”.
Y todo esto hay que hacerlo, no conviene perderlo de vista, en plena crisis. “Por ahora lo único que puedo decir es que si acaso nos ha vuelto más precavidos. Títulos a priori más arriesgados que nos hubiera encantado sacar este año han debido quedar en la nevera a la espera de tiempos mejores. También hemos espaciado la frecuencia de los lanzamientos. Este año teníamos pensado doblar los del pasado y al final creo que nos vamos a quedar con más o menos los mismos porque al ritmo al que se han reducido las ventas sencillamente no podríamos amortizarlos todos en un plazo razonable, así que nuestros esfuerzos van destinados a mantener menos libros más tiempo en el mercado, y no al revés, como parece ser la tónica general”.
Su estrategia ha desembocado también en una alianza con esa editorial necesaria que es Valdemar —para autores inéditos en España—, de donde surge el sello Valdemar/Es Pop.
El fantasma de la crisis está ahí, amenazante. “En el día a día el pequeño siempre sufre más, aunque sólo sea por la falta de recursos para mantenerse a flote. Tener menos que perder no es necesariamente una ventaja”. Sí son ventajas, y con mayúsculas, “la capacidad de reacción, más rápida cuantas menos personas intervengan en el proceso, y la libertad que da el no tener que alimentar una gran maquinaria con nuevos productos todos los meses, lo cual permite seleccionar mejor los títulos y lanzarlos más a tu conveniencia que a la del mercado”. Ahora que Es Pop cumple dos años y tiene ocho títulos en el mercado, con una tirada mínima de 2.000 ejemplares (con la flamante excepción de la biografía de Slash, que salió con 3.000), el balance que hace Palmer es “agridulce”. En tanto el temporal amaina, recomienda leer Capturado, de Neil Cross, uno de los suyos.

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Viernes 3 de diciembre de 2010

Caras de cartón

Ya sabéis que ocasionalmente, y sin abusar, me gusta dejar aquí constancia de algunos de los trabajos que voy traduciendo para otras editoriales, ya sean libros o tebeos. Después de todo, la traducción sigue siendo mi primera fuente de ingresos (si alguien pensaba que vivo exclusivamente de la editorial, lamento tener que desengañarle; ¡qué más quisiera yo!). De lo que no suelo hablar casi nunca, sin embargo, es de las traducciones que hago para la televisión. Principalmente porque, francamente, dan un poco de vergüenza ajena. De programas de caza y supervivencia a los realities más cutrongos del universo, la cantidad de basurillas con las que he tenido que vérmelas en los últimos años bastaría para quemarle el cerebro a cualquiera (estoy convencido de que a mí también me ha dejado secuelas). Muy de vez en cuando, sin embargo, me voy encontrando con proyectos que disfruto (como las ocho temporadas de That 70s Show o las tres primeras de Rockefeller Plaza). Y hoy precisamente quería hablaros de uno de ellos: Mary Shelley’s Frankenhole, una serie de animación para adultos producida por Adult Swim que acaba de empezar a emitirse en España a través de TNT.

Frankenhole es una creación de Dino Stamatopoulos, que también trabajó en The Drinky Crow Show, dando vida a los personajes del descacharrante Maakies, de Tony Millionaire. En esta ocasión, Stamatopoulos ha puesto su talento y su mala baba al servicio de los personajes clásicos de las películas de monstruos de la Universal, recuperando no sólo arquetipos como el Barón de Frankenstein, Igor, la criatura, el hombre lobo y Drácula, sino también toda una estética e incluso rasgos de actores en concreto (el profesor Polidori, secuaz de Frankenstein en estas aventuras, por ejemplo, tiene el rostro, los manierismos y hasta el acento de Ernest Thesiger, el actor que interpretaba al doctor Pretorius en La novia de Frankenstein de Whale). Partiendo de una premisa argumental totalmente comodín (Frankenstein ha creado una serie de “frankenagujeros” espaciotemporales que permiten que cualquiera pueda acudir a consultarle desde cualquier momento y lugar), Frankenhole se permite jugar con los géneros y con todo tipo de situaciones derivadas del “paciente estrella” de cada episodio. En el que emite TNT esta noche, por ejemplo, la incapacidad de Thomas Jefferson para satisfacer sexualmente a sus esclavas le lleva hasta Frankenstein para solicitar un transplante de pene “cuanto más africano mejor”, lo cual desemboca en varios viajes temporales en busca del negro perfecto hasta culminar en un divertido número musical encabezado por Ike Turner y Chuck Berry. Otros episodios destacados tienen como protagonistas a Hitler (que quiere que le hagan una operación para dejar de odiar a los judíos), a Ron Howard (que quiere volver a ser joven y bello como cuando era niño prodigio para poder masturbarse a gusto delante del espejo) y a Lyndon B. Johnson (que quiere que transplanten su cerebro al cuerpo del recién difunto JFK para poder trajinarse a todos sus ligues). Imagino que vais viendo el patrón: Frankenhole es una serie de humor brutote, sobrado y 100% irrespetuoso que se pasa la corrección política completamente por el forro, provocando no sólo la carcajada sino también, en ocasiones, incredulidad. Su mayor mérito, sin embargo, es que sabe ir más allá de la barrabasada para alcanzar cotas de auténtica brillantez formal, como por ejemplo el episodio 5, “El ataque del Hombre Lawrence” (probablemente mi favorito), una estupenda e ingeniosa historia de hombres lobo/viajes en el tiempo escrita por Scott Adsit.

Pero al margen de sus aciertos como serie de humor, Frankenhole brilla también como serie de animación gracias a una maravillosa técnica de stop-motion que da vida a un material tan poco habitual en el gremio como el papel. Una idea surgida de la necesidad, pero que otorga una personalidad muy propia y unas texturas muy poco habituales a los personajes, tal y como explica el propio Stamatopoulos en esta entrevista: «Al tener que reproducir los rasgos de tanta gente conocida, decidimos prácticamente desde el principio que no podíamos permitirnos esculpir tal cantidad de cabezas, de modo que fui al tipo que hace las marionetas y le dije: “Un buen recurso sería coger fotografías de gente famosa y envolver con ellas las marionetas”. Darles una cualidad un poco a lo South Park, sólo que más tridimensional. Fue él quien desarrolló estos extraños y hermosos origami con los que envolver a los personajes, y el resultado es realmente asombroso». Esta novedosa técnica, combinada con los cuidados diseños tanto de los personajes como de los decorados, son los que hacen de Frankenhole un apetitoso bocado para todos los fans de la animación. Y como muestra, un botón: los primeros cinco minutos del episodio 4. Aunque están en inglés, no os perdáis al menos los créditos a partir del minuto 1:40.

Si os ha gustado, ya sabéis: esta noche en TNT, a las 00:50 horas, más (también podéis consultar los horarios de los próximos episodios aquí). Yo sólo puedo decir que ojalá funcione bien y que haya más temporadas, porque realmente ha sido una de esas raras ocasiones en las que me lo he pasado pipa trabajando para la tele. Y por si algún productor está leyendo esto, añadir que sólo otra cosa podría hacerme más feliz: ¡que alguien me llamara para traducir Misfits!

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