Cultura Impopular

El blog de Espop Ediciones

Viernes 17 de junio de 2011

Apetito por el violonchelo

A través de No puedo creer me entero de la existencia de Luka Sulic y Stjepan Hauser, los componentes del dúo croata 2Cellos, que acaba de publicar un disco de megaenérgicas versiones en cuerda de clásicos del rock y el pop. Algo que por lo general no suele hacerme demasiada gracia (nunca me fue el rollo Apocalyptica), pero… ¿quién podría resistirse a este tremendo “Welcome to the Jungle”? No sé si Slash se habría dignado a opinar de ellos en su autobiografía, pero por mi parte, si de verdad los viera en la calle, les echaba todo lo que llevara en el bolsillo.

Música , , 5 comentarios

Domingo 24 de abril de 2011

A las puertas del infierno

Los Antònia Font dispuestos a explorar un glaciar sonoro. Foto: Biel Santandreu.

Llevo toda la semana obsesionado con Lamparetes, el nuevo disco de Antònia Font. Y cuando digo obsesionado no lo digo en plan retórico ni porque me guste exagerar, sino porque cuando unas cuantas melodías se te meten en el cuerpo a nivel subcutáneo y se pasan el día viajando entre las neuronas y la lengua, irrumpiendo en los momentos más inesperados, mientras haces cola para la caja del supermercado o sorbes un potaje de garbanzos, no se me ocurre otra definición más adecuada. Es como una infección contagiosa que viaja directamente del equipo de música al cerebro. Una sensación poco menos que de dependencia que te obliga a pulsar repetidamente el replay y a ponerte pesadísimo con todo el mundo alabando las excelencias del disco en cuestión. Así pues, porque no puedo evitarlo, ahí va mi canción favorita de Lamparetes (y para mi gusto uno de los mejores temas que han grabado los Antònia Font en toda su carrera) acompañada de la letra en mallorquín y en castellano.

ICEBERGS I GÈISERS
Jo l’enyor com segles de glaceres solitàries
davallant mil·límetres cap als oceans (icebergs),
molt abans que habitassin sa Terra es éssers humans,
no hi havia ningú per mirar-les, només crustacis i algues (icebergs).
Jo l’enyor com el Titànic, com si m’haguessin tallat els collons
mil elefants en estampida que se m’enduen sa vida.

Som davant ses portes de l’infern,
m’és igual la mar infinita navegant a dins sa fosca,
som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.

Jo l’enyor com segles de glaceres solitàries
davallant mil·limetres cap als oceans (géisers),
un piano caient de s’Empire State (Building),
era tonta i rosseta, segons s’al·lot, sa jugueta.

Som davant ses portes de l’infern,
plataformes de petroli amb diàmetres enormes,
Som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.
Som davant ses portes de l’infern,
rodejat de flamarades molt amunt a dins ses ombres,
som a ses portes de l’infern per tu i tenc plans de futur.

ICEBERGS Y GÉISERES
Yo la añoro como siglos de glaciares solitarios
bajando milímetros hacia los océanos (icebergs)
mucho antes de que habitaran la Tierra los seres humanos,
no había nadie para mirarlos, solo crustáceos y algas (icebergs).
Yo la añoro como el Titanic, como si me hubieran cortado los cojones
mil elefantes en estampida que se me llevan la vida.

Estoy delante de las puertas del infierno,
me da igual la mar infinita navegando por dentro de la oscuridad,
estoy a las puestas del infierno por ti y tengo planes de futuro.

Yo la añoro como siglos de glaciares solitarios
bajando milímetros hacia los océanos (icebergs)
un piano cayendo del Empire State (Building)
era tonto y rosadito, según el niño, el juguetito.

Estoy delante de las puertas del infierno,
plataformas de petróleo con diámetros enormes,
estoy a las puestas del infierno por ti y tengo planes de futuro.
Estoy delante de las puertas del infierno,
rodeado de llamaradas muy arriba entre las sombras,
estoy a las puertas del infierno por ti y tengo planes de futuro.

El resto del disco es igual de espléndido, y consigue la extraña hazaña de ser el más barroco y atrevido de su carrera y, a la vez, quizá el más accesible. Según contaba Joan Miquel Oliver en una entrevista con la agencia ACN: “Cada vez nos abrimos más puertas. Cada vez el público nos abre más puertas aceptando nuestras rarezas. Cualquier cosa me sirve para componer y en este caso pensé en los pioneros, en los descubridores, en exploradores. Que en la actualidad pueden ser, yo que sé, artistas o gente como Clint Eastwood, que ha hecho una carrera en la que está demostrando que cada vez es mejor, está demostrando que eso de la juventud es como una especie de mito que está sobrevalorado”. Clint Eastwood es, precisamente, el protagonista y título del primer single de este Lamparetes, y aquí está su vídeo.

· Pincha aquí para ver las fechas de la gira de presentación de Lamparetes, que comienza mañana en Palma de Mallorca.

Música , , 3 comentarios

Viernes 31 de diciembre de 2010

Será por listas

Andrew Garfield se pregunta cuáles son los mejores libros del año (fotograma de Boy A).

Como todos los años por estas fechas, los quioscos y la blogosfera se llenan de listas; listas con lo mejor del año, listas con lo peor, listas de la compra, listas de listados. Es un ritual que no deja de ser divertido, particularmente para esos locos que, como yo, nos pasamos el año apuntando en cuadernos, por ejemplo, todos los libros leídos, o calificando en la IMDB todas las películas vistas. Por otra parte, acaba resultando también un poco cansino, sobre todo a la que has leído dos o tres listas prácticamente idénticas en medios supuestamente distintos. ¿De verdad necesitamos otro “best of” de los libros del año para hablar de Coetzee y Llosa, entre los publicados en España, o de McCarthy y Franzen en el caso del mundo anglosajón? Bueno, es posible que sí, si lo que queremos establecer es una suerte de calificación pretendidamente impepinable, que es uno de los posibles propósitos de cualquier tipo de lista. A mí, en cualquier caso, me atrae mucho más otra función derivada de este frenesí numerador, que es la de aprovechar para descubrir qué cosas se te han escapado, aquellas a las que a lo mejor no has prestado demasiada atención no por falta de interés, sino de tiempo o por despiste. Es por eso que este año he decidido preparar mi propia lista, no con lo mejor de, ni con lo peor de, sino con una serie de obras que, por hache o por be, no han tenido la repercusión que en mi opinión se merecían. Una lista, si queréis, de marginados en las listas. Me encantaría, además, que si os apetece utilizarais los comentarios para añadir otros libros, películas o discos escasamente promocionados, vuestras recomendaciones personales, vuestros ninguneados favoritos de este 2010 que acaba esta noche Después de todo, se trata de descubrir.

De mis dos novelas favoritas entre las publicadas este año en España ya he hablado largo y tendido. Una es 1974, de David Peace (editada por Alba), la cual comenté en este medio repaso que hice a la obra de su autor (la segunda parte, por cierto, ya está al caer). La otra, The Turnaround, de George Pelecanos, ha sido publicada por Ediciones B con una portada horrenda y el incongruente título de Sin retorno, pero aun así no puedo menos que recomendarla fervientemente. Hablé de ella en su día aquí. Para no repetirme, he preferido obviarlas, pero tampoco quería dejar de mencionarlas. Y ahora sí, tras este preámbulo, ahí van mis (otros) diez libros del año.

DOS HISTORIAS TREMEBUNDAS
1. Niño A, de Jonathan Trigell (Sajalín Editores). Me da la impresión de que, de un tiempo a esta parte, tanto centrarnos en literaturas como la nórdica, la sudafricana o incluso la japonesa nos está haciendo perder un poco de vista el relevo generacional que se está dando en una “escuela” tan próxima y tradicionalmente tan bien representada en España como es la británica. En cierto modo, tampoco está mal, ya que eso nos da a las editoriales pequeñas la oportunidad de acceder a autores que de otro modo estarían permanentemente en manos de las grandes. Es lo que hicimos nosotros con Neil Cross y eso es lo que han hecho los chicos de Sajalín con la primera novela de Jonathan Trigell, Niño A, la historia de Jack, un joven de 24 años que, tras haber pasado 14 en la cárcel por haber participado en un asesinato muy del estilo del célebre caso James Bulger, queda en libertad bajo la tutela de un trabajador social para reincorporarse al mundo enmascarado tras una nueva identidad. Trigell plantea la obra mediante una serie de fogonazos, de escenas más o menos cerradas (ordenadas siguiendo un orden de títulos alfabéticos, como si fuera uno de los diccionarios de Edward Gorey) que van pintando alternativamente y a modo de mosaico el pasado de Jack junto a sus intentos por construirse una cotidianidad mientras intenta escapar del agujero negro creado por su crimen, en su vida y en la de los demás. Es una novela directa, seca y tierna a partes iguales, que además dio pie a una película excepcional, Boy A, dirigida por John Crowley y con un Andrew Garfield en estado de gracia, que por desgracia, si no me equivoco, ni siquiera llegó a estrenarse aquí (afortunadamente el DVD americano tiene subtítulos en español).

2. La guerra es bella, de James Neugass (papel de liar). Personalmente, no comparto ese hartazgo que parece manifestar cantidad de gente con todo aquello que tenga que ver con la guerra civil. Para mí se trata, al igual que la Segunda Guerra Mundial para los norteamericanos, de un momento fundacional y decisivo no sólo para la historiografía sino, precisamente, para la creación de un terreno mitológico dentro de lo narrativo. Vamos, que no me cansa. Y me alegra ver que hay otros editores que tampoco se cansan y que se lanzan a editar libros como este. Aunque el subtítulo, “diario de un brigadista americano en la guerra civil española”, ya indica bien claro de qué va el tema, también se queda corto. La guerra es bella es la peripecia, contada día a día, de un conductor de ambulancias de la Brigada Lincoln. Como tal, no tiene ninguna voluntad de ser objetiva ni de analizar el conflicto desde un punto de vista distanciado. Y eso es precisamente lo interesante y absorbente de este libro, que es profundamente personal. Si algo le preocupa a Neugass no es desde luego registrar históricamente los hechos de tal o cual batalla, sino dejar constancia de sensaciones, de experiencias: el frío, la expectación ante el ataque, el ingenio a la hora de preparar las comidas, el comercio con cigarrillos, los chascarrillos en las literas, el día que se aprende el modo correcto de cavar trincheras. Y el modo en el que uno se va implicando en un conflicto, al margen de ideologías, sólo por inevitable compañerismo hacia la gente que esquiva balas a tu lado, algo que llevará a este en principio tímido conductor de ambulancias a acabar exclamando: “Sé que la idea de llevarte por delante unos cuantos enemigos cuando la palmas es infantil y propia de mahometanos, pero si la palmo, y también si no, confío en que pronto podré decir que todo el dinero que los antifascistas americanos invirtieron para enviarme aquí les ha sido devuelto con todo su peso en sangre”. Si eres de los que disfruta con series como Hermanos de sangre o The Pacific, no lo dudes. Hazte con él.

DOS RECUPERACIONES PERTINENTES
3. Dog Soldiers, de Robert Stone (Libros del Silencio). Aunque contábamos ya con traducciones de otras novelas suyas, como Banderas al amanecer, Una galería de espejos y La puerta de Damasco, resultaba increíble que todavía nadie hubiera editado aquí precisamente su título más mítico, el que le convirtió en un autor de referencia para varias generaciones de escritores (desde DeLillo y Ellroy hasta otros a priori alejados de su universo como Franzen y Stephen King) y en un verdadero punto de inflexión entre la “generación perdida”, el movimiento beat y la novela norteamericana contemporánea, con tintes de nuevo periodismo. Ahí es nada. Pero si semejante pedigrí puede llegar a echar un poco para atrás (por aquello de que parece imposible estar a la altura de tanta “titulitis”), basta enfrascarse en las primeras páginas de la novela para olvidarse de todo y dejarse absorber por las desquiciadas desventuras de Ray Hicks, un ex-marine recién regresado de Vietnam que, metido a traficante de heroína, recorre una California de pesadilla, convertida en poco menos que un nuevo Infierno de Dante (ilustrado por Crumb en vez de por Doré) en el que el verano del amor y la contracultura ha dado paso a un permanente invierno del mal rollo. Espeluznante por momentos, más divertida de lo que uno podría imaginar en un principio y tan adictiva como la heroína de Hicks, Dog Soldiers es una de esas novelas que no desmerecen su fama.

4. Plinio. Todos los cuentos, de Francisco García Pavón (Rey Lear). Recuerdo las novelas de García Pavón como una constante de siempre en casa de mis padres, motivo por el cual nunca me arrimé a ellas, no porque no me resultaran atractivas (de hecho siempre me molaron bastante las portadas) sino porque pensaba que ya habría momentos de sobra para leerlas. Vamos, que prefería, mientras pudiera, seguir comprando libros nuevos de autores nuevos, suponiendo que ya acabaría hincándoles el diente a las de Pavón en algún que otro momento de hambruna literaria. Al final me fui de casa sin haberlas leído nunca y sin saber lo que me estaba perdiendo. Afortunadamente, en este último par de años parece que se está dando una recuperación constante de todos los casos detectivescos del sin par Plinio, Jefe de la Guardia Municipal de Tomelloso, siempre tan presto a seguir una nueva pista como a compartir unos vinos y unos pitos en la bodega que se tercie. Y a mí, ahora sí, me tienen completamente enganchado. Al interés intrínseco que puedan tener cada uno de los misterios a los que se tiene que enfrentar Plinio, se le une siempre un retrato magistral de la vida y las costumbres de una pequeña ciudad de provincias y un dominio del castellano absolutamente abrumador, brillante, juguetón y por momentos hasta hipnótico. Más allá de un simple trasvase de modelos literarios propios de otras latitudes, lo que hizo Pavón con estas novelas fue crear poco menos que un género propio: el de la investigación rural en un entorno puramente chanante. Si todavía no conoces a Plinio, tanto la recopilación de Casos celebres reunidos en un solo libro hace un par de años por Destino como este volumen de cuentos rescatados hace unos meses por Rey Lear son buenos puntos de partida.

DOS LIBROS QUE ME HUBIERA GUSTADO EDITAR
5. Homicidio, de David Simon (Principal de los libros). Antes de The Wire estuvo The Corner. Y antes de The Corner estuvo Homicidio, vida en las calles, otra magnífica serie a medio camino entre la televisión tradicional (pongamos Canción triste de Hill Street o Policías de Nueva York) y lo que estaba por venir. Producida por Barry Levinson, filmada en plan semidocumental en las calles de Baltimore y protagonizada por un reparto estelar que incluía a Ned Beatty, John Polito, Yaphet Kotto, Andre Braugher y Melissa Leo, la serie estaba basada, efectivamente, en este libro, y le sirvió a Simon para dar el salto del mundo del periodismo al de la producción televisiva: es decir, que gracias a Homicidio tenemos hoy en día The Wire, Generation Kill y Treme, lo cual ya de por sí sería motivo suficiente para comprarlo. Pero es que al margen de eso se trata de una lectura fascinante. David Simon aprovechó los contactos ganados durante una década como periodista de sucesos para acompañar, durante todo un año, a los detectives de homicidios del turno de noche de Baltimore. Ese año es el que recoge en este texto, una mirada inusualmente clara y directa a la labor policial, con todas sus glorias y miserias. Cuando digo que me hubiera gustado editar este libro, lo digo completamente en serio. Y de no habérsenos adelantado los chicos de Principal de los libros lo habríamos hecho no tardando mucho. Y no se me ocurre mejor recomendación que esa, no tanto porque crea que somos una editorial con un buen gusto acojonante sino porque demuestra que estábamos dispuestos a gastarnos una pasta para traer este libro a España. A ti te va a salir mucho más barato disfrutarlo, así que yo que tú no desaprovecharía la oportunidad.

6. Éramos unos niños, de Patti Smith (Lumen). Éste, sin embargo, digo que me hubiera gustado editarlo, pero realmente no sé si me hubiera atrevido, así que me parece afortunado que lo haya hecho otro para al menos poder disfrutarlo. También es el que más reparo me da recomendar alegremente, porque igual que a mí me ha resultado tierno y por momentos lírico, entiendo perfectamente que a otro pueda resultarle ingenuo e incluso ñoño por los mismos motivos. En cualquier caso, estas historias de sufridos aspirantes a artista que, guiados por una concepción juvenil y casi etérea de lo que es el arte, acaban dándose de bruces con la triste realidad pero no por ello se dejan derrotar por ella (o no del todo, al menos) me pueden. Y estas memorias de Patti Smith centradas principalmente en su relación con Robert Mapplethorpe, cuando ambos intentaban ganarse malamente la vida en el Nueva York de finales de los sesenta y primeros de los setenta, cuentan precisamente eso. Por supuesto, ayuda que en el reparto de “secundarios de lujo” aparezcan figuras como Hendrix, Warhol, Lou Reed, Cohen y un largo etcétera.

DOS TEBEOS DE CONFIRMACIÓN
7. Smart Monkey, de Winshluss (La Cúpula). Este ha acabado siendo otro muy buen año para el cómic. Yo, al menos, he leído no menos de una docena de títulos que no dudaría en calificar de excelentes. Además, ciertas obras concretas, como el indispensable Notas al pie de Gaza de Joe Sacco o El invierno del dibujante de Paco Roca han recibido una inusitada y muy merecida atención mediática. En cualquier caso, algunas cosas nunca cambian, y en el cómic, como en cualquier otro medio, a la hora de los grandes elogios siempre suele haber un gran olvidado: el humor. Motivo por el cual tenemos aquí en la lista al francés Winshluss, que el año pasado ya destacó con su maravilloso Pinocchio y que en esta obra, de factura anterior, vuelve a demostrar que: a) es un dibujante formidable capaz de oscilar entre el feísmo más underground y una exquisitez propia de los más finos estilistas de la nueva novela gráfica; y b) tiene una mala leche supina y un humor negro descoyuntante. En Smart Monkey, seguimos las peripecias del mono listo del título, tras haber sido expulsado de la manada por haber querido beneficiarse a la consorte del gorila jefe, a través de un fantástico paisaje selvático semi-antediluviano plagado de peligros. Si el desenlace te parece cruel, el epílogo no te lo parecerá menos y encima conseguirá que te sientas mal por no poder dejar de reír.

8. No moriré cazado, de Alfred (Astiberri). Uno de mis tebeos favoritos del año y, en mi opinión, uno de los peores tratados por la crítica. Sospecho (aunque sin ninguna base científica para ello) que en este aspecto le perjudicó bastante salir al mercado prácticamente al mismo tiempo que Amistad estrecha, de Bastien Vivés, sin lugar a dudas otro de los cómics del año y todo un despliegue de poderío narrativo basado en la ilustración pura y dura, en los detalles, en la gestualidad de los personajes. No fueron pocas las personas que, en su momento, me compararon uno con otro, argumentando que Amistad estrecha era “puro cómic” y que No moriré cazado era una “novela ilustrada”, porque usa abundantes textos de apoyo, como si ese no fuera un típico recurso de tebeo (algo que viene a ser como decir que El club de la lucha o Uno de los nuestros no son “puro cine” porque utilizan abundante voz en off). Lo realmente importante es que en este caso Alfred utiliza los textos de apoyo con mucho tino, por lo general para ofrecer una información que no necesariamente discurre en paralelo a la proporcionada por la imagen, y que cuando es necesario prescinde por completo de ellos con escalofriantes resultados (como en el violento desenlace de la historia). Si todavía eres de esos indecisos que tienen ganas de hincarle el diente a una novela gráfica pero no saben muy bien por dónde empezar, este asfixiante drama rural con tintes peckimpahnianos sobre cómo los ambientes cerrados ejercen de caldo de cultivo para la violencia bien podría abrirte el apetito.

DOS REGALOS PARA LA VISTA
9. Art of McSweeney’s, VV.AA. (Chronicle Books). Si hay un libro que cualquier fan del diseño o de la edición debería haberse comprado este año, es este (con permiso del también fenomenal Penguin 75). No sólo es un espectacular repaso al proceso de creación de todos los números de la revista literaria McSweeney’s (de la cual ya hablé aquí), sino que además incluye cantidad de información práctica y muchas, pero que muchas buenas ideas. Si no eras editor antes de leerlo, como poco te entrarán ganas de intentarlo nada más acabarlo. Y si lo que te interesa es única y exclusivamente la parte visual, la variedad y calidad de las ofertas propuestas por McSweeney’s también bastarán para saciarte durante una buena temporada. Está bien, he hecho trampa y he incluido en la lista un libro que no se ha editado ni creo que se vaya a editar nunca en España, pero no podía dejar de mencionarlo porque, de verdad, es una preciosidad. Al menos se puede pedir en Amazon

10. Breathless Homicidal Slime Mutants. The Art of the Paperback, de Steven Brower (Universe Publishing). Otro libro que llega de fuera, pero en este caso me escudo en la endeble excusa de que tampoco tiene demasiado que leer. Me hubiera gustado recomendar, para acabar, un producto algo más fino, tipo Born Modern, un repaso a la vida y la obra del gran diseñador Alvin Lustig, o Another Science Fiction: Advertising the Space Race 1957-1962, un maravilloso repaso a los anuncios con motivos espaciales de “la era atómica”, pero tengo que ser sincero conmigo mismo y reconocer que el libro que más ilusión me hizo recibir este año fue este tomo de casi 300 páginas que recopila otras tantas portadas de noveluchas de bolsillo norteamericanas (puedes ver un par de muestras aquí). No puedo evitarlo, estos modelos de edición ya caducos realmente me ponen y, teniendo en cuenta que prácticamente han desaparecido, siempre es una alegría encontrar algún loco maravilloso que deja constancia de que, al igual que los mohicanos, en otro tiempo estuvieron ahí. ¡Feliz año!

CineCómicLibrosMúsica 12 comentarios

Viernes 26 de noviembre de 2010

Esto es lo que sé de Slash

Hay que reconocer que en parte me está viniendo bien que la publicación de la autobiografía de Slash haya coincidido precisamente con la gira de promoción de su nuevo (y también homónimo) disco. Hacía mucho tiempo que el de la chistera no estaba tan presente en los medios como en estos últimos meses, y aunque en la mayoría de sus intervenciones ni siquiera menciona el libro, en ocasiones encuentro cosas que me pueden resultar muy útiles como material promocional. Una de ellas es esta entrevista realizada por Shahesta Shaitly para el semanario británico The Observer, publicada el domingo pasado en la sección This Much I Know (“Esto es lo que sé”), cuya principal característica es la de reproducir únicamente las respuestas del entrevistado en plan confesional. No deja de resultarme curioso que aunque sólo sea mediante unas cuantas pinceladas superficiales, el texto acaba revelando más sobre la vida y la persona de Slash en poco más de un folio que toda la patética entrevista que le hizo Buenafuente hace un par de semanas (de una sosería y una banalidad francamente imperdonables, máxime teniendo en cuenta que desde la redacción del programa se habían puesto previamente en contacto con nosotros para solicitarnos un ejemplar de la biografía, supuestamente para poder preparar a fondo la entrevista, o sea que no sería por falta de documentación). Pero bueno, tampoco era de eso de lo que quería hablaros hoy. Así que vamos a lo que vamos y aquí os dejo traducido, respetando su formato original, el “Esto es lo que sé” de Slash.

Las guitarras son el objeto más molón y sexy que existe. Me sentí sobrecogido la primera vez que junté tres notas seguidas y sonaron tal como debían sonar.

Toqué fondo de 1996 a 2001. Dejé Guns N’ Roses y mi alcoholismo alcanzó su cota máxima. Tenía 35 años y me tuvieron que instalar un defibrilador en el corazón.

Dejé la bebida y las drogas hace cinco años. Solía ser heroinómano. Hasta entonces, si tomaba drogas no bebía demasiado, y si le daba a la bebida no me drogaba en exceso. Siempre era o una cosa o la otra.

La gente tiende a pensar que era un borracho embrutecido, lo cual probablemente fuera cierto en algún momento. Pero incluso en los tiempos en los que me iba la marcha rehuía a la gente y prefería estar solo. Éramos yo y mis demonios.

Hace año y medio que no fumo un cigarrillo.

Me crié en Stoke-on-Trent. Nos mudamos a Los Ángeles cuando tenía cinco años. Mis recuerdos de Stoke son agradables: mi tía y mi abuela preparando  pasteles de manzana y mi abuelo comportándose como un anticuado jefe de bomberos. Lo que más eché de menos cuando dejé Gran Bretaña fue que en L.A. no había lollipop ladies [controladoras de paso cebra].

Slash con la primera encarnación de Snakepit. Foto: Alison Dyer.

No sé qué sentimiento me produce lo “americano”, pero desde luego siento afinidad por lo británico. Me siento más cómodo en una habitación llena de gente si hay un británico en ella.

Al haber crecido rodeado de famosos, a menudo me preguntaba qué se sentiría siendo uno, pero cuando me llegó el turno no tuvo nada de especial.

Le tengo fobia a sacar el brazo por la ventanilla del coche mientras conduzco. Imagino que tendrá algo que ver con que toco la guitarra y necesito el brazo.

La telerrealidad es un signo del fin de la civilización occidental tal como la conocemos. Ya no queda ningún misterio en nada.

Todo el mundo me hace preguntas acerca de qué pasó con Axl y me veo obligado a encontrar respuestas, pero en realidad no hay mucho que decir.

No soy una persona emotiva. Supongo que es uno de mis defectos. La última vez que lloré fue probablemente cuando murió mi madre.

Las groupies han cambiado. En los 70 sólo querían sexo. En los 80 querían estar cerca de alguien rico. De las groupies de los 90 no puedo contaros nada porque no me acuerdo. Ahora son o muy inocentes o acosadoras de las que dan miedo.

Soy un adicto a los programas de cocina. No tengo paciencia para cocinar, pero sé todo lo que se puede saber al respecto.

Trabajar con Michael Jackson fue estupendo. No era un dictador ni uno de esos gilipollas idiosincrásicos que se creen con derecho a comportarse como gilipollas porque son geniales. Michael era la encarnación de la música.

Creo en algo superior a sí mismo. No tiene que ver con dios.

Haber tenido hijos sigue cambiándome. Soy un eterno adolescente, así que tener a mis dos hijos es como estar acompañado de un par de colegas.

Mi mayor logro es haber seguido con vida todo este tiempo en la industria de la música… o quizá sencillamente haber seguido con vida, punto.

Slash cuando acostumbraba a destrozar furgonetas de alquiler. Si has leído la autobiografía,
ya sabes de qué va la vaina. Foto: Robert John.

LibrosMúsica , , 7 comentarios

Lunes 22 de marzo de 2010

Una banda sonora para Acero

Para celebrar que Acero y A la cara, los dos primeros títulos de Es Pop Narrativa, ya están en las tiendas, hoy os traigo una chorradilla simpática que espero que os haga gracia. Se trata de una banda sonora para Acero, elegida por el propio autor de la novela, Todd Grimson. Hace poco le estuve entrevistando para el dossier de prensa del libro y, teniendo en cuenta la importancia que tiene la música dentro de la trama y lo mucho que contribuye a su ambientación, se me ocurrió pedirle que elaborara una pequeña lista de temas adecuados para una hipotética banda sonora. Y este ha sido el resultado:

  1. Sueisfine, de My Bloody Valentine
  2. I Only Think of You, de The Horrors
  3. Jesus is On the Mainline, de Mississippi Fred McDowell
  4. Colony, de Joy Division
  5. Dreams Burn Down, de Ride
  6. Algo de Mazzy Star
  7. Más My Bloody Valentine
  8. Piano Sonata nº 1, de Alban Berg interpretada por Glenn Gould
  9. Visions de l’Amen, de Olivier Messiaen para dos pianos, interpretada por Serkin & Takahashi
  10. Cuarteto para cuerda nº 1, de Maurice Ravel
  11. Decades, de Joy Division
  12. Insight, de Joy Division
  13. Sonata para piano y cuarteto de cuerda, de Morton Feldman, interpretada por Yuki Takahashi y Kronos Quartet
  14. Algo de Ry Cooder tocando la slide guitar en plan lento, como en la banda sonora de Paris, Texas
  15. Reverence, de Jesus & Mary Chain

Ahora, gracias a Spotify, si tenéis interés por oír a qué suena esta recopilación urdida por el bueno de Todd Grimson o incluso ponerla de fondo mientras leéis el libro, tenéis ya todos los temas reunidos y colocados en orden en esta lista de reproducción.

Un par de comentarios acerca de la lista. Como veréis, el tema de Mazzy Star y el segundo de My Bloody Valentine no estaban especificados, así que estos en concreto los he añadido yo; “So Tonight That I Might See” porque me parecía que encajaba muy bien después del “Dreams Burn Down” de Ride y “Come in Alone” porque creo que refleja un momento muy concreto de la relación entre Justine y Keith y ese punto de semioptimismo que adoptan durante la segunda parte del libro. Por otra parte, no he conseguido encontrar la versión de Visions de l’Amen de Serkin & Takahashi, pero supongo que podremos apañarnos con esta grabación de 2006 a cargo de Andreas Grau y Götz Schumacher (cabe aclarar que Visions de l’Amen es una obra formada por siete composiciones, de las cuales he elegido sólo una, el “Amén del deseo”, pues es la que personalmente más apropiada me parecía para el libro, pero ya que Grimson menciona la obra entera, dejo aquí otro vínculo a Spotify para quien quiera sumergirse por completo en las Visions de l’Amen de Messiaen). ¡Que ustedes lo disfruten!

LibrosMúsica , , , 11 comentarios

Lunes 23 de noviembre de 2009

Extraterrestres ilustrados

Mireia Pérez, que fue la ganadora de las dos entradas para el festival Extraterrestres Baleàrics 09 que sorteamos la semana pasada, no sólo ha cumplido el requisito de escribirse una pequeña crónica con sus impresiones sobre el evento sino que, yendo muchísimo más allá del deber… ¡se la ha dibujado! Aquí arriba podéis ver una de las viñetas. Si queréis leer la historieta entera no tenéis nada más que entrar en su tumblr. Desde luego, con lectoras así da gusto. ¡Muchas gracias, Mireia!

CómicMúsica , , Sin comentarios

Lunes 16 de noviembre de 2009

Extraterrestres Baleàrics

Ilustración de Max para el cartel del festival Extraterrestres ’09.

Si hace un par de semanas hablábamos de editores locos, hoy toca hacerlo de mallorquines locos, otro colectivo al que me une no poca afinidad. Este viernes, el Círculo de Bellas Artes de Madrid se convertirá durante un par de horas en un pequeño satélite del archipiélago balear alojando el festival Extraterrestres ’09, todo un muestrario de creatividad isleña que, en fin, no es por hacer apología de la tierra, pero parece a priori una de las propuestas culturales más interesantes de todo este mes de noviembre en la capital. La velada estará compuesta de cuatro actuaciones de lo más variado, y debo reconocer que a dos de los artistas implicados, el extravagante Doctor Magneto y el monologuista juguetero Miquel Llonovoy, no los conozco de nada. Sin embargo, creo que ya sólo por ver tocar en directo a Joan Miquel Oliver la ocasión puede merecer la pena. Joan Miquel es el compositor, letrista y guitarrista de Antònia Font, grupo imprescindible que me brindó no sólo uno sino dos de los mejores conciertos que pude ver el año pasado (uno de ellos precisamente en el Círculo de Bellas Artes, cuando vinieron a presentar su antología Coser i cantar). En esta ocasión, Oliver llega con un proyecto más personal aún bajo el brazo, su tercer largo en solitario, Bombón mallorquín, un disco que discurre por caminos perpendiculares a los transitados con los Antònia, manteniendo cierta inevitable familiaridad a la vez que aporta nuevos matices más sorprendentes y experimentales, ejemplificados por temas como “Polo de llimona”, “Arbre que mira farola” o “Lego”, que en un mundo ideal habría sido uno de los singles del año. En cualquier caso, no hace falta que te fíes de mi palabra, puedes visitar el MySpace de Joan Miquel o, mejor aún, escuchar el disco entero en Spotify. Por si eso fuera poco, el plato fuerte de la velada es la actuación de Pascal Comelade y la Bel Canto Orquestra, acompañados a los pinceles por Max, el creador de Bardín el Superrealista y desde hace tres décadas uno de los autores más importantes de nuestra historieta. Max dibujará en vivo y en directo todo aquello que le sugieran los acordes y los ritmos de Comelade y la Bel Canto, creando entre todos un espectáculo audiovisual lógicamente irrepetible.

Joan Miquel Oliver.

Todo esto lo cuento no sólo para poneros los dientes largos, sino porque tengo aquí dos entradas cortesía del Círculo de Bellas Artes para sortearlas entre los lectores del blog. Lógicamente, van las dos juntas. Si queréis haceros con ellas, escribidme al mail que aparece en la columna de la derecha indicando en el tema “mallorquines locos”. A cambio, lo único que os pido es que, después, hagáis una minicrónica del evento en vuestro blog o subáis algunas fotos a vuestro flickr o, en fin, lo que queráis y más os apetezca, pero que deje algún tipo de constancia de la velada. Recordad que el concierto será este viernes 20 de noviembre a partir de las 21:30 horas. El jueves por la mañana tiraré los dados y colgaré aquí el nombre del ganador (al cual avisaré también por mail, por supuesto).
¡Suerte a todos!
Más información en la web del Círculo de Bellas Artes y en la de Basurama.

Actualización 19-11-09
Los dados (que no los hados) han decretado que las entradas vayan a parar a las manos de, tachán, tachán, Mireia Pérez. Enhorabuena Mireia y… ¡esperamos esa crónica! Y por supuesto, gracias a todos los demás por haber participado.

Música , , 2 comentarios

Martes 6 de octubre de 2009

Tocar cuando nadie escucha

Claw Hammer. Izquierda: Jon Wahl. Derecha: Chris Bagarozzi. Pincha para ampliar.
Fotos: Wild Don Lewis.

Hace un par de días me compré Deep in the Heart of Nowhere!, el recién editado disco en directo de Claw Hammer, un grupo de rock alternativo intenso y ruidoso, de guitarras densas y voces desgañitadas, que en ocasiones recuerda un poco a Mudhoney, pero con un curioso poso stoniano y, por extensión, bluesero que asoma cuando menos te lo esperas. En cualquier caso, no es recomendar el disco lo que me ha llevado a escribir esta entrada de hoy, sino hacer una reflexión un poco de abuelo Cebolleta que me ha suscitado el texto que viene impreso en su (bonita) carpeta. Está escrito por Bob Lee, el batería del grupo, y cuenta entre otras cosas lo siguiente:

«Tocar en un club de Dallas con capacidad para 750 personas ante sólo dos espectadores no fue en realidad el concierto más indigno de la gira norteamericana de Claw Hammer en la primavera de 1995. Tan memorable momento tuvo lugar dos semanas antes en Toledo, Ohio, donde nos habían pagado mil dólares, el mayor adelanto de toda la gira, para tocar durante noventa minutos en lo que parecía ser el vestíbulo de una discoteca para adolescentes. Durante una hora y media, vimos a unas quinientas personas desfilar desde la puerta hasta donde estábamos nosotros, quedarse ahí mirándonos durante menos de diez segundos y luego volver sobre sus pasos para descender las escaleras que conducían al sótano, donde un sistema de sonido más potente que el nuestro machacaba “Gin and Juice” para la apiñada muchedumbre. [...] Para cuando llegamos a Dallas, no podía preocuparnos menos el número de asistentes. Tan pronto como llegamos al Trees, nos dimos cuenta de que no era un garito roquero, que era el único tipo de local en el que nos las apañábamos bien si era la primera vez que tocábamos en la ciudad. Joe, el técnico de sonido, sin embargo, estaba encantado, ya que según él tenían el mejor equipo de sonido con el que había trabajado jamás. Me aseguré de pasarle una cinta para que grabara el concierto a través de la mesa, y eso es lo que hoy tenéis en la mano.
»Mi recuerdo más vivido de aquella noche es que nos pusimos morados de tacos, burritos y chimichangas en un famoso restaurante mejicano que había a la vuelta de la esquina, y que regresamos bamboleándonos, tras haber perdido el sentido del tiempo, apenas diez minutos antes de la hora de empezar. Esto podría explicar por qué en este disco parecemos tan concentrados y compenetrados: estábamos demasiado ahítos como para dar botes sobre el escenario y además no había nadie para verlo. De modo que nos quedamos allí plantados, tocando todo el repertorio mientras intentábamos no vomitar nuestros refritos.
»Una cosa que recuerdo sobre los conciertos de aquella gira es que, musicalmente hablando, aprovechamos al máximo cada uno de ellos. Uno no puede deprimirse porque nadie vaya a ver el concierto, ya que eso es algo que nunca vas a poder controlar. Pero bajar del escenario sabiendo que lo que has hecho es una mierda, eso sí que es deprimente de cojones. Por ello, estábamos decididos a tocar tal y como queríamos que se nos escuchara, sin preocuparnos un carajo de todo lo demás.
»Y una cosa os voy a decir: aquellos dos tipos se quedaron pegados a sus sillas toda la noche y luego se acercaron a comprarnos unas camisetas cuando todo hubo terminado. ¿Mereció la pena el viaje? Los ejecutivos de Interscope [sello con el que acababan de firmar] podrían decir que no, pero para mí, joder, fue mucho mejor que un buen día en el trabajo».

Claw Hammer. Izquierda: Rob Walther. Derecha: Bob Lee. Pincha para ampliar.
Fotos: Wild Don Lewis.

Los recuerdos de Bob Lee me han traído a la cabeza de inmediato un artículo de Peter Leonard que leí la pasada semana en Bookgasm. En él, el hijo del novelista Elmore Leonard decía:

«Recuerdo que cuando tenía nueve años bajé las escaleras al sótano y vi a mi padre sentado frente a su escritorio, con una pared de bloques de hormigón a sus espaldas y un suelo de cemento visto bajo los pies. Estaba escribiendo a mano sobre unas hojas de papel amarillo y tenía la máquina de escribir situada sobre un soporte de metal junto a la silla. Al otro lado de la habitación, había una papelera roja de mimbre, rodeada de pelotas de papel amarillo, escenas que no funcionaban, páginas inservibles. Recordándolo ahora, aquello parecía una celda, pero mi padre no parecía ser consciente de su entorno; seguía concentrado en lo suyo, escribiendo una novela del oeste titulada Hombre, que posteriormente acabaría siendo una película protagonizada por Paul Newman. Cuarenta años más tarde, recuerdo haber visitado una tarde a mi padre al salir del trabajo. Elmore ya no escribe en un sótano de bloques de granito. Tras haber publicado 40 novelas y con una docena de guiones en su haber, ahora trabaja en el salón de su mansión en Bloomfield Hills, un pequeño barrio a las afueras de Detroit. Lo que me llamó la atención fue que su escritorio era prácticamente idéntico al que recordaba haber visto con nueve años. El mismo cuaderno de hojas amarillas, media docena de pelotas de papel alrededor de la papelera apoyada contra la pared, máquina de escribir eléctrica sobre un soporte metálico junto a la silla. Ningún ordenador a la vista. Sólo Elmore con sus vaqueros y sus sandalias y una camiseta azul marino de los Nine Inch Nails, hablando con entusiasmo de la escena inicial de su nuevo libro, titulado Un tipo implacable [publicado por Alianza en 2006]. Observando a mi padre, pensé: “He aquí un tío al que realmente le encanta lo que hace”».

Elmore Leonard. Foto: Alex Waterhouse-Hayward.

Y aquí es donde va el comentario Cebolleta: a veces me da la impresión, por algunos mails que me llegan y, sobre todo, por comentarios que leo en otros blogs, de que en mundillos como el del cómic, la literatura, el cine, la fotografía, las artes en general, hay cantidad de gente que aspira a vivir de esto sin haberse planteado si realmente disfruta de verdad haciéndolo, con la mirada puesta únicamente en las recompensas, pero sin haberse parado realmente a estudiar el trayecto que deberán seguir quieran o no; un trayecto que la mayor parte de las veces pasa por trabajar mucho, muy duramente y en un entorno muy competitivo, por lo que más te vale que lo que estés haciendo te guste DE VERDAD si no quieres acabar frustrado y algo resentido. Por eso me parecen particularmente valiosas lecciones como la de Leonard, escribiendo felizmente en su mísero sótano, o la de Claw Hammer, dejándose el resto sobre el escenario ante sólo dos espectadores. Y aquí lo importante no es quedarse con la copla de que al final la fortuna acabara recompensando la diligencia y el tesón de Leonard, sino ser consciente de que Claw Hammer acabaron fracasando y disolviéndose sin que eso importe en lo más mínimo, porque mientras estuvieron ahí hicieron lo que debían: disfrutar con su trabajo. Es por ello por lo que también quiero recuperar un texto del propio Elmore Leonard, parte de la introducción que escribió para la reedición más reciente del clásico de George V. Higgins The Friends of Eddie Coyle, que me parece también pertinente para este caso:

Robert Mitchum, otro que disfrutaba con su trabajo, en la adaptación
cinematográfica de Los amigos de Eddie Coyle.

«Antes de publicar Eddie Coyle, Higgins escribió no menos de diez libros que o bien descartó él mismo o fueron rechazados por los editores, quizá por el mismo motivo por el que The Big Bounce, mi primera novela ambientada en un entorno contemporáneo, fue rechazada en un total de ochenta y cuatro ocasiones por editores y productores cinematográficos. Los editores calificaban el libro de “deprimente”, carente de personajes simpáticos… los mismos sobre los que sigo escribiendo treinta años más tarde. El por aquel entonces agente de Higgins leyó el manuscrito de Eddie Coyle, le dijo que era invendible y dejó de representarle. Dejemos que esto sirva de inspiración para aquellos aspirantes a escritor descorazonados por un rechazo tras otro. Si crees que sabes lo que estás haciendo, tienes que darle tiempo a los editores para que se pongan al día y abran los ojos».

¿La moraleja? El único camino pasa por no rendirse jamás, pero hacer eso me temo que sólo queda al alcance de personas realmente entregadas a sus pasiones. ¿Cómo ser capaz de escribir diez novelas seguidas, y soportar esos diez rechazos, uno tras otro, si lo que disfrutas no es el proceso sino la recompensa? Francamente, no creo que sea posible si no te gusta tocar cuando nadie escucha.

CreaciónLibrosMúsica , 4 comentarios

Miércoles 30 de septiembre de 2009

Las anguilas y el hombre lobo

E y Bobby Jr.

Una de las cosas que más fastidia de ser un sello pequeño (si no la que más) es la incapacidad para poner proyectos en marcha de una manera automática. Por ejemplo: una de las cosas que me hubiera encantado hacer si me saliera el dinero por las orejas habría sido comprar de inmediato los derechos de Cosas que los nietos deberían saber, la autobiografía del músico Mark Oliver Everett, tan pronto como se anunció su existencia. Es más, si me saliera MUCHO dinero por las orejas hasta lo habría editado acompañado con un DVD del magnífico documental de la BBC Parallel Worlds, Parallel Lives, que habla de su vida y de la su padre, Hugh Everett, físico al que se atribuye la creación de la teoría de los mundos paralelos. Por desgracia, los recursos sólo llegan para unos pocos títulos al año, y hay que armarse de paciencia y ser consciente de que si dejas a una chica guapa sola en la pista de baile es muy probable que no permanezca sola mucho tiempo. Es lo que ha pasado con el libro de Everett, del cual me acabo de enterar que ya ha encontrado pareja: Blackie Books, otro sello de nuevo cuño que lo tiene anunciado para noviembre. Y aunque por una parte me fastidia, porque el grupo de Everett, los Eels, es uno de mis favoritos desde hace más de una década y me habría encantado traducirlo, por otra parte me alegro un montón de que el libro vaya a salir en castellano mucho antes de lo que yo habría podido sacarlo, y ya estoy preparando la cartera para regalar varios ejemplares a los amigotes. Son gajes inevitables y no queda más remedio que aceptarlos. Yo, que para esto soy muy obsesivo, empiezo todos los años preparando una lista con los libros que me gustaría editar y automáticamente la convierto en una lista de libros que asumo que NO voy a publicar; así, habiéndolo dejado por escrito, parece como que te mentalizas mejor, y si luego resulta que acabas pillando alguno, pues mira, miel sobre hojuelas. Y sí, ya sé que suena un poco demente, pero bueno, mejor eso que andar luego cabreado por el mundo.

Izquierda, la libreta loca en la que voy tachando lo que otros van editando.
Derecha, E por Adrian Tomine.

En cualquier caso, la noticia de la próxima edición de Cosas que los nietos deberían saber por parte de Blackie Books, a los que, repito, deseo toda la suerte del mundo, me ha llegado justo cuando estaba preparando una entrada sobre el último disco de Eels, así que ya que estoy aprovecho y la termino. Si no conoces de nada a los Eels, esta entrada de la Wikipedia te pondrá mínimamente al día. Si por el contrario ya estás familiarizado con ellos, sabrás que se trata de un proyecto personal de Everett, el cual, bajo el nombre artístico “E”, va cambiando la formación del grupo de disco en disco, dependiendo del estilo que le quiera dar a cada uno. Esto es algo que se traslada también a sus siempre sorprendentes directos, los cuales cambian por completo de gira en gira. Su anterior álbum, por ejemplo, le sirvió para realizar no una sino dos giras mundiales, una primera por teatros, acompañado de un cuarteto femenino de cuerda e instrumentos acústicos (y utilizando una maleta para la percusión en vez de una batería), y una segunda en salas de conciertos en las que interpretó las mismas canciones pasándolas por el filtro de un eléctrico trío encuerado y barbado a lo Z. Z. Top. La misma energía desgarrada, guarrona y salvaje de aquella gira es la que parece haber animado su nuevo y para mi gusto excelente disco: Hombre Lobo, 12 Songs of Desire, una vuelta de rosca a su estilo más roquero y brioso (como en Souljacker y Shootenanny, pero subiendo el volumen al once), que en ocasiones llega incluso a acercarse al tono bribón y primordial de los mejores grupos del sello Alive, como Black Keys, Left Lane Cruiser o los sin par Black Diamond Heavies. Y como muestra, un botón: “Tremendous Dynamite”, quizá mi tema preferido de todo el disco.

Por supuesto, en Hombre Lobo también hay espacio para las baladas tristonas marca de la casa, sin dejar nunca de lado, eso sí, un tranquilo y socarrón sentido del humor (característica esta última desplegada por E en todos sus proyectos y que a mí al menos es una de las que me convirtió en fan irredento de todo lo que hace), como deja bien patente el vídeo para su nuevo sencillo, “That Look You Give That Guy”, coprotagonizado por Bobby Jr., el único perro del mundo del espectáculo con página web propia.

A propósito del lanzamiento de Hombre Lobo, E ha dado varias entrevistas, entre ellas esta, esta y esta, de las cuales he sacado los siguientes fragmentos:

¿Fue duro para ti escribir el libro?
Fue lo más difícil que he hecho nunca. No recomiendo escribir un libro a menos que quieras descubrir por qué todos los grandes escritores son alcohólicos. El documental, por el contrario, fue muy sencillo. La BBC me abordó con la idea completamente desarrollada. En un principio, tuve mis dudas. Pensé: “¿Cómo van a conseguir unir tres elementos tan dispares como un documental científico, un drama familiar y un rockumental?”. Pero en mi opinión lo consiguieron de sobra.
Y después de los cuatro años que te llevó escribir el libro y hacer el documental, ¿vas y decides hacer un disco sobre el deseo?
Tras cuatro años de volver la vista atrás, sólo quería hacer algo que no fuera excesivamente autobiográfico. Quería algo completamente diferente. Y se me ocurrió la idea del deseo, la cual, para mí, musicalmente, equivalía a guitarras eléctricas y a un sonido muy inmediato. La chispa, si quieres… El comienzo de todo, ¿sabes?
De modo que has hecho un esfuerzo por no ser autobiográfico en las letras.
He hecho lo posible por no serlo. En cualquier caso, a menudo acabo dándome cuenta, cuando escribo con la voz de un personaje, que cinco años más tarde, al volver la vista atrás, resulta que, “Oh, eso es justo lo que estaba experimentando personalmente en aquel momento”. Pero por algún motivo no soy consciente mientras lo hago. Mientras estaba trabajando en el disco, le describí a una amiga el concepto como básicamente 12 temas desde el punto de vista de un viejo hombre lobo calentorro. Y ella me dijo: “Ah, o sea que es tu disco más sincero hasta la fecha”. Así que mejor me vuelves a hacer la pregunta dentro de un par de años; podría ser más autobiográfico de lo que creo.
¿Piensas que como artista necesitas seguir experimentando circunstancias inusuales para seguir creando?
No, no lo creo. Mira a Tom Waits, lleva sobrio veinte años y vive sus obsesiones a través de sus arte. Para nada tienes que ser un tipo torturado para escribir genialidades. Estoy convencido de ello. Quizá haya personas que lo necesiten porque sea el único modo en el que saben trabajar. Pero en mi opinión la imaginación es la herramienta más valiosa que tenemos todos. Sólo tienes que estar dispuesto a abrir de verdad tu imaginación más allá para ver lo lejos que puedes llegar con tus cosas. No tienes por qué vivir torturado. Basta con ser buen escritor.


En tus memorias hablas de lo difícil que te resultaba comprender la actitud distante de tu padre, y cómo iba a poder tener alguna relación su vida en un plano tan abstracto como el de la mecánica cuántica con la tuya, inmerso en la música.
A medida que he ido creciendo, no he podido evitar fijarme (como nos pasa a muchos) en las similitudes entre nuestras personalidades, y en el modo en el que vivimos nuestras vidas. Al principio es inquietante, porque intentas rebelarte y decir: “nunca seré como ellos”. Pero un día te miras al espejo y ves a tu padre devolviéndote la mirada. Entenderás que alguien con un historial como el mío tenga dudas a la hora de formar una familia. Incluso sin los aspectos más trágicos, es todo una mierda, y si a eso le sumas las tragedias [su padre falleció a los cincuenta y dos, su hermana se suicidó dos años antes de que su madre muriera de cáncer y su prima iba en el avión que se estrelló contra el Pentágono], no me apetece para nada. Sin embargo, siempre me ha atraído la idea, y esa es una de las cosas que me ha llevado a ser capaz de perdonar a mi padre por sus carencias. No importa lo mucho que intentes rebelarte contra tus padres, genéticamente eres ellos en muchos aspectos. Y cuanto mayor te haces, más te identificas con ellos, en mi caso desde luego.
¿Cómo es volver a la música después de haber escrito un libro?
Me gusta hacer cosas, lo que se me hace duro es mostrarlas luego. Me resulta muy desagradable. Una de mis ideas es hacer discos y no publicarlos. Me lo paso en grande haciéndolos, pero a partir del día en que los terminas te pasas meses jodido.
¿Te refieres a tener que hacer prensa y giras?
En parte. Me gusta estar en casa. Irónicamente, me gusta la rutina, a pesar de que artísticamente no me gusta. Pero la necesito para poder soltarme las alas como músico. Pero es más que eso. Sacar tus proyectos al mundo hace que te sientas vulnerable. Cuando acabé Blinking Lights me sentí como si me hubiera arrinconado a mí mismo. Era el tipo de disco que haces al final de tu carrera. Aprendí una lección con el primer disco de Eels. Para nosotros fue un éxito comercial bastante grande. Tuvimos un vídeo en MTV en el que salíamos volando, y cantidad de gente compró el disco. Pero yo odié toda la experiencia. Me demostró que no quería formar parte de aquel mundo. Para el siguiente disco, Electro-Shock Blues, se me ocurrió una idea loca para el momento, que fue componer canciones que hablaran de tragedia y depresión. Todo el mundo que trabajaba conmigo me aconsejó que no lo hiciera. Ahora considero que, para mí, seguir trabajando en esto ya es un éxito.

E junto a su inseparable puro

Para saber más sobre Eels, visita su página web.
Para seguir oyendo más, pásate por su canal en YouTube o visita este especial de MySpace con versiones en directo, entrevistas y un EP gratuito.
Para ver el documental Parallel Worlds, Parallel Lives (que, de verdad, merece muchísimo la pena), puedes rebuscar por YouTube o seguir algún torrente. Información adicional, aquí.
Y ya que estamos, para acabar de buen rollo, qué mejor que otro tema vigoroso y optimista de Hombre Lobo: “Prizefighter”.

EntrevistasLibrosMúsica , 9 comentarios

Jueves 6 de agosto de 2009

En memoria de Harry Patch

El pasado 25 de julio fallecía, a los 111 años, Harry Patch, el último veterano de la Primera Guerra Mundial. Hace un par de días, Iñigo Sáenz de Ugarte escribía un incisivo texto al respecto en Guerra Eterna, reflexionando sobre cómo los gobiernos aprovechan ocasiones como ésta y la existencia de personas como Patch para ensalzar el heroísmo y el sacrificio del individuo, obviando y minimizando la sangría a la que someten al colectivo e incluso las opiniones de los propios soldados (Harry Patch fue en sus últimos años un activo portavoz en contra de la guerra). Ayer, en homenaje al longevo veterano, el grupo Radiohead presentó un nuevo tema titulado “Harry Patch (In Memory Of)”, descargable desde su página web a cambio de una libra (todo lo recaudado será donado a los fondos de la British Legion, una organización benéfica que se encarga precisamente de atender a veteranos). En su comunicado de ayer, Thom Yorke, vocalista del grupo, recordaba: «Hace un par de años escuché una entrevista muy emotiva con él en el programa Today de Radio4. El modo en el que hablaba sobre la guerra dejó una profunda huella en mí. Se convirtió en la inspiración para un tema que grabamos apenas un par de semanas antes de su muerte. Se grabó en directo en una abadía. Los arreglos de cuerdas fueron realizados por Jonny. Espero que la canción haga justicia a su memoria como el último superviviente. Sería muy fácil para nuestra generación olvidar el verdadero horror de la guerra, sin individuos como Harry para recordárnoslo. Espero que no lo olvidemos. Como el mismo Harry decía: “Al margen de los uniformes que vestíamos, todos éramos víctimas”».

Thom Yorke y Jonny Greenwood (de espaldas) grabando “Harry Patch (In Memory Of)”.

Todo lo cual me recuerda que, a la vuelta del verano, se publicará el sexto volumen ya de la colección en la que Titan Books está recuperando el Charley’s War de Pat Mills y Joe Colquhoun, uno de los mejores y más rabiosos tebeos bélicos que he leído nunca, ambientado precisamente en la guerra de las trincheras. Todavía recuerdo perfectamente lo impresionado que me dejaron los episodios que pude leer en los dos primeros números de Guerras de ayer, hoy y mañana, de MC Ediciones, allá por 1987 (ignoro si salieron más números, pero si fue así yo nunca los encontré), y lo brutales que resultaban (que todavía resultan releídas hoy) historias como la del fusilamiento del teniente de Charley por un falso cargo de cobardía (ejecución encargada además, con inusitada crueldad, a sus propios subordinados) o aquella en la que a los soldados se les castiga atándolos durante días a las ruedas de un cañón. En aquel entonces, con doce años, era la primera vez que encontraba un retrato tan brutal e inmisericorde de la guerra. Ahora que han pasado más de dos décadas desde entonces, puedo decir que sigo sin haber encontrado dentro del medio demasiados ejemplos que lleguen a la altura de Charley’s War (y los que se le intentan acercar, como el reciente Battlefields de Garth Ennis, tienen una deuda evidente con su predecesora), por lo que cada vez que sale un nuevo tomo de esta reedición me lanzó a por él sin pensarlo dos veces.

Charley’s War.

Y así, en memoria de Harry Patch y de tantos otros como él, termino con esta breve declaración extraída de una extensa e interesante entrevista con Pat Mills aparecida en esta página dedicada a su imprescindible tebeo: «Considero que las fuerzas asesinas que enviaron a toda una generación a su muerte entre 1914 y 1918 no se desvanecieron simplemente, sino que únicamente pasaron a operar de una manera más sofisticada y encubierta. Mucho mejor a la hora de suprimir información. Y la tecnología moderna ya no requiere el sacrificio masivo de nuestros soldados, a pesar de que las mismas fuerzas siguen teniendo la potestad de masacrar iraquíes y serbios sin queja alguna. Mi intento deliberado por hacer que el lector se identifique con todos los bandos del conflicto en Charley’s War, de que vea los puntos de vista del otro, (en este caso los alemanes y los franceses) es consecuencia de este tema. La guerra puede darle un gran empujón a la economía del lado vencedor, y estoy convencido de que ése es el motivo de que Estados Unidos vaya regularmente a la guerra. De modo que si hay una agenda al servicio del interés económico de la riqueza, ¿por qué deberían los jóvenes de clase obrera morir por ella? La tragedia de la carne de cañón no acabó en 1918, sólo pasó a ser más… sofisticada».

CómicMúsica , , 4 comentarios

Puedes ser lo que quieras. Lo único que tienes que hacer es salir ahí y convertirte en ello.
Bronco Billy
Popsy